CUANDO REGRESES
A NEW YORK…
CARMEN POMBERO
PREMIO JOSÉ MARTÍN RECUERDA PARA AUTORES ANDALUCES 2003.
DELEGACIÓN DE CULTURA DE LA CONSEJERÍA DE CULTURA, DIPUTACIÓN
DE GRANADA Y CAJA GRANADA.
CON LA COLABORACIÓN DEL CENTRO ANDALUZ DE TEATRO.
PERSONAJES
MARÍA
JOSÉ
PACO
ISABEL
JAIME
PRÓLOGO
El escenario se ilumina. En un lateral, hay una mesa camilla con dos butacas.
MARÍA y JOSÉ, un matrimonio de ochenta años, comen
un limón a medias. Ella lo parte en rodajas que le da a su marido.
Él las chupa, para sacarles todo el jugo que puede. María
hace lo mismo con los gajos que se reserva para ella.
JOSÉ
Este limón está amargo.
MARÍA
Tú si que estás amargo.
JOSÉ chupetea otro gajo, pero lo escupe.
JOSÉ
María, es que has ido a coger el limón más amargo
que había en el cesto.
MARÍA
A ver, trae ese gajo que has tirado.
JOSÉ obedece y recoge del suelo el gajo. MARÍA se lo lleva
a la boca.
MARÍA
Pero si sabe igual que los míos, José. Esto no está
amargo. Está… como están los limones. Todo lo inventas
para no comértelo. Sabes que tiene muchas vitaminas. Tenemos que
tomarnos dos al día en ayunas.
JOSÉ
¿Y eso quién lo dice?
MARÍA
Mi abuela, que en paz descanse.
JOSÉ
Si a mí me parece muy bien todo lo que decía tu abuela.
Yo lo único que pienso es que esto está más amargo
que la madre que me parió, que espero que también descanse
en paz.
MARÍA
¡Qué te gusta enredarte para no comerte los limones, José!
JOSÉ empieza a mecerse y tararea una canción. Su mujer
le mira extrañada.
MARÍA
¿Qué estás cantando?
JOSÉ
Anoche no pude dormir porque tenía esta canción metida en
la cabeza y no me la podía sacar. ¿Te acuerdas?
JOSÉ tararea la canción con más fuerza y, como puede,
se levanta para dar unos pasos de baile.
MARÍA
José, que te vas a caer, por Dios. Tú ya no estás
para hacer locuras.
JOSÉ
Yo bailé contigo esta canción hace mucho tiempo, ¿verdad?
MARÍA
No, yo no he bailado esto contigo.
JOSÉ
Sí, sí que lo has hecho. Tú llevabas ese vestido
azul con unas flores… ¿blancas? Sí. Eran blancas,
¿te acuerdas?
MARÍA
¿Qué vestido? Anda, tú estás chocho. ¿No
me estarás confundiendo con otra?
JOSÉ
Y llevabas tu pelo oscuro, suelto… Sujetándote esa onda con
una horquilla roja.
MARÍA
¿Pero de qué estás hablando?
JOSÉ
¿Qué edad teníamos?
MARÍA
Pues echa las cuentas… Tú naciste en el veinte y nos hicimos
novios en el cuarenta y en el cuarenta y cinco nos casamos.
JOSÉ
No… Yo no nací en el veinte.
MARÍA
¿Cómo qué no? Si has cumplido este año los
ochenta y dos.
JOSÉ
Yo no puedo tener ochenta y dos. Esa es la edad de mi hermano…
MARÍA
José… ¿qué te pasa? Tu hermano era…
JOSÉ
Mi hermano… ¡Qué bromista es! ¿Sabes lo que
me dijo ayer?
MARÍA
Pero José…
JOSÉ
Me dijo que yo le hacía trampas al dominó. ¿Cómo?
¿Se cree que puedo ver las fichas estando del revés? ¡Ni
que yo fuese adivino!
MARÍA
José, pero si tu hermano… No has dormido nada esta noche
por culpa de ese insomnio. ¿Por qué no te acuestas un rato?
JOSÉ
¿Te imaginas que yo a la vejez tenga poderes en la mente?
MARÍA
Acuéstate un rato. Estás confundiendo las cosas. Acuéstate…
JOSÉ
Anda, anda. Trae otro gajito, verás que pronto me lo como.
MARÍA le da otro gajo a su marido. Él lo chupa y cierra
los ojos como si tratase de apreciar mejor su sabor. Tras pasar así
unos instantes, lo escupe, asustado.
JOSÉ
¿Me quieres envenenar?
MARÍA
¿Qué hablas?
JOSÉ
Me quieres envenenar, María. Esto no sabe a limón.
MARÍA
Anda, deja de decir tonterías. No te lo quieres comer, pues no
te lo comas. Allá tú.
JOSÉ
¿Por qué? ¿Por qué me haces esto? Te quieres
quedar con toda la casa, ¿verdad?
MARÍA
Anda, deja ya de jugar.
JOSÉ
No… No es la casa. Soy yo. Ya te estorbo. Soy una carga para ti.
Quieres que yo deje de ser una molestia para ser libre… Toda tu
vida dependiendo de mí y te has cansado… Ya no quieres tener
que estar pendiente de nadie…
MARÍA
Anda, José, siéntate, que te vas a caer. No te sofoques…
JOSÉ
¿Sabes qué te digo? ¡Qué me voy a vivir con
mi hermano! Estoy cansado de tus mentiras. ¡Siempre me has querido
dominar!
MARÍA
Tú hermano está muerto, José. ¡Deja de torturarme
así!
JOSÉ
¡Embustera! Me mientes para volverme loco. Yo jugué ayer
a las fichas con mi hermano Juan.
MARÍA
Tú hermano murió hace más de cuarenta años,
José.
JOSÉ
(JOSÉ ROMPE A LLORAR DESESPERADO.) ¡Embustera! ¿Por
qué me quieres hacer daño? ¡Por qué!
JOSÉ trata de abalanzarse sobre su mujer, pero en el intento,
sus débiles piernas le fallan y cae al suelo.
MARÍA
¡José! ¡Dios mío!
MARÍA se levanta y corre hacia su marido para socorrerlo.
JOSÉ
(LLORA.) María… María, me duele mucho.
El escenario queda a oscuras, fundiéndose con la canción
de Machín que JOSÉ tarareaba.
ESCENA I
El escenario se ilumina, para dejar ver lo que parece un almacén.
La canción de Machín ha terminado.
PACO entra en escena. Es el hijo de María y José. Tiene
unos cincuenta y cinco años. Es un hombre de baja estatura y algo
corpulento.
Sobre su ropa, lleva una bata de trabajo azul.
Parece un hombre triste y cansado de su propia vida. Pero en sus ojos
oscuros, que contrastan con un cabello que ha sucumbido a las canas, se
percibe un brillo que se resiste a desaparecer. Una mirada atrapada en
el anhelo de una ilusión...
PACO deposita las cajas que lleva en una de las estanterías. Mira
a su alrededor y, seguro de que nadie le ve, abre una de ellas y saca
un antiguo aparato de música. Dentro de la caja también
se encuentran unos viejos discos. Desempolva uno de ellos y lo coloca
en el aparato.
La canción de New York, New York, por Frank Sinatra y Tony Bennett,
empieza a sonar.
PACO cierra los ojos y emocionado, sonríe con los primeros acordes.
Con suavidad se mece, invadido por la nostalgia y el recuerdo.
Poco a poco, la emoción se apodera de él, y permite que
su cuerpo siga el compás de la canción.
PACO se mueve por el almacén como si de una estrella de musical
se tratara. Las cajas se convierten en sus distintas parejas de baile
y las barras de la estantería le sirven para realizar tímidas
piruetas.
Como un chiquillo, recorre el espacio dando vueltas y corretea, mientras
improvisa pasos que le vienen a la memoria.
En el momento final de la canción, PACO termina en el centro del
espacio, de rodillas con los brazos abiertos y sonríe al frente,
satisfecho.
Una risa que procede del lateral interrumpe su apoteósico final.
JAIME, el cuñado de PACO, aparece. Es apenas tres años
más joven, pero el tiempo parece haberle tratado con más
justicia. Aún conserva su atractivo y una mirada de seductor empedernido
que se he hecho más poderosa con los años. Es más
alto que su cuñado y, pese a que va vestido igual que éste,
a él el uniforme le da un aire distinguido, como si vistiese de
esmoquin.
La segunda canción del disco se ve ahogada por la incontenible
risotada de JAIME. PACO se siente ridículo e impotente, no puede
ni levantarse del suelo, en el que sigue de rodillas.
Lentamente, baja los brazos y la cabeza, humillado por la risa de su cuñado.
JAIME
¿Pero tú te crees que esto es Hollywood?
PACO se levanta del suelo. Su cuñado sigue sin poder contener la
risa.
JAIME
Sigue soñando, cuñado… Sigue soñando.
PACO apaga el tocadiscos.
JAIME
Pero créeme, Paquito. Estás en un almacén de ferretería.
Es mi almacén. Y estamos en Fuencarral… No en la Gran Manzana.
PACO
(AVERGONZADO.) Lo sé… Ya lo sé. Esto… no es
Nueva York.
JAIME
¿Querías ser una estrella de musical o de cine?
PACO
No, nada de eso… Yo sólo, recordaba…
JAIME
Recordabas… Sí, ya. Los rascacielos, las limosinas y los
taxis amarillos que iban por…
PACO
Sí… por la Quinta Avenida, hasta llegar al Central Park…
JAIME
Ese parque, sí. Pero el Retiro es mejor parque, cuñado.
Nunca has apreciado lo que había en tu ciudad. Claro, aquí
no tenemos un Broadway… Cuéntame cosas de allí, que
me gusta oírte.
PACO
Sí… bueno… Yo… Había muchas luces de colores.
Parpadeaban… parecía que no querían dormir por las
noches…
JAIME
¡Pero si nos ha salido poeta! Paquito, esto es el mundo real, déjate
de retórica… (DECLAMANDO.) El puente de Brooklyn, atravesando
el Hudson…
PACO
… los barcos se podían ver desde aquel muelle…
JAIME
¿Cómo se llamaba? No lo recuerdo, y mira que me has hablado
de él mil veces…
PACO
… siempre estaba lleno de turistas… Debía ser su lugar
favorito…
JAIME
Lástima lo de las Torres… Desde allí si que había
buenas vistas, ¿verdad?
PACO
No lo sé… No subí nunca.
JAIME
Quince años de emigrante en la gran ciudad y nunca subiste a las
Torres… ¡Qué desastre! Siempre has sido un desastre.
¿Y a la Estatua de la Libertad?
PACO
(AGACHA LA CABEZA.) Tampoco…
JAIME
¡Ves como eres un mamarracho! No subiste ni a las Torres ni a la
Estatua… ¡Después de quince años! Ahora, ya
no hay Torres, ¿ves? No podrás volver a tener una oportunidad.
PACO
No, ya nunca la tendré…
JAIME
Ese es tu problema, cuñado. No sabes aprovechar las oportunidades.
Seguro que en los quince años que estuviste en Estados Unidos podrías
haber hecho algo mejor que trabajar de camarero en esos restaurantes gallegos
del West Side. ¿Se dice así, no?
