IMPRIMIR TEXTO

TRISTE BALADA DE UNA ANCIANA SOLITARIA
de CÉSAR DAVID SALAZAR JIMÉNEZ


Ejercicio (no adaptado) creado a partir de la película Great Expectatcions
(Versión Libre de la Novela Great Expectations)

Estrenada en Pereira, el 19 de mayo de 2005 en el marco de la Semana Escénica Telaraña Teatral

“La desdicha es múltiple. La desgracia, sobre la tierra, multiforme. Desplegada en el vasto horizonte como el arco iris, sus matices son tan varios como los de éste arco y también tan distintos y tan íntimamente entreverados. ¡Desplegada en el vasto horizonte como el arco iris! ¿Cómo he podido derivar de la belleza un tipo de fealdad? ¿Y cómo de la alianza de paz, un símil dolor? Pero así como en la ética el mal es una consecuencia del bien, así, de hecho, de la alegría nace la pena. O el recuerdo de la felicidad pasada engendra la angustia de hoy, o las agonías que son, tienen su origen en los éxtasis que pudieron haber sido”
Edgar Allan Poe (Berenice)


“¿Después?... ¿Qué importa del después? Toda mi vida es el ayer que se detiene en el pasado; eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado, como un pájaro sin luz”
V. Expósito / H. Expósito (Naranjo en Flor)

PERSONAJES:
Marcos
Boris
La Anciana
Hombrecito

(En el centro del escenario, en el piso, hay una bandeja con una cafetera, un recipiente con azúcar con una cucharita dentro, seis tazas y una caja con LPs de acetato. Alrededor de la mesita, hay tres sillas significativamente separadas una de otra. Boris está sentado en la silla a la izquierda, y El Hombrecito a la derecha. El Hombrecito, lleva puestos unos lentes oscuros y un bastón en la mano; dándole la espalda a Boris, tiene la cabeza en dirección hacia el infinito, es decir, tiene la mirada perdida)

BORIS. Acabo de matar a un hombre
HOMBRECITO. (Alterado) ¿Cómo dice?
BORIS. ¿Disculpe me habla a mí?
HOMBRECITO. ¿Ha dicho que mató a un hombre?
BORIS. Me temo que no sé de qué está hablando
HOMBRECITO. Usted… usted es un asesino, acaba de confesarlo
BORIS. Pero si yo no he dicho nada… me parece que está confundido
HOMBRECITO. (Reflexiona un rato. Luego, tranquilo) Ah, pues debí haberlo imaginado, ¿no?
BORIS. Seguramente
HOMBRECITO. En ese caso, por favor, discúlpeme
BORIS. No hay problema… le puede suceder a cualquiera (El Hombrecito le da la espalda. Después de una pausa prolongada) En realidad… no estoy totalmente seguro de que haya sido un hombre, sólo logré verlo desde lejos, ¿sabe?... le arrojé una piedra en la cabeza y cayó inconsciente…
HOMBRECITO. (Alterado de nuevo) Ahora sí estoy seguro de que ha dicho algo, y lo que ha dicho es que mató a un hombre con una pedrada en la cabeza…
BORIS. Señor, señor, cálmese por favor… escúcheme, yo no he dicho una sola palabra
HOMBRECITO. Pero yo acabo de oírlo decir lo que le digo que ha dicho
BORIS. Ah, entiendo, entonces por el simple hecho de usted decir que yo he dicho algo semejante debo convencerme de que, en efecto, he dicho tal cosa, ¿no es cierto?
HOMBRECITO. ¿Qué insinúa?
BORIS. No insinúo nada
HOMBRECITO. ¿Por qué me habla con ese tono?
BORIS. Porque es el tono que amerita lo que voy a decir, lo justifica
HOMBRECITO. Pues es un tono bastante despectivo
BORIS. Como ya le dije, es el tono que amerita la expresión
HOMBRECITO. Es un tono que me hace sentir como si fuese yo un chismoso
BORIS. Usted es el que lo ha dicho, no yo
HOMBRECITO. Pero lo insinúa
BORIS. Yo no insinúo nada, yo nunca insinúo nada… verá, yo sólo hablo y digo las cosas, siempre son los demás los que se encargan de sacar conclusiones
HOMBRECITO. Conclusiones que usted comparte, supongo
BORIS. Yo no soy quién para cuestionar el poder analítico de las personas
HOMBRECITO. Qué descarado es usted, no se atreve a admitir que lo que he dicho es lo que usted en realidad piensa de mí
BORIS. En ningún momento he dicho que sea usted un chismoso
HOMBRECITO. Pero tampoco lo niega
BORIS. No tengo por qué negarlo. Como ya he dicho, yo me encargo de hablar, las conclusiones son suyas
HOMBRECITO. Conclusiones que usted comparte, supongo
BORIS. Yo no soy quién para cuestionar el poder analítico de las personas
HOMBRECITO. Qué descarado es usted, no se atreve a admitir que lo que he dicho es lo que usted en realidad piensa de mí
BORIS. En ningún momento he dicho que sea usted un chismoso
HOMBRECITO. Pero tampoco lo niega
BORIS. No tengo por qué negarlo. Como ya he dicho, yo me encargo de hablar, las conclusiones son suyas
HOMBRECITO. Pero las conclusiones que uno saca son las que usted espera que saque
BORIS. Yo no espero nada, y si lo hago, lo único que espero es que si me van a acusar de algo, que por lo menos sea de algo que realmente hice…
HOMBRECITO. ¿Qué insinúa?
BORIS. No insinúo nada
HOMBRECITO. Continúa insultándome… ¿de dónde saca los bríos para decir esas cosas?
BORIS. Mire, señor… no he dicho que usted sea un chismoso, es usted el que lo ha dicho y punto
HOMBRECITO. Pero lo insinúa
BORIS. Yo no insinúo nada
HOMBRECITO. (Exaltado) ¡Ya basta, hombre! ¡Estamos dando vueltas en círculos! ¡Será mejor que se quede callado! (Silencio) Pero yo acabo de oírlo decir lo que le digo que ha dicho
BORIS. Ah, entiendo, entonces por el simple hecho de usted decir que yo he dicho algo semejante debo convencerme de que, en efecto, he dicho tal cosa, ¿no es cierto?
HOMBRECITO. (Confundido) Pues… no, no, mire… podría jurar que…
BORIS. Y yo podría jurar entonces que usted me ha dicho que acaba de violar una joven a tan sólo una cuadra de aquí…
HOMBRECITO. Pero, pero… (pausa) está bien, supongo que debo creer lo que dice, al fin y al cabo no tendría sentido que usted dijera algo y luego lo negara, ¿no es cierto? (Boris se queda callado) ¿no es cierto? (al ver que no recibe respuesta, El Hombrecito se voltea y continua esperando)