PACO
Sí, West Side.
JAIME
¡Cómo la película! Eso es. Como la película…
Apuesto a que te pasabas el día en el cine. Allí te debiste
fundir todo el dinero.
PACO
No, claro que no. Eso que dices no…
JAIME
¡Claro que no! Ahora lo entiendo. No fue el cine… Fueron los
musicales… Siempre te han gustado mucho, ¿verdad? (AGARRA
DEL HOMBRO A SU CUÑADO EN UNA ACTITUD CONDESCENDIENTE.) Mira a
Bernardo. Él se fue y regresó con una fortuna… Trabajó
de camarero y ahora tiene su propio negocio. Y, ¿qué me
dices de aquel otro? ¿Cómo se llama? Prado. El apellido
es Prado. Ese se quedó. Vive en New Yersy y es dueño de
un par de locales en el West Side ese… Pero, tú, cuñadito…
Hubo que traerte para que no te murieras de hambre… ¡Cómo
se puede ser tan torpe y tan inconsciente! ¿Cómo lo hiciste?
Un día me lo tienes que contar. Regresaste a tu país en
peores condiciones. (RÍE.) ¡A quién se le ocurre!
Una voz femenina se escucha desde el lateral.
VOZ
¿Señor Jaime? ¿Hay alguien ahí? ¿Quién
despacha, oiga?
JAIME
Venga, deja de hacer numeritos musicales y ordena el material que ha llegado
hoy. Yo tengo que salir a despachar.
PACO
Sí, Jaime.
JAIME
Y no tardes, hoy hay mucha gente. Ya sé que no sirves para estar
de cara al público… (LE ARREGLA LA BATA.) No tienes presencia…
ni talante… Pero yo solo no puedo.
PACO
Por supuesto, no… no tardo nada.
JAIME
¡Y a ver como colocas las puntillas! Siempre te haces un lío
y las pones en el sitio que no es.
JAIME sale, tarareando New York, New York entre risas.
PACO obedece a su cuñado y comienza a colocar las puntillas en
sus correspondientes cajas. Saca una a una, las observa y comprueba el
tamaño de la cabeza para saber donde las tiene que guardar.
La canción de Autum in New York, interpretada por Frank Sinatra
comienza a oírse como un susurro.
PACO cierra los ojos. Parece que vuelva a sucumbir a la nostalgia.
PACO
En aquel muelle había una terraza desde la que podías ver
pasar los barcos, allí sentado, durante horas…
Nunca subí a las Torres. Pero a menudo, me paseaba por el World
Trade Center. Me sentía protegido rodeado por todos aquellos edificios
de cristal… (SE COLOCA DE RODILLAS EN EL SUELO, DONDE VUELCA LAS
PUNTILLAS PARA SEPARARLAS MEJOR.) No, nunca subí… Me parecía
que era cosa para los turistas y yo no tenía ningún interés
en ver la inmensidad de la ciudad desde los rascacielos. En cambio, me
gustaba pasear por las calles del Soho… Mezclarme con la gente en
Chinatown… Formar parte de sus vidas vertiginosas por la Quinta
Avenida… y no ser un simple espectador desde las alturas…
Nunca subí a las Torres. Pero recuerdo que me encantaba el ascensor
de cristal que había en aquel hotel de Broadway… Era uno
de esos ascensores exteriores. A medida que subía una planta tras
otra, se descubrían ante tus ojos las luces de la ciudad que nunca
duerme… Esos letreros que te llamaban con un coqueto parpadeo…
Invitándote a trasnochar con ellos…
¡Qué feliz me sentía cuando estaba dentro de ese ascensor!
Era como… estar en una carroza de cristal. Un cosquilleo subía
por mi estómago… A veces, cerraba los ojos y sólo
los abría cuando ya había llegado a lo más alto.
Entonces, como una explosión de fuegos artificiales, aparecía
Broadway… Mi querido Broadway…
No. Tampoco subí a aquel barco que te llevaba a la Estatua. ¿Para
qué? No lo necesitaba… Yo tenía mi propio rincón
para ver Manhattan. Un lugar escondido en Brooklyn. Allí, junto
al río, bastaba atravesar un pequeño campo que había
sobrevivido a los edificios… Sentado, a la orilla, zambullía
mis pies cansados del trabajo y miraba el atardecer…
El sol caía sobre Manhattan y la teñía de rojo y
plata. Y nuevamente, las luces se hacían las dueñas de la
ciudad…
Cuando llegaba el otoño, prefería Central Park. No, no es
como el Retiro, querido cuñado. Tú nunca has estado allí
ni en ningún otro lugar. No puedes comparar. Central Park era como
un oasis en el desierto. Cuando te tumbabas sobre la hierba y mirabas
hacia arriba, los rascacielos te observaban desde lo alto como si fuesen
palmeras
gigantescas… En otoño, las hojas lo cubrían todo y
las parejas paseaban cogidas de la mano, como recién casados que
atraviesan una alfombra de pétalos de rosas a la salida de la iglesia.
Jamás te he visto coger de la mano a mi hermana de esa forma. Como
dos enamorados…Nunca la has llevado a ningún lugar…
Ni siquiera al Retiro… Pobre Isabel… No pudiste visitarme.
A ti te hubiese gustado… Te habría enseñado el Año
Nuevo en Chinatown y las fiestas de la Virgen en Little Italy. Habríamos
tomado café en el French Roast, frente a uno de sus enormes ventanales
para ver pasar a la gente y opinar sobre lo que llevaban puesto…
Como hacíamos de pequeños a la puerta de la iglesia los
domingos.
Desde allí, sentado frente a mi café, vi nevar sobre Nueva
York por primera vez. ¿Recuerdas? Te lo conté en una carta.
“Hoy ha nevado”, te dije, “y es lo más hermoso
que he visto jamás…”
Esa ciudad… Prometí que nunca podría conmigo. Que
sobreviviría a su dureza… Me equivoqué, tal vez…
Nunca podré olvidar mis regresos a casa por la noche en el metro,
sobre el puente de Williamsburg. Bastaba mirar atrás para ver como
Manhattan se alejaba… aún despierta… hasta la madrugada…
La voz de JAIME se escucha con violencia desde un lateral.
OFF JAIME
¡Paco! ¿Quieres salir de una vez? Hay gente esperando. Disculpen.
Mi cuñado se entretiene con el vuelo de una mosca.
PACO
(SALE DE SU ABSTRACCIÓN.) Ya voy, ya voy. Estoy terminando con
estas puntillas… ¡Mierda! Siempre me tiene que pasar lo mismo…
PACO recoge las puntillas con rapidez, las coloca en las cajas correspondientes
de cualquier manera y sale de escena.
PACO regresa inquieto. Ha dejado su viejo equipo de música destapado.
Lo coloca todo en orden, con delicadeza.
OFF JAIME
¡Paco!
PACO se sobresalta y acude a la llamada de su cuñado a toda velocidad.
ESCENA II
El lateral vuelve a iluminarse para dejar ver la mesa camilla. MARÍA
está sentada y pela patatas. Su hija ISABEL se mueve de un lado
para otro con diferentes prendas de vestir. Parece que haga limpieza de
ropa.
ISABEL es una mujer de cincuenta y dos años, delgada y que conserva
algún vestigio de cierta clase y elegancia. Tiene cara de niña,
pero el tiempo, o más bien ciertas infelicidades, la han desgastado.
Su pelo negro se resiste, tal vez a fuerza de tintes, a las canas.
ISABEL
Madre, me pones nerviosa con el dichoso cuchillito. ¿No te regalamos
un pela-patatas moderno?
MARÍA
No sé usar esos aparatos.
ISABEL
¡Vaya! Tan lista que eres para unas cosas, y para otras…
MARÍA
Nunca sé qué lado es el que corta y el que no.
ISABEL
No lo sabes madre, porque no ves un pimiento y no te pones las gafas.
Eso no tiene nada que ver con lo moderno del aparato. (ISABEL PIERDE LA
PACIENCIA Y LE QUITA EL CUCHILLO A SU MADRE.) ¡Leche! Se acabó.
ISABEL sale de escena.
OFF ISABEL
Al final tendremos un disgusto con el cuchillo, la ceguera y la madre
que me parió.
María se saca una navaja del mandil y continúa pelando
las patatas.
MARÍA
De toda la vida de Dios he pelado yo con cuchillos y nunca me ha pasado
nada… Ella es que no se acuerda…
ISABEL regresa. Su madre se apresura a esconder la navaja.
ISABEL
Madre, ¿por qué has puesto el monda-patatas en la nevera?
MARÍA
Hija, eso ha sido cosa de tu padre. Yo no sé qué manía
tiene ahora con esconderlo todo, como si le fuéramos a robar.
ISABEL
No si desde luego, los dos estáis de un cansino… Hay que
estar encima de vosotros todo el santo día. A ver, madre, te voy
a enseñar como se usa el monda patatas este.
MARÍA
Si yo ya sé cómo es. Se pone el dedo aquí y se presiona
así… (LA PATATA SALE DISPARADA.) Isabelita, si yo con un
cuchillo lo hago mejor.
ISABEL
Una patata menos. ¡No sé cómo lo haces, madre, para
liarla siempre! Me vais a volver loca entre tu marido y tú…
MARÍA
Ya sé que somos una molestia…
ISABEL
Yo no he dicho eso. Estoy cansada de tener que estar pendiente de todo
el mundo y que nadie lo esté de mí.
MARÍA
Siempre con lo mismo…
ISABEL
Da igual. No vamos a discutir otra vez.
MARÍA
No dirás que tu padre no ha estado pendiente de ti. Siempre has
sido la niña de sus ojos.
ISABEL
Y eso a ti nunca te ha gustado.
MARÍA
Tonterías.
ISABEL
Vamos a dejarlo.
MARÍA
¡Qué te gusta chincharme…!
ISABEL
Que yo sepa, eso es lo que ha estado haciendo con nosotros toda la vida.
Eso, y cortar cualquier manifestación de amor en esta casa.
Otra patata sale disparada. Ambas la miran. Se clavan los ojos la una
a la otra.
MARÍA
Este chisme es una leche. Ya te lo he dicho. Por eso lo habrá escondido
tu padre… Para que no nos obligues a usarlo cuando vienes a hacernos
la comida.
ISABEL
Anda, deja que yo termine de pelar las patatas. Siempre te tienes que
salir con la tuya.
MARÍA
Eso también le ha dado a tu padre por decirlo. Ahora va a resultar
que soy un ogro.
ISABEL
Papa… Ese es otro. Ultimamente no se sabe por donde te va a salir.
Está de un raro que cualquiera le entiende…
MARÍA
Se le va la cabeza. Ya está con el chocheo. Ahora todo son manías.
ISABEL
Ayer me llamó…
MARÍA
Lo sé. Le ha dado por resucitar a los muertos…
ISABEL
¿Dónde está?
MARÍA
Dando un paseo.
ISABEL
¡Pero cómo lo dejas salir solo! Ves como vas siempre a lo
tuyo.
MARÍA
Yo no puedo con él, hija. Además, ha ido a la tienda a ver
a Paquito y a tu Jaime.
ISABEL
¿Te parece poco? Si él no puede ir del sillón a la
butaca sin pegarse un golpe.
MARÍA
Hija, es que si le digo que no lo haga… Él se pone…
Pues, se pone…
ISABEL
¿Cómo?
MARÍA
Nada. (SOLLOZA.)
ISABEL
Madre, ¿qué pasa?
MARÍA
(LLORA.) Me grita. Me grita mucho. Por todo.
ISABEL
¿Papá te grita? Eso no lo ha hecho nunca… ¿Por
qué te pones así? ¿Hay algo más?
MARÍA
No, nada…
ISABEL
¿No te habrá…? ¿Te ha pegado, madre? (MARÍA
NO CONTESTA.) Hay que convencerlo para que vaya al médico.
MARÍA
No va a querer. Sufrió mucho el año pasado, cuando le operaron.
Les ha cogido miedo a los doctores.
ISABEL
Sí, y es precisamente desde el año pasado que está
tan raro. Yo creo que tanto tiempo en el hospital le ha trastocado.
MARÍA
Yo no sé, hija… No sé. No hay manera de hacer que
entre en razón.
ISABEL
(INTENTA SER ALGO CARIÑOSA CON SU MADRE.) Madre, no esté
triste. No te preocupes. Paco y yo le convencemos.
MARÍA
Paquito no te va a servir de mucha ayuda. A ver si Jaime le convence.
ISABEL
Bueno, hablaremos los tres con él. Le engañaremos de alguna
manera. Ya se me ocurrirá algo…
Las dos se miran en silencio.
ESCENA III
Paco está en el almacén. Otra vez, ordena las puntillas.
Por un lateral, se asoma su padre, quien parece que se esconda de algo
o de alguien.
JOSÉ
(A SU HIJO.) ¡Shhh! ¡Shhhhh!
Paco mira hacia el lateral.
PACO
¿Qué haces, papá?
JOSÉ
¿Estás solo?
PACO
Sí, claro. ¿No lo ves?
JOSÉ
¿Dónde está el papagayo ese?
PACO
¿Quién? ¿Jaime?
JOSÉ
Sí, ese.
PACO
En la tienda.
JOSÉ
Perfecto.
José abandona su escondite y se acerca a su hijo.
JOSÉ
Tienes que ayudarme, hijo.
PACO
¿Qué te pasa?
JOSÉ
Necesito una cerradura. O un candado… No sé, aconséjame
que es lo mejor.
PACO
¿Para qué quieres eso?
JOSÉ
Para mi cajón, hijo. Tu madre me roba.
PACO
¿De qué estás hablando?
JOSÉ
Quiere hacerse con el testamento, hijo. ¡Se quiere quedar con todo!
PACO
Papá… Pero, ¿qué testamento? ¿Qué
tonterías son esas?
JOSÉ
Tu madre es muy mala, hijo. Ahora estoy descubriendo su verdadera personalidad.
PACO
Papá… Mamá siempre ha sido muy…
JOSÉ
Muy puñetera. Eso es lo que ha sido.
PACO
Bueno, no hables así.
JOSÉ
Ella fue la que te hizo volver de Nueva York. No quería que estuvieses
allí y no paró hasta hacerte regresar con sus chantajes.
PACO
Eso fue hace mucho tiempo.
JOSÉ
Hijo, te juro que tu madre se ha propuesto destruir esta familia.
PACO
¡Ya está bien, papá! Si quieres un candado, yo te
lo doy. Pero no digas más tonterías.
JOSÉ
¿Pero un candado es lo bastante resistente para ella? Mira que
es muy lista. Ella lo abre y lo registra todo. ¿No será
mejor un cerrojo?
PACO
No, papá, con un candado será suficiente.
JOSÉ
Pero lo puede hacer saltar con una ganzúa. Sin embargo, un cerrojo…
PACO
No lo hará saltar con una ganzúa. Eso sería descubrir
el pastel. Todas las sospechas recaerían sobre ella. No se arriesgará
a eso.
JOSÉ
Hijo, tú si que eres listo. La gente se equivoca contigo.
PACO
Papá, toma el candado, anda.
JOSÉ
Gracias hijo. Tú si que sabes. Deberías quedarte al cargo
de este negocio y quitar de en medio a ese papagayo. Sabes, creo que está
compinchado con tu madre.
PACO
Papá…
JOSÉ
Se quiere quedar con las tierras y así no tener que seguir detrás
de un mostrador y poder vivir como un señorito. Eso es lo que siempre
ha querido él. Por eso se casó con tu hermana. Por mi dinero.
PACO
Papá, esas tierras no valen nada y tú no tienes dinero.
JOSÉ
Ahora no. Pero espérate a que empiece la especulación del
terreno.
PACO
Ni que fueses un terrateniente…
OFF DE JAIME
¡Paquito!
JOSÉ
(NERVIOSO, AGARRA A SU HIJO DEL BRAZO.) ¿Estamos juntos en esto?
PACO
¡Papá!
JOSÉ
Júramelo.
PACO
Sí, sí. Te lo prometo. Suelta, me haces daño.
JOSÉ
Lo tienes que jurar.
PACO
Te lo juro. ¡Suelta!
Jaime entra en el almacén.
JAIME
¿Estás sordo o qué?
PACO
No.
JAIME
Hombre, si está aquí el abuelo.
JOSÉ
¿Cómo está mi yerno favorito?
JAIME
Bueno, tú único yerno está muy bien. No te he visto
entrar.
JOSÉ
Entré directo por el almacén. Había mucha gente en
la tienda y no quería molestar.
JAIME
Usted no molesta, abuelo.
JOSÉ
Así saludaba un ratito a mi hijo.
JAIME
Bueno, no me dirás que lo echabas de menos. Vive con vosotros.
¿Y la parienta?
JOSÉ
Allí la he dejado con tu mujer. No sé en qué estarán
enredando ahora.
JAIME
El que anda enredando es este hijo tuyo. ¿Sabías que nos
ha salido bailarín y poeta?
JOSÉ
Él siempre ha tenido una vena artística que no sé
de dónde la ha sacado. Porque en mi familia, artistas no hay ninguno.
JAIME
Él es muy sensible. ¿También sabes cantar, Paquito?
PACO
No, yo…
JAIME
Sí, claro. En la ducha.
PACO
Bueno, ahí creo que lo hacemos todos.
JAIME
José, tendrá usted que preguntarle a la parienta de dónde
les ha salido este artista. A ver si va a resultar que se la pegó
con otro.
PACO
Anda, Jaime. No seas bruto…
JAIME
(RÍE.) Vamos, sólo bromeaba.
JOSÉ
A la parienta tenía yo que haberla atado corto.
JAIME
(SUELTA UNA SONORA CARCAJADA.) (A PACO.) Anda, termina esto de una vez
por todas. Tú hijo es lo más lento que he visto en mi vida.
Vamos a la tienda, José. Te voy a enseñar lo último
en accesorios de baño. Están hechos en bronce. Son una monada.
JOSÉ
¿Te han traído ya esas herramientas eléctricas que
estabas esperando?
JAIME
¡Ah, sí! ¡Qué maravilla, José! No sabes
los adelantos de hoy día.
JOSÉ
Es que en estos tiempos hay de todo. Uno no se puede sorprender de nada.
JAIME
Todo es posible.
JOSÉ
Ni que lo digas.
Paco queda solo en el almacén. Mira a la caja y le da una patada.
Las puntillas se esparcen por el suelo.
PACO
Cantante. Menudo imbécil está hecho el papagayo este.
ESCENA IV
Suena el tema musical de Machín. Se ilumina el lateral.
Isabel ha puesto la mesa para cenar los cinco.
José entra en escena. Se le ve muy animado. Se acerca a su hija
con sigilo y la agarra por la cintura. Empieza a mecerla con suavidad.
ISABEL
Papá, ¿qué haces?
JOSÉ
¡Cómo me gusta esta canción!
ISABEL
¿Qué canción?
JOSÉ
Esta de Machín. No me la puedo quitar de la cabeza. Está
todo el día sonando en la radio.
ISABEL
Papá, ¿de qué estás…?
JOSÉ
¡Shhh! Escucha.
José gira a su hija y hace que lo siga en el baile. Isabel, le
lleva la corriente.
JOSÉ
¿La recuerdas?
ISABEL
No, papá, yo era muy pequeña.
JOSÉ
Yo te la cantaba cuando eras una niña y estabas en la cunita. ¡Cómo
has crecido, Luisa!
ISABEL
Papá, ya basta. Esto no tiene gracia.
José tararea la canción y cierra los ojos, sin soltar a
su hija, baila.
JOSÉ
¿Qué te gustaría haber sido de mayor? ¿Eres
feliz? Eso es lo único que quiero. Que mis tres hijos sean felices.
ISABEL
(A ISABEL SE LE ESCAPA UNA LÁGRIMA.) Sí… soy feliz,
papá. No te preocupes.
JOSÉ
¿No querías viajar, como tú hermano?
ISABEL
No, yo soy muy miedosa. Para hacer eso, hay que tener valor.
JOSÉ
Sí… Hace falta mucho valor en la vida. ¿Tú
eres valiente, no?
ISABEL
¡Ay, papá! ¿Qué te pasa? Si, soy valiente.
Soy lo que tú quieras que sea. Pero vamos a dejar de bailar, que
te caerás otra vez. ¿Y no querrás volver al hospital?
JOSÉ
¡No! Allí no. Casi no salgo de ese sitio.
José se detiene y con desconfianza se aparta de su hija.
JOSÉ
¿Tú también, Luisa?
ISABEL
¿Yo también qué, papá?
JOSÉ
Tú me querías dejar allí, solo. En aquella habitación
triste donde siempre estaba oscuro.
ISABEL
Papi, yo no te dejaré nunca.
JOSÉ
¿Lo prometes?
ISABEL
Te lo juro.
JOSÉ
Mira que jurar en falso es pecado.
ISABEL
(ISABEL ABRAZA A SU PADRE COMO SI FUESE UNA NIÑA PEQUEÑA.)
Papá, te quiero. Te quiero mucho.
Jaime entra en la habitación. Ya no va vestido con la ropa de
trabajo. Trae un viejo disco.
JAIME
Mira abuelo lo que te hemos traído. Es el Chattannooga Choo Choo
de Glen Miller.
JOSÉ
¿Y ese quién es?
JAIME
(SUELTA UNA DE SUS RISAS ESCANDALOSAS.) Vamos, no me tomes el pelo. Sabes
perfectamente quien es.
JOSÉ
¿Bailas conmigo, hija?
ISABEL
No, papá. Ya está bien de danzas por hoy, que estás
operado de la cadera.
JAIME
¡Vaya! Ya sabemos a quien sale el artista Paquito. Al papá
también le va la marcha.
Jaime pone el disco y comienza a sonar In The Mood. En ese momento entra
Paco con su madre.
PACO
¿Por qué has toqueteado en mis discos?
JAIME
Vamos, Paquito, enséñanos como se hace.
Jaime coge de las manos a José y bailotea con él.
ISABEL
¡Jaime! Deja de hacer el payaso. Papá no está para
muchos movimientos.