BORIS. Acabo de violar una joven a tan sólo…
HOMBRECITO. (Interrumpe) ¡Estoy seguro de que ha dicho algo! ¡Algo muy grave! Sinceramente, no creo que pueda quedarme aquí sentado, escuchándolo decir semejantes cosas y hacer como si no fuera nada (con la voz temblorosa… asustado) … es decir, lo que quiero decir, lo que estoy diciendo es que, que, que creo que tendré que hacer algo al respecto (se abalanza contra Boris) ¡Policía! ¡Ayuda! ¡Alguien, por favor, ayuda!
BORIS. (Forcejeándose con El Hombrecito) ¡Oígame! ¡Oígame! (logra zafarse de El Hombrecito) ¿Qué le pasa? ¿Se ha vuelto loco?
HOMBRECITO. ¡Mire, usted no va a jugar más conmigo, yo sé lo que he oído! ¡Ahora tendrá que vérselas conmigo!
BORIS. No sé qué está insinuando
HOMBRECITO. ¡Sabe muy bien que no insinúo nada!
BORIS. Le sugiero que se calme… señor Marcos
HOMBRECITO. ¡YA LE DIJE QUE NO ME LLAMO MARCOS…y no me calmo nada!
BORIS. Yo no sé de qué carajo está hablando, por si no ha podido darse cuenta llevo puestos unos audífonos, he estado escuchando música todo éste tiempo y usted no ha hecho más que interrumpirme…
HOMBRECITO. (Silencio) ¿En serio?
BORIS. En serio
HOMBRECITO. Bueno, pues… si no se ha podido dar cuenta, soy ciego… es por eso no me he podido fijar en sus audífonos…
BORIS. (Murmurando) Ciego, y sordo también…
HOMBRECITO. Lo escuché perfectamente…
BORIS. Entonces, si no está sordo, estará loco, porque yo no he dicho nada en todo el rato que he estado aquí, y sólo para que lo sepa, llevo muchísimo tiempo acá sentado
HOMBRECITO. (Silencio. Rompe en llanto) Soy un ciego miserable, nadie se preocupa de ver por mí… he tenido que afrontar muchos problemas solo, ¡solo!, completamente solo y… y, paradójicamente, soy yo el único que ve eso… es que, algunas veces, recurro al alcohol para ahogar mis penas, ¿sabe?...
BORIS. Lo que dice es que está borracho, ¿eso es lo que dice?
HOMBRECITO. No, señor, yo no estoy borracho
BORIS. ¿Ah, no?
HOMBRECITO. Bueno, sí, tal vez un poquito…
BORIS. Creo que eso aclara el por qué usted ha estado imaginando que escucha cosas que jamás se dicen
HOMBRECITO. (Después de un silencio prolongado) ¿Está escuchando? ¿Oiga? ¿Tiene los audífonos puestos? (Boris no responde) parece que sí… bueno, pues aprovecho que no me escucha para hacerle una confesión… he llegado a convencerme de que escucho cosas que realmente nunca se dicen… ¿sabe? Nunca me había pasado, pero estoy seguro de que oigo cosas que nadie oye, aunque en realidad ni yo mismo las haya oído porque, en efecto, nunca fueron, ni siquiera en mi cabeza… es decir, esto parecerá confuso, pero ha sido usted quien me ha hecho caer en cuenta de que es probable que no esté tan cuerdo como pensaba aunque, al mismo tiempo, no sea capaz de poner en duda el hecho de que estoy perfectamente bien… es extraño, pero de una u otra forma siento que usted y yo tenemos ambos la razón, aunque los dos estemos diciendo cosas absolutamente diferentes… estando claras las cosas, y estando seguro de no haber oído lo que seguramente si oí salir de su boca, pero que usted insiste no salió, déjeme comentarle… hace un rato escuché una joven gritar… y luego sonó un disparo… quién sabe que habrá pasado… es bastante raro… ¿oiga? ¿me escucha? (Boris no responde. El Hombrecito suspira como con alivio) Bien… bien…
BORIS. ¿Sabe? He estado pensando… ¿no cree usted que es posible que esté sufriendo de algún trastorno mental? Tal vez algún tipo de esquizofrenia producida por el hecho de no poder ver, tal vez un delirio de persecución…
HOMBRECITO. Sabe que es muy posible… sí, lo más seguro es que sea eso lo que sucede… nunca me había pasado antes, pero es posible que apenas esté empezando a suceder…
BORIS. Me alegra saber que ya no duda más de mí…
HOMBRECITO. A mi también, siento que ahora estoy mucho más seguro, es que uno no sabe lo que le pueda pasar a un pobre ciego un poco pasado de tragos a estas horas de la noche, debe ser por eso que estoy tan nervioso… talvez… tal vez es esa la razón por la que escuchó cosas que no se dan en realidad, sí, tal vez estoy muy nervioso
BORIS. Es otra posibilidad, en cualquiera de los casos es responsabilidad suya, no mía (El Hombrecito asiente con la cabeza, le da la espalda a Boris. Silencio prolongado) Creí que lo había dejado inconsciente con la pedrada, y que podría correr sin que la joven me pudiese reconocer…
HOMBRECITO. (Interrumpe) ¿Lo ve? Está sucediendo de nuevo…
BORIS. … pero el tipo, se levantó, y antes de que se pudiera acercar…
HOMBRECITO. (Interrumpe)… estoy escuchando que me habla pero usted realmente no lo hace…
BORIS. … logré dispararle en la cabeza y se desplomó de inmediato…
HOMBRECITO. (Ríe) … jeje, escucho cosas espantosas, uf, gracias a Dios no son ciertas… ¿sabe?...

BORIS. … entonces eché a correr…
HOMBRECITO. … el que usted me haya hecho caer en cuenta de mi problema…
BORIS. … la joven quedó tirada en el pasto llorando…
HOMBRECITO. … me hace sentir mucho más tranquilo…
BORIS. … creo que no me reconoció…
HOMBRECITO. … más seguro…
BORIS. … de todas formas estaba muy oscuro…
HOMBRECITO. … al fin y al cabo, es responsabilidad mía, ¿no? (empieza a reír a carcajadas)
BORIS. … pero ahora le he contado todo esto a usted (El Hombrecito no para de reír. Está de espaldas a Boris, que saca un arma de su saco y apunta a la cabeza de El Hombrecito) y me temo que tendré que matarlo

(Silencio. Las luces se apagan y, al encenderse, La Anciana está sentada en la silla del centro. El escenario ha quedado vacío. Se escucha la musiquita de “Bésame Mucho”)

ANCIANA. Hasta donde puedo recordar, soy una anciana que recuerda. Recuerdos. Dicen que la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla. Y si yo pudiese recordar todo eso que en realidad deseo, sería seguramente menos infeliz y desdichada, porque simplemente no tendría memoria alguna. Recuerdos tan vanos, vacíos e intangibles y, sin embargo, tan relevantes y trascendentales, que hacen una vida larga aún más larga, y a una mujer vieja aún más vieja. Aquellos recuerdos tristes me deprimen y los mejores recuerdos de mi vida me atormentan mucho más. Recuerdo una mala vida y una miseria tormentosa. Recuerdo la tristeza y la ira contra el mundo, contra todo lo que se moviese y viviese, y contra todo lo que no. Recuerdo las ansias de morir y de dar mi piel podrida a los gusanos, podrida ya desde que estaba en vida, acabada y maltratada por los dientes y las uñas de los hombres que me abrían las piernas y me destrozaban por dentro. Recuerdo ver mi piel estirarse y contraerse una y otra vez por las cabezas de niños que nunca vi crecer porque nunca los dejé, porque todos estaban muertos cuando eran apenas prospectos de hombres, y recuerdo amarlos a todos ellos, amarlos tanto como para privarles de sufrir todo lo que yo llegué a sufrir. ¡Quiero mi muerte de vuelta! ¡Quiero volver a no haber existido nunca! ¡Deseo ser otra vez ese no ser que era yo antes de nacer! ¡Recuerdos estúpidos, malditos, malditos recuerdos! … Recuerdo haber estado en muchos lugares, en muchas camas y con muchos hombres, y sin embargo presiento haber estado aquí desde siempre. He oído decir que uno no hace sino ver el tiempo pasar. Si en realidad yo lograse verlo pasar me atravesaría en su camino para cortar su trayecto. Pero no lo veo, no lo veo y no creo estar ciega porque veo niños crecer y llegar a viejos y, finalmente, morir solos, absolutamente solos… Recuero ver la puerta de la casa en la que crecí desde fuera, verla cerrada y saber que sólo se abría desde adentro.