JAIME
(RÍE.) ¡Paquito, anímate! Enséñale a
papá lo bien que lo haces.
PACO
¡No quiero que vuelvas a tocar en mis cosas! ¿Quién
te has creído que eres?
ISABEL
Jaime, eres insoportable. ¡Estáte quieto de una vez!
MARÍA
A ver si podemos tener la cena en paz.
ISABEL
Ya es tarde para eso.
JOSÉ
Me estoy mareando. ¡Paco, dile al papagayo que me suelte!
JAIME
¿Qué?
PACO
(APAGA LA MÚSICA.) ¡Suéltalo! No ves que no puede
seguirte.
JAIME
Sois unos aguafiestas.
José tiene un conato de desmayo.
ISABEL
¡Paco, qué se cae!
Paco y Jaime se apresuran en coger a José
ISABEL
Siéntalo en la silla. Llama a un médico.
JOSÉ
¡Noooo! Al hospital no. Si me metéis allí, ya no salgo.
MARÍA
José, no te alteres. Si llamamos a un médico es por tu bien.
JOSÉ
(DA UN EMPUJÓN A MARÍA.) ¡No! ¡Tú lo
que quieres es quitarme de en medio para quedarte con todo lo mío!
ISABEL
¡Papá!
PACO
¡Papá, ya está bien!
JOSÉ
¿Tú de qué lado estás? Teníamos un
pacto. Eres un traidor. ¿De qué estabais hablando tu madre
y tú en la cocina? Se lo has contado todo, ¿verdad?
MARÍA
(LLORA.) José, ya está bien por el amor de Dios.
JAIME
Papá, has hecho llorar a la abuela. Eso no se hace.
JOSÉ
¡Tú calla, papagayo! No sé cómo te has podido
casar con este imbécil, Luisa.
ISABEL
¡Luisa está muerta! ¡Deja de martirizarnos de una vez!
Todos se miran en silencio. Isabel trata de contener las lágrimas,
pero no puede. María mira hacia otro lado. Paco se acerca a su
hermana para consolarla.
ISABEL
Siento no ser Luisa. Yo sólo soy Isabel.
JOSÉ
Luisa… Ella… (JOSÉ RECUPERA LA LUCIDEZ Y SE PONE A
LLORAR.) Todos se mueren, María. Nos estamos quedando solos.
María contiene las lágrimas.
JAIME
José, deja que te lleve a la cama, ¿quieres? Te vamos a
poner la tele en la habitación para que veas el partido. ¿Te
apetece? Paco, ayúdame.
JOSÉ
Mejor, una película antigua. ¿Hoy echan alguna?
Jaime y Paco le levantan para llevarlo a la habitación, mientras
tratan de entretenerlo para que no se resista.
JAIME
Habrá que ver la programación. Pero si no, alquilamos una.
¿Cuál quieres ver?
JOSÉ
Una de guerra. Me gustan los uniformes que llevan los alemanes. ¿A
ti también te gustan?
JAIME
Sí. Sobre todo el uniforme de gala.
JOSÉ
Tú siempre has sido muy señorito.
Los tres salen de escena.
María e Isabel quedan solas, en silencio.
ISABEL
(SECÁNDOSE LAS LÁGRIMAS.) Yo… Voy a calentar la comida
otra vez. Se habrá enfriado.
MARÍA
Yo no voy a cenar nada. Se me ha pasado el hambre.
ISABEL
(TRATA DE TENER UN GESTO AMABLE CON SU MADRE.) Ma… madre…
¿Cómo estás?
MARÍA
(APARTA LA MANO DE SU HIJA Y SE LEVANTA.) Me voy a acostar. Me duele la
cabeza.
ISABEL
Está bien…
MARÍA
(SIN MIRAR A SU HIJA.) Isabel…
ISABEL
Dime.
MARÍA
Es mejor que me arregles el cuarto que era tuyo para que duerma allí.
Por lo menos… hasta que tu padre se ponga bueno.
ISABEL
(MIRA FIJAMENTE A SU MADRE.) Sí, será lo mejor.
María sale de escena.
Isabel queda sola, con la mirada clavada en el infinito.
Paco regresa a la habitación y mira a su hermana con ternura.
PACO
¿Estás bien?
ISABEL
(SE LEVANTA.) ¿Se ha calmado?
PACO
Está como si no hubiese pasado nada.
Paco se acerca a su hermana y la abraza.
PACO
No te dice esas cosas con mala intención… Él te adora…
Pero papá no está bueno, Isabel.
ISABEL
(DESPRENDIÉNDOSE DEL ABRAZO.) ¿Quieres cenar?
PACO
No, ya picaré algo luego…
Isabel se va.
Paco mira como se marcha. Suspira y se agacha para buscar algo en el suelo.
PACO
¿Dónde habrá ido a parar la zapatilla?
Paco busca hasta encontrar la zapatilla que ha extraviado su padre.
Cuando se va a marchar, se gira hacia el aparato de música.
PACO
¡Papagayo! Menudo imbécil…
Paco apaga el equipo y se lleva su disco.
INTERLUDIO
Suena el tema de Moonlighth Serenade. María está sentada
en la butaca de su nueva habitación. Ojea un viejo libro de fotografías.
En una de sus páginas se detiene. No puede contener una lágrima
que se le escapa. Saca un pañuelo de la manga de su camisón
y va a secarse los ojos, cuando se detiene, rectifica y deja que las lágrimas
fluyan.
OFF DE PACO
“El día amaneció frío y una suave neblina escapaba
por los rincones de las avenidas. Decidí dar un paseo… Mis
pies me llevaron hasta Coney Island. No sé por qué. Quizás
deseaba ver ese parque de atracciones junto al paseo marítimo.
En invierno está cerrado. ¿Te imaginas un parque de atracciones
sin vida, junto al mar? Es una imagen triste… Pero en cierta manera,
reconfortante. Porque sabes que cuando comience la primavera, las atracciones
abrirán sus puertas en un estallido de luces de colores y músicas
de carrusel que se fundirán unas con otras…”
Isabel está sentada en el suelo, rodeada de cartas que yacen en
él, en medio de un espacio vacío. Va vestida con su camisón
y lleva el pelo suelto. Parece que haya rejuvenecido… pero sólo
se trata de la impresión que deja sobre ella la lectura de las
cartas que Paco le escribía desde New York.
ISABEL
“Entonces, esa idea me hace pensar que quizás siempre exista
una oportunidad para todo… para todos…”
María saca una fotografía del libro y le da la vuelta para
leer lo que pone en el reverso.
MARÍA
“Nuestra Luisa… en su segundo cumpleaños. Mira como
duerme en su cunita… Abril de 1950”.
Isabel le da la vuelta a la carta, para continuar la lectura.
ISABEL
“Y entonces la vi… La nieve, Isabel. Había llegado
a la playa y el mar traía olas de copos de sal. La arena era más
blanca que nunca. Una espesa capa de nieve cubría la orilla.”
María se levanta de la butaca, con la fotografía en la
mano y busca en el cajón de una cómoda. Saca un viejo marco
y coloca la foto en él.
ISABEL
“Pensé que era una lástima que hubiese nevado durante
la noche, mientras dormía, con lo que me hubiera gustado contemplar
ese espectáculo… ¿Cómo sería ver caer
la nieve en Nueva York? Me tumbé sobre la arena y cerré
los ojos. Una brisa helada besaba mis mejillas. Traté de imaginar
como los copos jugaban a deslizarse sobre los rascacielos de la Quinta
Avenida… Contemplé los letreros luminosos de Broadway anunciando
la llegada de la nieve con efervescentes ráfagas de neón…”
Isabel busca la continuación de la carta entre las hojas que hay
sueltas sobre el suelo. María regresa a su álbum de fotos.
ISABEL
“Por fin hoy lo he visto. Ha nevado… Y es lo más hermoso
que he visto jamás… Era de noche y me tomaba un café
en el French Roast, como casi todos los días después del
trabajo antes de coger el metro de regreso a casa… El día
había estado despejado, y desde el muelle pude ver ese azul intenso
del cielo de Nueva York en invierno. Así que nada hacía
sospechar lo que estaba a punto de suceder. Tenía los ojos pegados
al libro que leía, cuando empecé a escuchar un alegre griterío…”
María se detiene en una de las páginas del álbum
y saca una fotografía. Repite la acción de darle la vuelta
para leer en el reverso.
MARÍA
“Paquito en Nueva York, bajo la nieve… Enero de 1965.”
ISABEL
“Levanté la vista para ver que sucedía… La gente
salía del café y corría hacia la calle. Miré
por el ventanal junto al que me había sentado y allí estaba…
Nevaba… El cielo abría su vientre para verter aquella cantidad
ingente de copos."
María se levanta y coge el marco que había dejado sobre
la cómoda con la foto de su hija Luisa. La quita, para colocar
en su lugar la de Paco.
ISABEL
“Salí a la calle para gozar yo también de todo aquello.
La acera ya estaba cubierta por casi un palmo de nieve. Miré hacia
arriba y el cielo dejaba caer un espeso confeti blanco, como si estuviésemos
en una fiesta de carnaval. La gente reía, se tumbaba en el suelo…
Los coches se detenían antes de llegar a los semáforos…
Los niños jugaban a tirarse bolas que improvisaban… Y de
repente, me vi con los brazos abiertos de par en par, dando vueltas y
llorando, feliz… Feliz como no lo había sido nunca…
La vida te regala momentos inolvidables para que los guardes en tu memoria
para el resto de tus días… Esos pequeños momentos
que nos sonríen, a lo largo de los años, cada vez que cerramos
los ojos y nos dejamos llevar por las emociones vividas…”
María deja de contemplar la foto de Paco. La retira del marco
y pone la de Luisa. Sobre ésta, vuelve a colocar la fotografía
de su hijo.
ISABEL
“Entonces, recordé lo que pensé en Coney Island sobre
el parque de atracciones y la oportunidad que tenía, cada primavera,
de volver a la vida… Y me dije. “hoy, he tenido otra oportunidad,
porque esta mañana me lamentaba por dormir mientras nevaba, y ahora,
estoy aquí, dando vueltas, con los brazos abiertos mientras ella
cae desde lo más alto del cielo…”
Quizás, siempre hay una segunda oportunidad para hacer y disfrutar
de aquello que deseamos, Isabel, y no sabemos apreciarla o, simplemente,
la dejamos escapar…”
María regresa a la butaca. Cierra el álbum de fotos y apaga
la luz.
Isabel dobla la carta, cierra los ojos y deja escapar una lágrima.
La luz y la música, se funden con la canción de Machín.
La lámpara de la mesita de noche de José se enciende.
ESCENA V
La canción de Machín suena como un susurro sobre el escenario.
José está sentado en la cama. Tararea al tiempo que le echa
un vistazo al periódico.
JOSÉ
Esto no se puede aguantar. Hay guerras en todas partes… ¿Pero
por qué se pelearán tanto?
José tararea con más fuerza la canción y sigue el
ritmo con el pie.
JOSÉ
¿Por qué no nos vamos a bailar esta noche? ¿Te acuerdas?