(Se apagan las luces. Al encenderse de nuevo el escenario está vacío)

MARCOS. (Entra con una caja de pizza en la mano y una camiseta de una pizzería y, en su pecho, lleva escrito Manuel) Eh… buenas tardes… ¿hola?... buenas tardes, señor… ah… señora… ¿alguien ordenó una pizza?
BORIS. (Fue entrando sigilosa y silenciosamente y se situó detrás de Marcos) Buenas tardes, señor Marcos, lo estaba esperando. Siga por favor, (dice mientras se va sentando) adelante, tome asiento…
MARCOS. No, gracias, estoy muy bien así…
BORIS. Señor Marcos, ha recorrido un largo camino para llegar aquí, debe estar cansado… adelante, siéntese
MARCOS. No, no señor, muchas gracias… no estoy cansado, de ninguna manera, estoy perfectamente bien…
BORIS. (Interrumpe) Señor…. Marcos… es de vital importancia que se siente, estoy seguro de que usted no querrá importunarme… créame, no le gustaría verme ofuscado por su descortesía…
MARCOS. (Guarda silencio un momento, sin moverse de donde está) No, señor… le pido el favor de que no se sienta mal, no es mi intención serle descortés, es simplemente que no tengo la necesidad de sentarme…
BORIS. (Interrumpe de nuevo) Señor… Marcos… si no se decide en sentarse… me temo mucho que tendré que obligarle a hacerlo, y le aseguro… mi querido Marcos… que no querrá usted que le obligue a sentarse… estoy convencido de que no le gustará que le obligue a nada… (Marcos, nervioso, decide tomar asiento) Así está mucho mejor. Ahora, vamos a ver, le serviré un poco de café… (Se para y agarra dos de las tazas que hay en el escenario. Marcos hace como si fuese a corregir a Boris, quien lo interrumpe inmediatamente) Ya sé lo que va a decir… dirá que usted no toma café, que le gustaría un poco de té en su lugar… pero… señor Marcos… deberá acostumbrarse al café, porque es lo único que le serviré… ¿entendido? (Marcos, un poco ofuscado, intenta de nuevo corregir a Boris, quien, una vez más, se adelanta a sus palabras, al mismo tiempo que va sirviendo café en cada una de las dos tazas) Así está mucho mejor, las cosas aquí no serán como usted las disponga, mi querido amigo…
MARCOS. (Guardan silencio los dos personajes por un largo rato. Boris toma serenamente el café, pero Marcos no se atreve siquiera a mirarlo, al café o a Boris, mantiene con la mirada perdida. Luego de un largo silencio, Marcos dice) Debo decir que estoy un poco confundido…
BORIS. ¿Qué quiere decir con eso, señor?
MARCOS. Nada, no quiero decir nada con eso, digo simplemente las cosas como son. El hecho de decir algo no quiere decir siempre que yo quiera decir algo con eso que digo, debe dejar de ser tan prevenido, señor mío. Si digo que estoy confundido, no quiere decir en ningún momento que yo, diciendo esto, quiera decir algo más que lo que es obvio y… por si no está claro… lo que es obvio es que estoy confundido…
BORIS. (Interrumpe) Le recomendaría que se calmara un poco… señor, si está confundido o no, ese no es mi problema, y no es mi función despejarle las dudas que puedan surgir en su cabeza, entiéndalo bien… (Diciendo esto, en ningún momento mira a Marcos. Toma un sorbo de café y dice lo siguiente) No ha probado su café, y no me parece bien que me lo haya hecho servir si no se lo iba a tomar, tiene que aprender a controlar sus antojos, querido señor Marcos, ahora, si yo fuera usted, me tomaría ese maldito café de una vez por todas... disculpe, me he exaltado un poco. (Marcos, muy nervioso, agarra el café y empieza a tomárselo) ¿Qué le parece?, es un buen café, ¿no es cierto?