¡Cómo nos lo pasábamos! ¡Qué tiempos
aquellos! También había guerras… Pero a mí
me da que eran menos graves.
María entra en la habitación. Trae una bandeja con un zumo
de limón.
MARÍA
José, te he traído el zumo. Le he echado azúcar para
que no te amargue tanto. ¿Con quién hablabas?
JOSÉ
Con nadie. De todo te quieres enterar.
José mira con desconfianza a su mujer. Coge el vaso y se lo lleva
a los labios. Pero se detiene.
JOSÉ
Bebe tu primero.
MARÍA
Yo ya me he tomado el mío.
JOSÉ
Sólo un sorbito…
MARÍA
Como quieras.
María da un pequeño sorbo al zumo, ante la mirada de su
esposo.
MARÍA
¿Ya estás contento?
JOSÉ
No lo vas a conseguir.
MARÍA
¿El qué?
JOSÉ
Quitar de en medio a este viejo y quedarte con todo lo mío.
MARÍA
Yo no quiero nada de eso. Te estás volviendo un maniático…
JOSÉ
Sé que os estáis compinchados para quedaos con todo lo mío…
MARÍA
No sé de qué me hablas.
JOSÉ
Yo pensé que él me quería… Pero todo son mentiras.
MARÍA
José, estás enfermo… Necesitas que…
JOSÉ
¡No! Ya sé lo que me vas a decir. Tú no me quieres.
MARÍA
Siempre he estado a tu lado, José. Para lo bueno y para lo malo.
JOSÉ
Yo sé a quien querías tú en verdad… Estabas
enamorada de ese vecino que teníamos. Yo os vi…
MARÍA
¿Pero nos viste qué, José?
JOSÉ
Cómo os mirabais. Hablabais mucho… Siempre a mis espaldas.
MARÍA
Eso es mentira. Hablábamos de cosas de la casa.
JOSÉ
Y ahora, que ya estás hecha una vieja, sigues jugando, María.
Juegas a estar con otros hombres. No tienes vergüenza…
MARÍA
¿Qué hombres? Pero si no salgo de casa…
JOSÉ
¿Y dónde dormiste anoche? No estabas a mi lado. Puta.
MARÍA
José, ¿dónde voy a dormir? En la habitación
que era de Isabelita. Tú me querías pegar.
JOSÉ
Ya no quieres ni dormir conmigo. ¡Y lo haces con él en mi
propia casa!
MARÍA
¿Pero quién es él?
JOSÉ
Lo sabes perfectamente. Paco.
MARÍA
¡Paquito!
JOSÉ
¡Lo negarás y todo, embustera!
MARÍA
¡Pero si Paco es mi hijo!
JOSÉ
Sí. Pero tú no tienes vergüenza. Eres una degenerada
y una egoísta que está dispuesta a acostarse con su propio
hijo para tenerlo de tu lado.
MARÍA
¡Estás loco! Es mi hijo. ¡Mi hijo! No te he sido infiel
nunca. ¡Jamás!
JOSÉ
Puta, más que puta. Con tu propio hijo… Él estaba
de mi parte, ¿sabes? Teníamos planes juntos… Hasta
que tú te metiste en medio. Anoche lo vi todo claro… Pero
te he quitado de mi testamento. ¡A los dos! Así que no te
quedarás con nada mío. Ahora ya me puedes llevar otra vez
al hospital. No me importa. Porque aunque me dejes morir allí,
yo sé que no te saldrás con la tuya. ¡No te quedarás
con nada! Te lo he quitado todo. ¡Todo!
MARÍA
¡Lo que me vas a acabar quitando es la vida!
JOSÉ
Eso espero… ¡Que tu vida se acabe antes que la mía!
Paco entra en la habitación, alertado por los gritos.
PACO
¿Qué pasa aquí?
JOSÉ
¡Vete de mi casa! Eres un parásito. ¡No voy a seguir
manteniéndote! Traidor. ¡Marchaos los dos a follar por ahí!
PACO
¿Pero qué hablas? ¿Te has vuelto loco?
MARÍA
Paquito, haz algo… No puedo más.
JOSÉ
¡Ves! ¿Qué es lo que me vas a hacer, Paquito? Si me
dejas caer por las escaleras, hasta parecerá un accidente. ¡Porque
con lo del zumo no he tragado!
José tira el zumo sobre la ropa de su mujer.
PACO
¡Papá! ¿Se puede saber qué haces? ¡Estáte
quieto de una vez!
Paco y José forcejean.
PACO
¡Como no te estés quieto te voy a amarrar a la butaca! ¿Me
estás oyendo?
JOSÉ
Eso es lo que estáis deseando los dos. Encerrarme, atarme y pegarme.
¿No te da vergüenza hacer el amor con tu madre? ¿Por
eso nunca has tenido novia? ¡Siempre has estado enamorado de esa
puta!
MARÍA
(ROMPE A LLORAR.) ¡José, cállate ya!
PACO
¡Ves lo que has hecho! No has parado hasta hacerla llorar.
JOSÉ
¡Mira cómo la defiendes! Pervertido. ¡Es tu madre!
PACO
Mamá, llama a Isabelita. Que venga rápido y traiga un médico.
JOSÉ
¡Noooo! (LLORA DESESPERADO.) ¡Al hospital no! Eso es lo que
los dos queríais. Llevarme allí para tenerme encerrado y
lejos de vosotros y poder seguir jodiendo en mi propia casa.
José agarra la lámpara para estrellarla contra la cabeza
de su hijo. Paco trata de impedírselo, sujetándole los brazos.
PACO
¡Padre, no me haga que le pegue!
JOSÉ
¡Pégame! Eso es lo que estás deseando hacer para poder
sentirte por una vez en tu vida superior a alguien.
PACO
¡Basta! Si quieres seguir haciéndome daño, hazlo.
Pero deja la lámpara en paz.
JOSÉ
¡Pervertido! ¡Bastardo! ¡Puta!
PACO
¡Mamá! ¡Muévete!
José aprovecha que su hijo se ha girado para coger un abre cartas
y clavárselo en la mano.
MARÍA
¡Paco, por Dios!
PACO
¡Ahhh!
José consigue desprenderse de su hijo. Agarra el vaso de zumo
y se lo tira a su mujer, dándole en la cabeza. María se
contrae de dolor.
MARÍA
¡José, mi vida! José…
JOSÉ
Sois dos ratas… ¡Peor que eso! Buitres… Eso es lo que
sois. Me voy a ir a vivir con Luisa y su marido. Ellos si me quieren y
no van a dejarme encerrado en el hospital para que esos asesinos con bata
me estén pinchando todo el día.
Paco mira a su madre, a quien le sangra la frente. Se aprieta la mano,
para taponarse el corte que su padre le ha hecho con el abrecartas. Observa
a José, con lástima.
PACO
Mamá, llama a una ambulancia.
Paco mira a su padre. Suelta el cinturón de su bata.
JOSÉ
¿Qué me quieres hacer? No te saldrás con la tuya.
María se seca las lágrimas y saca su pañuelo para
ponérselo sobre la frente y quitarse la sangre. Echa una última
mirada de dolor a su marido y se marcha.
JOSÉ
Se lo voy a contar todo a los médicos. Les voy a decir el plan
que tenéis tu madre y tú.
Paco sigue mirando a su padre, con el cinturón de la bata entre
las manos.
JOSÉ
Entonces, vendrá el señor juez y os meterá en la
cárcel. Y ese lugar es mil veces peor que el hospital, créeme.
PACO
Padre, perdóname.
Paco se abalanza sobre su padre para atarle las manos, mientras José
forcejea, sin apenas fuerzas y grita. Poco a poco, su grito se transforma
en un llanto desconsolado.
ESCENA VI
Isabel y Jaime están sentados junto a la mesa camilla. Él
hace un inventario del almacén. Ella mira al vacío.
ISABEL
No sé cómo acabará todo esto…
JAIME
Creo que vamos a tener que internar a tu padre.
ISABEL
Ni hablar. Se volvería loco.
JAIME
Isabel, ya está loco.
ISABEL
Es un trastorno pasajero.
JAIME
Casi mata a tu hermano y en la próxima, lo intentará con
tu madre. Está obsesionado con ella.
ISABEL
Después de tantos años juntos… Toda la vida. ¿Cómo
puede estar pasando esto?
JAIME
¿Te lo repito? Tu padre ha perdido la cabeza y tenéis que
internarlo, antes de que haga un daño irreparable, a cualquiera
de nosotros o a él mismo.
ISABEL
Yo había pensado en otra cosa.
JAIME
(LA MIRA, SOSPECHANDO DE QUÉ SE TRATA.) ¿En qué?
ISABEL
Está claro que, hasta que no se le pase esto a papá, es
mejor que no esté cerca de madre…
JAIME
¿Y?
ISABEL
Lo sabes perfectamente. Papá no tiene ninguna manía contra
nosotros…
JAIME
¡Ni hablar!
ISABEL
Madre se quedaría con Paco y papá con nosotros…
JAIME
¡Te he dicho que no!
ISABEL
Eres un egoísta.
JAIME
No pienso andar cargando con nadie. No he querido hijos por eso, así
que menos aún un viejo con demencia senil.
ISABEL
No me puedo creer que seas tan mezquino. Ese viejo hizo posible con sus
ahorros que te comprases la tienda.
JAIME
¡Ja! Vamos, por el amor de Dios. Quería asegurarse el bienestar
de su hija.
ISABEL
Lo hizo por ayudarte. Y tú ahora, no estás dispuesto a hacer
nada por él.
JAIME
Por ayudarnos, perdona.
ISABEL
¿Has pensado alguna vez en alguien que no seas tú? Aunque
sea para asegurarte que cuando estés en un mal momento, alguien
te ayudará.
JAIME
No pienso pasar por ningún mal momento. Creí que ya te habías
dado cuenta de eso.
ISABEL
Me he dado cuenta de muchas cosas.
JAIME
Si piensas que soy una persona mezquina, no sé qué haces
casada conmigo.
ISABEL
Créeme, llevo tiempo haciéndome esa misma pregunta.
Jaime mira a su mujer, con cierto respeto.
Paco entra en la habitación. Viene de la farmacia, con varias cajas
de medicamentos.
PACO
¿Sigue durmiendo?
ISABEL
Sí.
PACO
¿Y mamá?
ISABEL
Está con él.
PACO
¿Por qué les habéis dejado solos?
ISABEL
Madre no quería separarse de él.
PACO
Pero no hace ni una semana que le tiró un vaso a la cabeza. Podría
haberla matado.
JAIME
Alguien que también ve las cosas tal y como son.
ISABEL
(MIRA A SU MARIDO CON DESPRECIO.) Jaime cree que lo mejor es internar
a papá.
PACO
Está claro que no pueden estar juntos… Pero yo había
pensado en…
ISABEL
Jaime no quiere.
PACO
Pero yo no me puedo quedar con él. ¡Piensa que soy el amante
de mi propia madre!
ISABEL
Jaime, no quiere.
PACO
Yo me quedo con mamá. Tenemos que compartir esto.
ISABEL
No quiere.
JAIME
¡Ya está bien, Isabel!
PACO
No vamos a encerrar a papá en ninguna parte. Ya te puedes ir quitando
esa idea de la cabeza.
JAIME
¿Pero es que no entendéis que es por su bien? Mira todas
esas medicinas. Tu padre necesita ayuda profesional y no que sus dos hijos
estén jugando a los enfermeros.
PACO
Jaime, si le internamos, se muere.
JAIME
Pero es que la gente se tiene que morir…
ISABEL
Eres despreciable.
JAIME
Sucede, cariño. Cuando la gente se hace mayor, sucede. Es inevitable.
ISABEL
Un monstruo.
JAIME
No soy un monstruo. Sólo trato de dar un punto de vista objetivo.
Sé por lo que estáis pasando los dos. Pero el viejo necesita
ayuda, ayuda de verdad. Está mal, muy mal. ¡Está enfermo,
joder!
Los tres se miran en silencio.
Jaime regresa a su inventario.
JAIME
¡Haced lo que queráis! Es vuestro padre. Yo sé lo
que haría con el mío si lo tuviese. No permitiría
que hiciera sufrir a todo el que le rodea. Ni que sufriese él.
ISABEL
Esta decisión la tenemos que tomar entre nosotros tres.
JAIME
No lo voy a repetir. En mi casa no se queda.
PACO
¿En tu casa? Te recuerdo que vives con mi hermana.
ISABEL
Déjalo, Paco.
JAIME
¿Quieres que nos recordemos cosas? Porque yo te puedo recordar
que no estás muerto de hambre gracias a mí. Y te podría
recordar que a tu edad, aún vives con tus padres y ni te has planteado
la remota posibilidad de independizarte. Así que no me recuerdes
con quién vivo y con quién dejo de vivir.
ISABEL
¡Deja en paz a mi hermano!
JAIME
¡Ese es exactamente su problema! ¡Nos hemos pasado la vida
protegiéndolo!
PACO
¡Yo no necesito tu protección, ni la de nadie!
ISABEL
Paco, no le hagas caso.
JAIME
Pues debería hacerme caso. Debería escuchar que alguien
le diga la mierda de vida que tiene.
ISABEL
¡Basta! Tú no tienes derecho a recordarle a nadie la clase
de vida que tiene. ¿Por qué no me miras a mí? ¿En
qué has convertido tú mi vida? ¿En qué clase
de mierda?
JAIME
Creí que eras feliz.
ISABEL
¿Feliz? A ti nunca te ha importado mi felicidad.
JAIME
Eso no es cierto. Toda esa tienda, todo mi esfuerzo, mi trabajo…
ISABEL
Mi, mi, mi… Esa es la cuestión. En tu vida, sólo existe
la palabra “Jaime”.
Jaime e Isabel se miran con una mezcla de odio e insatisfacción.
PACO
La cuestión sigue abierta. Y creo que tenemos un problema más
grave que el de nuestras propias insatisfacciones por resolver. ¿Qué
vamos a hacer por papá?
ISABEL
(DESAFIANDO A SU MARIDO.) Se queda con nosotros. Tú cuida de madre.
Isabel se va.
Paco mira a Jaime, esperando cual va a ser su reacción.
JAIME
Ya la has oído. Prepara las cosas de tu padre. No olvides que mañana
traen el material que encargué. Espero que llegues a tiempo. No
quiero que suceda lo de la otra vez.
PACO
No sucederá.
JAIME
Más te vale.
PACO
¿Cuándo vas a dejar de darme órdenes? ¿De
tratarme como un inútil?
JAIME
Cuando dejes de ser un inútil.
PACO
¿Por qué no me soportas?
JAIME
Porque representas todo contra lo que he luchado en mi vida. Porque eres
esa clase de persona que nunca será nada. Te falta valor, ambiciones,
fuerza…
Jaime recoge sus papeles y se marcha, sin mirar a Paco.
PACO
Porque soy todo lo que tú te has esforzado en no ser…
La canción de Autum in New York comienza a sonar con timidez.
Paco recoge las medicinas que había dejado sobre la mesa.
PACO
Quizás te equivoques…
ESCENA VII
José está en cama. Se encuentra muy deteriorado por la
enfermedad y se vislumbra en su rostro los estragos de varias noches sin
dormir.
La canción de Autum in New York continúa sonando, pero José
tararea su canción de Machín, aunque sin apenas fuerza ni
voz.
JOSÉ
¡Qué pena no recordar la letra! Era muy bonita.
María entra en la habitación, con una mezcla de miedo y
preocupación. Trae las medicinas para José.
MARÍA
José, es la hora de las medicinas.
JOSÉ
(SE INCORPORA CON CUIDADO.) ¿Por qué no puedo recordar cosas,
María? Me da mucha pena no acordarme de la letra de esa canción
de Machín que tanto nos gustaba.
MARÍA
(MIRA CON DOLOR A SU MARIDO.) Ya te acordarás. No te preocupes
de eso ahora.
JOSÉ
¿Por qué no me has traído el zumo con las medicinas?
MARÍA
Porque… Yo… No sé, José… Es que pensé…
que ya no querías zumo nunca más.
JOSÉ
¿Y por qué no si me gusta mucho? Tenemos que tomar zumo
de limón en ayunas todos los días. Es muy bueno para las
personas mayores. ¿Es que no quieres que me ponga bueno, María?
MARÍA
Claro que sí… Pero yo pensaba… Yo creí que…
JOSÉ
Ya no eres la misma, María. Has cambiado.
MARÍA
Yo no he cambiado, José. Eres tú, cariño. Estás
enfermo y… no quiero que me dejes sola.
JOSÉ
No… No es de ahora. Es desde aquel día…
María agacha la cabeza.
JOSÉ
Es desde aquel día que dejaste de ser la misma. ¿Qué
pasó en verdad? Siempre me he hecho esa pregunta… ¿Qué
es lo que no me contaste, María?
MARÍA
Ya te lo dije… No sé cómo pasó. De repente,
dejó de respirar. En algún momento de la noche, Luisa se
asfixió… Y yo no me di cuenta. Yo, su madre, que dormía
junto a ella, no me di cuenta.
JOSÉ
No podrás vivir con esa culpa toda la vida. Nadie, salvo el destino,
es responsable de un accidente. Ella tenía que morir. Así
estaba
escrito en alguna parte y nadie hubiera podido impedirlo. Ni siquiera
su propia madre. A saber, María, si la niña no tenía
alguna enfermedad que no conocían los médicos o no vieron.
Esas cosas pasan mucho. Las vemos en las noticias cada día.
MARÍA
Lo sé. También lo he pensado. He pensado en todas las posibilidades…
JOSÉ
Cuando yo me muera, no quiero que sigas con esa cruz…
MARÍA
Tú no te vas a morir…
JOSÉ
Los dos sabemos que sí. Me muero, María. En aquel hospital
algo me pasó que perdí la cabeza. Ahora, esa cabeza, está
haciendo que os pierda a todos vosotros.
MARÍA
No digas eso…
JOSÉ
Hago cosas que luego no me puedo creer que haya hecho. Es como ese muchacho
que se tomaba una bebida y se convertía en otro que mataba prostitutas…
MARÍA
No digas tonterías. Ese se convertía en monstruo…
JOSÉ
¿Y en qué nos convertimos si no cuando herimos a los que
más queremos?
MARÍA
Pero nosotros sabemos que no eres tú. Que lo haces sin querer.
JOSÉ
Es que ya no sé si lo hago sin querer…
MARÍA
Claro que sí…
JOSÉ
¿Seguro?
MARÍA
¡Ay, José! Yo ya no sé cuando estás lúcido
y cuando no.
JOSÉ
¿Por qué contra ti y Paquito y no contra Isabelita? Creo
que yo tampoco te perdoné por lo de aquella noche. Sigo sin saber
si es verdad todo lo que me cuentas. Y Paco… ¿Por qué
no es el hijo que yo quería? Salió diferente. Nunca le gustaron
las cosas de chicos. Siempre estuvo más cerca de ti que de mí.
MARÍA
Eso no es verdad…
JOSÉ
Sí lo es. Pero desde aquella noche, dejaste también de quererle,
con todo lo que tú le protegías… Lo rechazabas cuando
él, sin embargo, te buscaba y te necesitaba. ¿Te das cuenta
de la de años que llevas lejos de todos nosotros? ¿Hasta
cuando, María, vas a estar ausente de esta familia?
MARÍA
(LLORA.) Yo no querría… Nunca más…
JOSÉ
María, es el momento de que cada uno hagamos nuestra vida, lo que
queda de ella…
MARÍA
No, por favor… No, José.
JOSÉ
Te acabaré haciendo daño de verdad, y lo sabes. Es mejor
que te alejes de mí.
MARÍA
¿Pero cómo me voy a separar ahora de ti? No sé estar
sola. Siempre he estado contigo, a tu lado, para lo bueno y lo malo. No
sabría vivir de otra manera, ya es tarde para empezar una vida
diferente.
JOSÉ
¿Y si no fuera tarde?
MARÍA
Tenemos más de ochenta años, José.
JOSÉ
¿Y si nunca fuese tarde para hacer cosas nuevas?
MARÍA
José, tú no estás bien. Yo quiero cuidar de ti hasta
el final….
JOSÉ
Pero yo ya no quiero tenerte a mi lado.
MARÍA
(LLORA.) Has perdido el juicio. Estás con alucinaciones. No piensas
lo que dices. Otra vez hablas sin querer decir…
JOSÉ
Quiero empezar otra vez, lejos de ti. Hace tiempo que dejé de estar
enamorado.
MARÍA
¡Recupera el juicio, por el amor de Dios!
JOSÉ
Y tú… no sé si llegaste a enamorarte alguna vez. Te
conquisté y aceptaste. Así es como tenía que ser
en nuestra época.
MARÍA
Claro que te quería.
JOSÉ
Y sé que me quieres. Pero eso, no es amor.
MARÍA
¡Basta José! Ahora si eres un monstruo.
JOSÉ
¿Y si el monstruo lo has sido tú todos estos años?
¿Por qué nos hemos ocultado cosas? ¿Por qué
no nos hemos hablado nunca cara a cara hasta ahora? ¡por qué…
MARÍA
¡No existe ninguno de esos porqués!
JOSÉ
Quiero pasar lo que me queda de vida rodeado de amor, no de compañía
y compasión.
MARÍA
Mi deber es estar a tú lado.
JOSÉ
¡No hay ningún deber! Sólo hay que amar. Y eso no
se debe, o se siente o no se siente.
MARÍA
(SE LEVANTA DE GOLPE, SIN PODER CONTENERSE MÁS.)
¿Qué no hay deberes? ¡Tú debías haber
estado conmigo más tiempo del que estuviste! Si yo no hubiese estado
tan cansada aquella noche, quizás ella… Pero tú, después
del trabajo, de tantas horas de trabajo fuera de casa, te tenías
que ir a echar una partida con tus amigos. Se acabaron los bailes el día
que nos casamos. Se acabaron los paseos el día que nos casamos.
Se acabaron las excursiones al campo el día que nos casamos. Y
yo, me tuve que hacer cargo de la casa, de los niños, de la comida,
del huerto, de las gallinas, de los cerdos… ¿Cuál
era tu deber? ¡Porque existe un deber, quieras o no quieras, existe!