(Por un extremo del escenario, aparece La Anciana cantando ‘Bésame Mucho’ con una voz disonante y melancólica, que se escucha mucho antes de que entre al escenario. Se sienta en la silla del medio. Boris, sin siquiera turbarse un poco, toma calmado su café. Marcos, en cambio, aprecia atónito el trayecto pomposo de La Anciana que, al sentarse hablara a Boris sin dirigirse a él, es decir, sin mirarlo o hablar hacia esa dirección, preferiblemente hablará al frente)

ANCIANA. Esta mañana me encontré con un hecho impresionante, Boris… Boris… ¿Estás ahí, Boris? ¿me escuchas?
BORIS. Aquí estoy
ANCIANA. ¡Ya sé que estás ahí, imbécil! ¡No soy ciega! ¿Por qué no contestas cuando te hablo?
BORIS. No necesito hacerlo, usted no es ciega… usted ya sabe que estoy ahí
ANCIANA. ¡Ese no es el punto. Boris!
BORIS. ¿Cuál es entonces?
ANCIANA. ¿Ah?
BORIS. ¿Cuál es?
ANCIANA. ¿Cuál es qué?
BORIS. El punto
ANCIANA. El punto es que deberías responder si te pido que respondas, aún si yo estoy consciente de que tú estás ahí…
BORIS. (Interrumpe) Ése… ése no es el punto al que me refiero. Usted estaba hablando acerca de otra cosa…
ANCIANA. ¿De qué cosa?
MARCOS. (Se aclara la garganta) Acerca de un hecho impresionante con el que se encontró esta mañana…
ANCIANA. ¡Sí, es cierto, ya lo recuerdo! (Guarda silencio, con la mirada perdida, como tratando de recordar, buscando las palabras que quiere decir. Mientras tanto, los tres personajes sorben su café sincronizadamente) … sí, decía que esta mañana, cuando me levanté de la cama me encontré con un hecho impresionante, que me dejó sin aliento, y que causó el retrasó de mi salida… (Bebe su café) Decía que me levanté de la cama e inmediatamente me dirigí al espejo grande que hay en la pared de mi cuarto. La noche anterior había sido una noche calurosa, como ninguna en muchos años y… no estando acostumbrada a eso, decidí quitarme la ropa y dormir desnuda… cosa que, debo admitirlo, he encontrado bastante gratificante para mi cuerpo, el hecho de encontrarme sola, en medio de la noche y mi desnudez, y sentir las sábanas acariciar mi cuerpo viejo y cansado como el mejor de los amantes, me han dado la sensación de no estar muerta todavía, de poder aún excitarme con las caricias dulces y tiernas en todo mi cuerpo…
BORIS. (Interrumpe) Se está desviando del tema…
ANCIANA. Me levante de la cama y miré mi reflejo en el espejo grande que hay en la pared de mi cuarto y… (Toma un sorbo largo de café) … y me di cuenta de que cada día, mis senos se caen más y más… ¡Tengo las tetas viejas recostadas en mi vientre, arrugadas y cansadas! ¡Tengo las tetas viejas recostadas en mi vientre, arrugadas y cansadas! ¡Tengo las tetas viejas recostadas en mi vientre, arrugadas y cansadas! ¡Tengo las tetas…

(La Anciana se para y se dirige hacia la mesita, agarra uno de los LPs de acetato y sale del escenario. Comienza a escucharse una reproducción de “Bésame Mucho”, al tiempo que La Anciana entra de nuevo y se sienta en la misma silla)

ANCIANA. Boris… Boris, ¿me escuchas?
BORIS. Ya sabe que sí la escucho, ¿por qué pregunta?
ANCIANA. Boris… dime, Boris… ¿quién es este señor que hay aquí a mi lado?... adelante, Boris, dime quién es, por favor… necesito saber quién es éste caballero
BORIS. (Sin desviar su mirada a ninguno de los otros personajes) Es el señor Marcos, que ha venido a visitarnos
ANCIANA. ¿A… visitarnos?
BORIS. Así es… a visitarnos
ANCIANA. Supongo que no nos conocemos (Sin mirarlo, estira el brazo enclenque a Marcos, que estrecha su mano con miedo de quebrarla) … mucho gusto…
MARCOS. ¿Cómo ha estado, señora?
ANCIANA. Me temo que bien, desgraciadamente, gracias por preguntar
BORIS. (Marcos hace como si fuese a preguntarle algo a La Anciana, pero Boris interrumpo antes de que emita algún sonido) Como podrá ver, señor Marcos, la señora que tiene a su lado es un poco exagerada, mantiene obsesionada con el tiempo, y permanece afligida por su buena salud… (Marcos, como en ocasiones anteriores, intenta decirle algo a Boris, pero, obviamente, éste le interrumpe) ¡Sí, señor Marcos, ya sé lo que va a decir, qué es irónico, paradójico, raro, extraño, extravagante, chocante, incomprensible, incompatible e incongruente que una mujer tan vieja se queje de estar sana! ¡Estoy totalmente de acuerdo!
ANCIANA. ¡Boris, quédate callado, por favor! ¡No seas impertinente!
BORIS. Así es, querido Marcos, la vieja que tiene a su lado se queja y se aflige cuando ve el reflejo de su caído en el espejo grande que hay en la pared de su cuarto, pero cuando agarra un resfriado se pone feliz y sale a correr con la ropa mojada en la mitad de la noche para contagiarse de algo más grave…
ANCIANA. ¡Es suficiente, Boris! Recuerda que tenemos visita, debes comportarte
BORIS. El señor Marcos es un viejo amigo mío, estoy seguro de que no le importa que yo me exprese de esta manera… ¿no es cierto, Marcos?
MARCOS. Pues… debo decir que en éste punto de la conversación, no estoy seguro de nada, entonces he de suponer que lo que usted dice es cierto…
BORIS. (Interrumpe) ¡Ya lo ha oído! ¡El señor Marcos y yo somos viejos amigos!
ANCIANA. ¡Suficiente, Boris! No seguiré permitiendo este comportamiento en mi casa. Si no me gusta estar vieja, acabada e infértil ese es mi problema, y no voy a permitir que se me siga cuestionando de esta manera. Cuando era joven, podía parir hijos como si fuesen pedos, y ahora simplemente tengo un sexo destrozado y un útero melancólico y nostálgico, vacío para siempre…