Existe eso que se le debe a la otra persona que está contigo. Pero
tú, José, dejaste de lado durante años muchas de
esas obligaciones y deberes… muchas.
JOSÉ
Y por eso, por todo esto que me acabas de decir, tratas de quitarme de
en medio…
MARÍA
¡No! No trato de quitarte nada, ni de quitarte a nadie… Yo
no trato nada, no quiero nada. ¡Ya está bien!
JOSÉ
¿Qué son todas estas medicinas? ¿Por qué me
las tengo que tomar? ¿Es esto lo que me hace perder la cabeza?
MARÍA
Tu cabeza ya se ha perdido.
JOSÉ
¡No estoy loco! Sé lo que digo, sé lo que siento.
Me quieres quitar de en medio y ahora mismo me lo has explicado todo.
MARÍA
¡No vuelvas a empezar! ¿Este es el calvario que me espera
al final de mis días? ¿No te basta con haberme dado una
vida sin ilusiones?
JOSÉ
¿Y qué vida es la que querías? ¡Haberte casado
con un millonario, puñeta!
MARÍA
¡No quería un millonario! Te quería a ti.
JOSÉ
Pero en algún momento del camino me dejaste de amar.
MARÍA
¡Y tú a mí!
JOSÉ
Estoy cansado de no poder confiar en la persona que tengo al lado. ¡Eres
una bruja!
MARÍA
¡Y tú un monstruo!
JOSÉ
(TIRA LAS MEDICINAS AL SUELO.) ¡Vete de aquí y llévate
todas tus pócimas!
MARÍA
(SE AGACHA A RECOGER LAS MEDICINAS.) Hay que encerrarte, José.
JOSÉ
¡No! Eso es lo que tú y ese hijo bastardo queréis.
Pero a mí no me va a encerrar nadie en ninguna parte. ¡Quiero
el divorcio! ¡Quiero estar lejos de ti para siempre!
MARÍA
¡Estás loco!
JOSÉ
¡El divorcio!
MARÍA
¿Eso es lo que quieres?
JOSÉ
¡No quiero ver a ninguno de los dos nunca más!
MARÍA
¡No sabes lo que dices!
JOSÉ
(ARROJA CONTRA SU MUJER LO PRIMERO QUE TIENE A MANO.) ¡Fuera!
MARÍA
Haré que tus hijos se encarguen de todo.
María abandona la habitación con las medicinas. José
cae rendido.
ESCENA VIII
Isabel, Jaime y Paco están alrededor de la mesa camilla. Repasan
los papeles del divorcio de José y María.
PACO
No deberíamos consentirlo.
ISABEL
¡Ay! Yo ya no sé qué pensar de todo esto.
JAIME
¡Qué hagan lo que quieran!
ISABEL
Paco, papá no está bueno. Se ha vuelto loco. Él no
sabe lo que dice, ni lo que piensa. Se ha convertido en… en no sé
qué. Ya no es el de antes. No sabes cómo me tiene.
JAIME
Me teníais que haber hecho caso.
ISABEL
Esto es una locura.
PACO
Vale que papá haya perdido la cabeza. Pero, ¿qué
me dices de mamá? Ella también quiere el divorcio, Isabel.
Y mamá no está loca.
ISABEL
¿Pero tú te crees lo que van a alegar? Diferencias irreconciliables.
¡A los ochenta años se han dado cuenta de que son incompatibles!
Eso, ¿en qué cabeza cabe?
JAIME
No. Eso no es lo único que alegan. Dicen que ya no se quieren.
ISABEL
¿Y tú te lo crees?
JAIME
Es lo que dicen, Isabel. Ya no quieren estar juntos.
ISABEL
La culpa de todo la tiene esa maldita enfermedad de papá. No el
amor.
PACO
¿Y si es cierto? ¿Y si ya no se quieren?
ISABEL
¡Tonterías! Tenemos que impedir esta locura, Paco.
PACO
Te aseguro, Isabel, que con mamá es imposible dialogar. Quiere
el divorcio y no se hable más. Para ella no hay razonamiento posible.
Es como si odiase a papá.
ISABEL
¿Pero es que no te das cuenta? Lo único que le pasa a madre
es que ha sufrido mucho con todo esto. Papá le ha hecho mucho daño.
Pero…
JAIME
¿Por qué te cuesta tanto creer que ya no se amen? Puede
haberles sucedido, así, sin más.
ISABEL
No me voy a tragar que mis padres, mi modelo de familia y de pareja, se
deshaga de buenas a primera por culpa de una enfermedad. Ella debería
quedarse a su lado. ¿Ves cómo madre siempre ha ido a lo
suyo? En el momento más difícil en la vida de papá,
le abandona.
JAIME
¡Pero si la iba a matar! ¡Como para no querer abandonarle!
A ver qué harías tú…
ISABEL
Paco, por Dios, vamos a hacer algo.
PACO
Isabel, yo estoy tan… de piedra como tú. ¿Qué
quieres que te diga? Pero mamá dice que no se quieren. Desean hacer
cada uno su vida, por su cuenta.
JAIME
¡Su vida! ¡Qué graciosos! ¿Pero qué vida?
Tu padre no puede andar sin darse un golpe. Eso sin contar, claro está,
con la locura esa que tiene. Y tu madre, no ve y casi no oye. Tiene azúcar
y artrosis en las rodillas. ¡Hacer cada uno su vida! ¡Hay
que joderse!
ISABEL
¿No habrá otra?
JAIME
¡Sí claro! La vecina de enfrente, que está en silla
de ruedas y tiene casi cien años. ¡Con esa quiere rehacer
su vida!
PACO
No seas bruto. ¿Cómo va a haber otra, Isabel? ¿De
dónde la va a sacar? Si llevan toda la vida pegado el uno al otro.
JAIME
Ese quizás ha sido el problema…
ISABEL
¡El problema es esa maldita enfermedad y nada más! (ROMPE
A LLORAR.) No me puedo creer que vayamos a permitir esto.
PACO
(ABRAZA A SU HERMANA.) No llores. No podemos hacer nada. Sé lo
mucho que te duele. Pero tenemos que respetar la decisión que han
tomado. No quieren seguir juntos. Por los motivos que sean, Isabel. Por
falta de amor, porque ya no se soportan, porque necesitan espacio, por
la enfermedad… Llámalo como quieras. Se divorcian. Eso es
todo.
JAIME
Punto y final.
ISABEL
Así de fácil. Tú lo ves así de fácil
y… de simple y de sencillo. Se tiran cincuenta años por la
borda, pero no pasa nada.
PACO
Mamá se queda conmigo, pero ¿qué pasa con papá?
ISABEL
¿Qué pasa?
JAIME
¿Cómo que qué pasa? ¡Tú sigues en tu
mundo, joder! Hay que internar a tu padre.
ISABEL
¿Otra vez con esas?
PACO
Isabel, está muy mal. Cada vez peor. No te digo un sanatorio. Pero…
ISABEL
El hospital no.
JAIME
Una residencia.
PACO
En el hospital no van a querer tenerlo. En realidad, no hay motivos para
tenerlo allí, ya nos lo dijeron esta última vez.
ISABEL
Aún no hemos terminado con el asunto del divorcio y ya pasáis
a otra cosa. ¿Es que lo damos por terminado? ¿Se divorcian
y ya está?
María entra en la habitación. Trae una pequeña caja
con varios objetos que pertenecen a José.
MARÍA
Estas cosas son de tu padre, Isabel. Si se va a quedar con vosotros, llévatelas.
ISABEL
Madre, ¿está segura de…
MARÍA
¡Ay, hija! Ya lo hemos hablado mil veces. ¿Están listos
los papeles?
JAIME
Sí. Los estábamos revisando. El lunes, tenéis que
ir al juzgado. El abogado vendrá mañana.
MARÍA
Yo no quiero nada de él. Díselo a ese señor.
JAIME
Bueno, por ley, te corresponden algunas cosas. No teníais separación
de bienes hecha y…
MARÍA
Nada, no quiero nada. Ni la casa del pueblo, ni la de aquí. Nada.
ISABEL
Madre…
PACO
Mamá, algo vas a necesitar para poder vivir…
MARÍA
Para el tiempo que me queda, no necesitaré mucho.
ISABEL
Madre, no sé qué ha pasado entre papá y tú,
pero tampoco debe ser para ponerse así, de buenas a primeras, con
lo de que no quieres nada de él.
MARÍA
Ya te lo he dicho. No quiero que luego me ande reprochando cosas.
ISABEL
Está enfermo, madre.
MARÍA
Esto ya no tiene nada que ver con la enfermedad.
ISABEL
¿Hay algo que Paco y yo debamos saber?
MARÍA
Nada.
ISABEL
¿Es que no sabes decir otra cosa?
PACO
Isabel…
ISABEL
No Paco. Ni Isabel ni leches. Tenemos derecho a saber de qué va
todo esto en realidad.
JAIME
Pero mira que eres pesada…
ISABEL
Esto no va contigo.
JAIME
¡Vaya! Cuando te conviene va conmigo y cuando no, que me den por…
MARÍA
Que sepáis que vuestro padre se quiere volver al pueblo.
JAIME
¿Qué?
MARÍA
Eso dice ahora. Quiere cuidar de las tierras.
PACO
¿Pero qué tierras? Si ya no queda casi nada y la casa está
hecha un desastre.
JAIME
No le vamos a hacer caso, está claro. Así que no te sulfures.
¡Al pueblo! Lo que faltaba por oír.
PACO
Cállate…
JAIME
¿Perdona?
PACO
Isabel tiene razón. Esto ya no va contigo. Estoy cansado de oír
ese timbre despectivo que le pones a todo lo que dices.
JAIME
(SE LEVANTA CON VIOLENCIA Y TIRA TODOS LOS PAPELES AL SUELO.) ¡Estoy
hasta la coronilla de todos vosotros! Del padre, de la madre, del hijo
y de todos. ¡No voy a consentir que se me mande callar en ninguna
parte! Esto no va conmigo, esto si va conmigo. Soy de la familia para
que os arregle los papeles, pero no lo soy para tomar determinadas decisiones.
¿Sabéis qué os digo? ¡Que me importan una mierda
la casa, el asilo, el sanatorio, el loco, todo!
Jaime abandona la habitación hecho una furia.
María mira a sus hijos en silencio.
MARÍA
No quería ocasionar tantas molestias…
PACO
Esto tenía que estallar tarde o temprano. No te preocupes.
ISABEL
Sí, supongo que era… previsible.
MARÍA
Terminemos con esto cuanto antes para que podamos tener un poco de paz,
todos.
ISABEL
Entonces, madre…
MARÍA
Nos divorciamos.
Isabel mira a su madre fijamente, en espera de algo más. Pero
María acaba por apartar los ojos.
ISABEL
Muy bien.
Isabel se marcha, sin mirar a nadie.
PACO
¿Estás segura… supongo?
MARÍA
Sí, estamos seguros. Ya no tiene nada que ver con la enfermedad,
os lo he dicho antes.
PACO
¿No hay otra forma de arreglarlo?
MARÍA
No.
Se levanta y recoge los papeles del divorcio que están esparcidos
por el suelo.