(La Anciana se para de nuevo y se dirige hacia la mesita, agarra otro disco y sale del escenario. Esta vez se escucha una versión diferente de “Bésame Mucho”. La Anciana entra de nuevo al escenario y se sienta)

ANCIANA. Señor… Marcos… qué agradable sorpresa, veo que nos visita de nuevo… bienvenido (Se para de la silla, se dirige a proscenio, y prepara dos cafés) Se le antoja un poco de café…
MARCOS. En realidad…
BORIS. (Interrumpe) No es un pregunta, señor Marcos…
ANCIANA. Silencio, Boris… entonces sí se le antoja un poco de café, ¿no? (Entrega un café a Marcos, que se muestra resignado, aún con la otra taza en su mano) y… dígame, ¿qué lo trae de nuevo por acá?
MARCOS. En realidad, señora, no estoy muy seguro de haberme ido todavía, desde la primera vez que vine…
ANCIANA. (Interrumpe, junto con Boris, con una carcajada) Pero qué sentido del humor más mordaz tiene usted, señor Marcos
MARCOS. No señora, hablo muy en serio… no estoy seguro de haberme ido nunca y, lo que es peor aún, temo que no sé ni siquiera por qué estoy aquí
ANCIANA. (Silencio corto) Así que no lo sabe…
BORIS. No, no lo sabe
ANCIANA. Entonces lo ignora
BORIS. (Asiente con la cabeza) Lo ignora
ANCIANA. Eso quiere decir que no lo sabe
BORIS. Es suficiente, señora… no creo que debamos decírselo tampoco
MARCOS. ¿Decirme qué?
BORIS. ¡Silencio!
ANCIANA. ¡Silencio! (Corto silencio) Pero él debe saberlo…
BORIS. No lo considero prudente
MARCOS. (Interrumpe) ¡Suficiente! Escúchenme, quiero que me digan por qué estoy aquí, por favor…
BORIS. ¿Acaso no lo recuerda, señor Marcos?
MARCOS. ¿No recuerdo qué?
ANCIANA. Usted vino a visitarnos
MARCOS. ¿A visitarlos? Ni siquiera los conozco
BORIS. Por supuesto que nos conoce
ANCIANA. Por supuesto que nos conoce
MARCOS. No es cierto
BORIS. ANCIANA. ¡Sí lo es! ¡Sí lo es! (Marcos se asusta. Corto silencio. Los dos se calman)… Está bien, no es cierto
BORIS. Señor Marcos, la respuesta a su pregunta es muy sencilla
ANCIANA. La razón que nos pide que le demos es muy simple: usted está aquí por su voluntad
MARCOS. ¿La de quién?
BORIS. ANCIANA. La suya
MARCOS. Me temo no entender… ¿De quién estamos hablando?
ANCIANA. ¡De usted, señor Marcos, de usted! ¡Usted está aquí por su propia voluntad! ¡Por la suya propia!
MARCOS. No puede ser… ¡Es imposible!
ANCIANA. ¡Pero qué terco es usted, hombre! Entienda que usted no es diferente a ninguno de nosotros, sus razones no son distintas a las nuestras… usted como todos nosotros está aquí por su propia voluntad… (Marcos va a decir algo, ella se adelanta) Sí, señor, ya sé lo que va a decir: que si dependiese de usted, no estaría aquí, que si fuese verdad que aquí se está por voluntad propia, entonces seguramente usted habría decidido no venir, pero lastimosamente su voluntad no siempre obedece a su razonamiento y es simplemente voluntad por ella misma y, aún así será siempre suya, su voluntad, su voluntad, ¡Su voluntad!
BORIS. Ya lo escuchó, señor… La voluntad tiene voluntad propia

(De repente, Marcos arroja la pizza al piso y empieza a decir algo que no se escucha, empieza a ofuscarse. De pronto se para y, molesto, empieza a exclamar cosas y a mover los brazos. Boris va sacando una escopeta de detrás de su asiento y se dirige a proscenio. Mientras esto sucede, La Anciana se une a Boris, y saca también de su asiento una escopeta. Marcos sigue agitano los brazos y exclamando cosas inteligibles y mudas. De repente, decide irse y se dirige al extremo desde el que entró. En determinado momento, Boris y La Anciana disparan y Marcos cae al suelo. Las luces se apagan por completo y el cuerpo de Marcos desaparece. Al encenderse las luces, La Anciana y Boris están parados en la misma posición, en el proscenio)


ANCIANA. No
BORIS. Sí
ANCIANA. No
BORIS. Sí
ANCIANA. Te digo que no
BORIS. Le repito que sí
ANCIANA. No pude…
BORIS. Sí que pudo…
ANCIANA. No es posible
BORIS. No es imposible tampoco
ANCIANA. ¿Yo?
BORIS. ¿Quién más?
ANCIANA. ¿Tú?
BORIS. ¿Yo?
ANCIANA. ¿Quién más?
BORIS. ¿Usted?
ANCIANA. ¿Yo?
BORIS. ¿Quién más?
ANCIANA. BORIS. (Se miran el uno al otro al mismo tiempo) ¿Yo? ¡Imposible!
ANCIANA. ¡Te digo que no es posible!
BORIS. ¡Y yo le repito a usted que no es posible! Comprenderá que usted ya tiene un pasado señora, es fácil pensar que usted es responsable también en esta ocasión (Se dirige a servirse un café y, al terminar, se sienta en la misma silla en la que estaba sentado antes)
ANCIANA. Cállate, Boris. Deja de andar pensando en voz alta, no sea que alguien te escuche y piense que lo que dices es cierto
BORIS. Ambos sabemos que lo es
ANCIANA. ¿Que qué es qué?
BORIS. Ambos, usted y yo, sabemos que lo que digo es cierto, señora
ANCIANA. ¿Te refieres al pasado?
BORIS. Me refiero a su pasado, el pasado que usted niega, señora
ANCIANA. He dicho que te calles. No haces más que decir idioteces. No sé de qué pasado me hablas si yo no tengo ninguno, siempre he sido igual de vieja y siempre he vivido en el mismo lugar, en este mismo lugar en el que tú has vivido siempre desde que tienes memoria, Boris. Deja ya de evocar el tiempo inexistente, absolutamente intangible, que nadie más que uno mismo puede argumentar lo que alguna vez fue… ¿Queda más café?
BORIS. Siempre queda más café, usted lo sabe bien. Siempre, por más que tomemos y tomemos va haber más café, en todo momento llegaremos aquí y veremos esa bandeja con la cafetera llena, invariablemente llena de ese café perenne que nunca, nunca acaba… No sé en realidad por qué me pregunta si queda más café, si usted más que nadie sabe que el café aquí nunca se acaba.
ANCIANA. Quédate tranquilo, Boris, yo misma me serviré el café… mierda, no tienes que hacer tanto alboroto por todo, querido, si no quieres servirme un poco de café puedes decirlo, yo con mucho gusto me lo sirvo sola. Puede que esté vieja, pero todavía soy capaz de servirme una maldita taza de café (La Anciana recoge una taza y se sirve un poco de café, luego se sienta de nuevo en la silla en la que estaba. Un silencio largo, mientras los dos beben café despacio)
BORIS. ¿Qué piensa hacer al respecto?
ANCIANA. ¿Respecto a qué?
BORIS. Usted sabe…
ANCIANA. No, Boris, no sé de qué hablas, dime a qué te refieres
BORIS. Deje de hacer eso, señora, usted sabe muy bien a qué me refiero…
ANCIANA. Supongo que hablas del señor Marcos, ¿no es cierto?
BORIS. ¡No! ¡No hablo del señor Marcos!

(Mientras Boris va sacando una escopeta de detrás de su asiento y se dirige a proscenio. Mientras esto sucede, La Anciana saca también de su asiento una escopeta. En determinado momento, Boris y La Anciana disparan. Las luces se apagan por completo. Al encenderse las luces, La Anciana y Boris están en proscenio)

BORIS. ¡No! ¡No hablo del señor Marcos!
ANCIANA. ¿Ah, no?
BORIS. ¡No! … no del todo… está bien, sí, en parte… ¡No! ¡No me refiero en lo absoluto al señor Marcos!... no exactamente…
ANCIANA. Adelante, Boris, organiza tus ideas, muchacho…
BORIS. Mis ideas están en perfecto orden, señora… es sólo que el orden que se supone que tengan es tan confuso que se hacen ver desordenadas
ANCIANA. Es suficiente, Boris, estás muy extraño
BORIS. ¡No me salga con eso ahora! Dígame qué piensa hacer
ANCIANA. No pienso hacer absolutamente nada. Tengo la conciencia limpia
BORIS. ¿Cómo puede tener la conciencia limpia cuando sus manos mantienen tan ocupadas?
ANCIANA. ¡He dicho que dejes de pensar en voz alta! ¡Deja de pensar en voz alta! (toma un sorbo. Pausa) Lo amaba, ¿sabes?... lo amaba…
BORIS. Ja… por supuesto que no
ANCIANA. ¡Que sí! ¡Que sí! ¡Lo amaba! Desde el momento en que entró por la puerta, lo amé. Carajo, si tan solo supiese exactamente qué es el amor sabría que no me equivoco, y sin embargo estoy segura de que estoy en lo correcto. Lo amé desde que me vio, y yo, ciega, lo miraba de reojo para que no se sintiese incómodo. Siempre lo miré, le miraba los ojos cuando los tenía cerrados encima de mí, llenos de lágrimas, porque lloraba, Boris, lloraba, ¿sabes?
BORIS. (En tono sarcástico, desprovisto de toda emoción) ¿Ah, lloraba? Qué interesante… cuénteme, cuénteme más…
ANCIANA. Está bien, Boris, a ti no te puedo mentir, no sé cómo pero tú siempre te las arreglas para sacarme la verdad cuando prefiero olvidarla… debo confesar que Marcos no lloraba, por más que yo quisiese, no lloraba… tan sólo sudaba… sudaba como un maldito cerdo gordo y viejo, siempre sudaba, y las enormes gotas saladas que crecían en su frente se deslizaban por sus ojos cerrados, de ceño fruncido, agitados y desvanecidos. Carajo, lo amaba, lo amaba… aunque para mí no existiese el amor, lo descubrí mientras me pudría, así que puedo decir entonces que el término lo inventé yo, lo inventé mientras cerraba sus ojos y resoplaba agitado encima de mí… ah, Marcos, tan amado y frígido, quiero soñar contigo y no me lo permito… mantengo café para permanecer despierta, para no soñar, para no soñar. Estoy despierta hace años porque sé que si duermo no soñaré absolutamente nada, porque soñar no podría ser recordar aquellos episodios ya vividos por quien los ve mientras duerme, ¿no es así, Boris?, no puede ser así, y aún si así fuese, mis sueños serían entonces horribles pesadillas… prefiero engañarme y soñar despierta con un final feliz…

(Para éste momento, La Anciana debe estar ya sentada en su silla, en la del centro. El tango suena más fuerte. La Anciana cruza las piernas y deja entrever un liguero y, de pronto, empieza a acariciarse el cuerpo y a excitarse, y Marcos a su vez se va desparramando en su silla. El tango se detiene súbitamente. Marcos se incorpora y se quita la máscara inmediatamente)

MARCOS. He tenido suficiente. Para empezar, señores, déjenme decirles que ustedes están completamente locos, que deberían salir un poco más, tomar un poco de sol y aire fresco, para que dejen ventilar un poco la cabeza y despejen todas esas ideas extrañas que me comunican sin yo mismo haberlo pedido. (De pronto se para y empieza a agitar los brazos ofuscado) Creo que debo dejar las cosas claras entre nosotros. Empezaré por decirles que ni yo me llamo Marcos ni soy amigo de éste tal Boris, mi nombre es Manuel, ¡Manuel!, y no sé exactamente que putas hago aquí, pero sí sé que me quiero largar lo antes posible. No aguantaría escuchar un minuto más todas aquellas estupideces que dicen ésta vieja loca y esta tipo raro, que me interrumpe cada que quiero decir algo y no me deja decirle que no quiero un maldito café, que en realidad preferiría un poco de agua, no un té, como él creía que yo iba a preferir. Ahora escúchenme, y escúchenme bien… ¡Manuel se larga de aquí! (se dirige al extremo desde el que entró. En determinado momento, Boris y La Anciana disparan y Marcos cae al suelo)

ANCIANA. Prefiero engañarme y soñar despierta con un final feliz, fantásticamente feliz, que no termine con un cliente muerto en el piso. (Mira a Boris por primera vez. Éste debe ser un acto significativo en la obra) Te doy 200 si ésta noche me abres las piernas y me lo haces con los ojos cerrados…
BORIS. Está bien, señora
ANCIANA. Pero debe ser con los ojos cerrados, ¿me oyes?
BORIS. Sí
ANCIANA. Y debes prometerme que vas a sudar, y que las gotas de sudor resbalarán por tu cara
BORIS. Le prometo que haré lo posible por lograr hacer lo que usted quiere que haga…
ANCIANA. (Mirando al frente, llorando) Es extraño
BORIS. ¿Qué es extraño?
ANCIANA. Es extraño que esta vez sea yo quien pague.


TELÓN
Última actualización: 25.VII.05

IMPRIMIR TEXTO