PACO
Siempre me ha sorprendido, madre, tu… entereza… tu decisión…
tu frialdad.
Paco la mira en silencio y se marcha.
María queda sola. Abre la caja de José y saca los objetos,
contemplándolos con nostalgia. La canción de Machín
comienza a sonar.
MARÍA
Cuántas cosas se dan siempre por hecho… Cuántas veces
nos equivocamos. Esa canción. Esa dichosa canción…
Nunca la bailaste conmigo, José. De eso estoy segura. Sin embargo…
Si recuerdo la letra de la canción… Y quien llevaba un vestido
azul con unas flores… blancas.
María deja que se le escapen las lágrimas.
MARÍA
El pelo oscuro, suelto… Sujetando esa onda con una horquilla roja…
Si hubieses estado conmigo aquella noche, José, cuántas
cosas podrían haber sido diferentes…
María cierra la caja.
INTERLUDIO
La canción Manhattan, por Tony Bennett, comienza a sonar sobre
el escenario. En una esquina, se encuentran Isabel y Paco, que hacen el
equipaje de su padre. El espacio está vacío, tan sólo
ocupado por sus cuerpos y esas maletas, las de una dolorosa separación.
ISABEL
No olvides meter en la maleta la caja que nos dio mamá. Quiere
que papá la tenga.
PACO
(BESA A SU HERMANA EN LA MEJILLA.) No te preocupes por nada. Papá
estará bien con vosotros. Y de mamá, ya me encargo yo, que
la sé llevar.
Continúan con el equipaje.
ISABEL
Hace poco volví a leer tus cartas. ¿Recuerdas aquella sobre
la nieve? He estado pensando en ella. En lo que decías…
PACO
Sí, la recuerdo. Me hubiera gustado que estuvieses allí,
conmigo.
ISABEL
He estado en tan pocos lugares… Siento que a mi edad, aún
me queda mucho por conocer, pero se me acaba el tiempo.
PACO
Podrías haberme visitado, pero no lo hiciste, en todos aquellos
años, nunca.
ISABEL
Siempre sucedía algo, en el último momento, que…
PACO
Él no quería venir. No hace falta que lo expliques. Nunca
le caí bien a tu marido. Cuando vivía allí, porque
me envidiaba. Cuando regresé, porque me despreciaba.
ISABEL
¿Por qué regresaste? Nunca pensé que…
PACO
Porque yo no fui a Nueva York en busca de fortuna, sino en busca de respuestas…
ISABEL
¿Y las encontraste?
PACO
Sí.
ISABEL
Sé a qué te dedicabas en realidad…
Ambos se miran en silencio. Isabel acaricia la mejilla de su hermano.
ISABEL
Pero aquí, abandonaste. ¿Recuerdas cuando nos disfrazábamos
y jugábamos a inventar historias? Las tuyas eran tan bonitas…
Siempre tuviste esa sensibilidad especial para explicar el mundo, que
sólo tienen los artistas.
PACO
Yo no tenía vocación. Pero sí deseos de buscar cosas,
conocer… Vamos cerrando etapas en nuestra vida para dejar paso a
otras, que están cargadas de experiencias nuevas.
ISABEL
Quizás también ha llegado el momento de cerrar etapas en
mi vida.
PACO
¿Por qué te casaste con él?
ISABEL
Porque le quería. Y porque en realidad, yo sólo buscaba
alguien que me quisiera. Así de simple.
PACO
En el fondo, eso es lo que deseamos todos, pero a veces, resulta tan complicado.
ISABEL
Lo más simple, es siempre lo más difícil.
PACO
A veces, te esfuerzas tanto en buscar algo, que no lo encuentras y quizás
esté delante de tus narices.
ISABEL
Creo que me he estado protegiendo todo este tiempo. Tienes tanto miedo
a sufrir, una vez que ya has sufrido, que te vas cerrando, cada vez más.
Te vuelves desconfiada y tomas una actitud defensiva ante la vida y ante
la gente que te rodea y que intenta quererte. Vas perdiendo tu capacidad
de amar. Yo me entregué tanto al amor por mamá, y fui tan
poco correspondida, que le cogí miedo a sentir. Cuando conocí
a Jaime… somos tan diferentes, sin apenas nada en común.
Él tiene sus cosas buenas, Paco. Y a mí, lo que más
me importaba era su manera de quererme, tal y como soy. Porque no es bueno
pretender hacer al otro a nuestra imagen y semejanza. Lo que no te dé
la persona con la que estás, lo tendrás que buscar por otro
lado. Pero lo importante es tener a esa persona junto a ti, compartiendo,
aportando, amando…
PACO
Entonces…
ISABEL
Que ya no sé si me gusta su manera de quererme. Quizás porque
ya no me quiere de la misma forma, quizás sea yo la que, ahora,
necesito otra cosa… Tal vez seamos los dos, o ninguno…
PACO
(ABRAZA A SU HERMANA.) Vamos cambiando. Se evoluciona y la otra persona
lo hace también, pero a su ritmo. Hay que buscar el equilibrio.
ISABEL
¿Por qué duele tanto el amor, Paco? Desearía amar
como la primera vez… Y dejar de tener tanto miedo a volver a querer
a alguien, ¿sabes?
PACO
Sí… te entiendo… A veces, pienso que también
debe haber alguien que me esté buscando. Esa persona que te hace
sentir un fuerte apretón en el pecho.
ISABEL
¡Ojalá pudiésemos enterrar esos fantasmas que todos
tenemos de una vez por todas! Algún día, encontrarás
a esa persona con la que compartir las cosas en las que deseas no seguir
estando solo.
PACO
Isabel, yo estoy cansado de personas que son muros infranqueables, que
poseen más miedos que yo e infinidad de barreras. ¿Por qué
es tan difícil dejarse llevar?
ISABEL
Quizás juzgues de antemano lo que alguien te va a dar.
PACO
Yo sólo busco esa caricia que el destino me niega desde hace tanto
tiempo… ¿Seré yo el error?
Isabel acaricia a su hermano y permanecen en silencio unos instantes,
cada uno inmerso en sus pensamientos.
ISABEL
Dime, ¿qué has encontrado tú en el amor?
PACO
Me encontré a mí mismo.
ISABEL
¿En Nueva York?
PACO
Sí, allí fue.
ISABEL
Pero en realidad, ya lo sabías antes de irte. Al menos, yo me había
dado cuenta.
PACO
Creo que contigo, nunca tuve miedo a ser yo mismo. Siempre me aceptaste
tal y como era. Papá, siempre en su mundo, nunca se daba cuenta
de nada. Y mamá…
ISABEL
Mamá lo sabe, por eso te rechaza. Las cosas son como son y no siempre
como queremos que sean.
PACO
¿Y a quién no rechaza mamá? Alguien que no se quiere
ni se perdona a sí mismo, es incapaz de aceptar y amar a los demás.
ISABEL
¿Cuándo pasará ella página?
PACO
Cuando esté preparada, supongo.
ISABEL
O cuando desee hacerlo…
Terminan de cerrar la maleta.
ISABEL
¿Qué pasó con él?
PACO
Se quedó en Nueva York. No encontró todas las respuestas…
Se miran. Isabel sonríe con ternura a su hermano. Se van, cada
uno con una maleta.
ESCENA IX
José está tumbado en la cama. Su aspecto ha empeorado mucho.
Le cuesta trabajo respirar y los ojos se le cierran, sin que pueda oponer
resistencia.
Jaime entra en la habitación. Trae las medicinas en una pequeña
bandeja.
JAIME
Es la hora de tu “Dog-Chau”.
Jaime ríe de esa forma tan desagradable que sólo a él
le sale. José no ha entendido la broma o, simplemente, ya nada
le hace gracia.
JAIME
A ver. Primero el jarabe, luego la pastilla azul, después las blancas
y la última la verde. Esta tarde vienen a pincharle.
A José no parece agradarle la idea.
JAIME
Ya sé que duele, y que es un fastidio. Pero no hay más remedio.
Se nos está poniendo usted muy malito y eso no puede ser.
JOSÉ
(CON UN HILO DE VOZ.) ¿Y el fútbol?
JAIME
Es más tarde. Pero si quiere, le pongo los toros.
JOSÉ
No, ya no me gustan. Hay muchos muertos y mucha sangre. En el fútbol
solo hay patadas y cabezazos, pero sin sangre.
JAIME
(RÍE.) ¡Buena observación! Muy buena, sí señor.
Pues no hay más que hablar. Nada de toros. Luego le traigo la tele
para ver el partido.
JOSÉ
¿Y no pondrán una película de mientras?
JAIME
¿De mientras qué?
JOSÉ
Mientras el fútbol empieza. Me aburro mucho.
JAIME
Pobrecito. ¿Quiere que le traiga un libro?
JOSÉ
¡Si yo ya no veo las letras esas tan pequeñas!
José empieza a toser.
JAIME
Bueno, bueno. No se sofoque. Le traigo la tele y ve usted lo que quiera.
Jaime sale de la habitación en busca del televisor.
José comienza a toser sin control.
JOSÉ
¡Este papagayo siempre jodiendo! ¿Por qué no se irá
de aquí de una vez y me deja en paz con mi hija? ¡Todo porqué
quiere tener la tele para él solo! ¡Egoísta! ¡Princesito
maricón!
Isabel entra, justo en el momento en que su padre parece que empieza
a asfixiarse.
ISABEL
¡Papá! ¿Estás bien? ¡Jaime!
Isabel intenta ayudar a su padre, pero no sabe muy bien como.
Jaime entra con el televisor sobre el mueble de ruedas.
ISABEL
¿Cómo se te ocurre dejarlo sólo así?
JAIME
Pero si estaba normal cuando me fui. Sólo tosía un poco.
ISABEL
Sabes que cuando empieza a toser ya no para. ¿Qué le has
dicho para sofocarlo?
JAIME
¡Y yo qué sé! Él se altera por nada. ¡A
ver si ahora voy a tener la culpa de todo!
José se asfixia.
ISABEL
(DESENCAJADA.) ¡Llama a una ambulancia, corre!
Jaime sale a toda prisa. Isabel intenta hacer que su padre respire.
ISABEL
Papá, por Dios, reacciona.
Paco entra en la habitación, alterado.
PACO
¿Qué pasa? Jaime me ha dicho que iba a llamar a una ambulancia.
ISABEL
(LLORANDO.) No respira, Paco. Se asfixia.
PACO
Vete a casa con mamá. Yo me quedo aquí hasta que venga la
ambulancia.
ISABEL
No. Yo me quedo.
PACO
Vete, Isabel. Jaime y yo nos vamos para el hospital.
ISABEL
¿Se lo decimos?
PACO
No. No le digas nada hasta que sepamos lo que tiene.
Isabel se marcha.
PACO
(INCORPORA A SU PADRE PARA QUE PUEDA RESPIRAR MEJOR.) Vamos, papá,
que te vas a perder el partido… ¡Con lo que te gusta el fútbol!
José cierra los ojos y deja caer los brazos.
PACO
¡Papá!
ESCENA X
Isabel y Jaime están en la mesa camilla, preparando una pequeña
bolsa con ropa para José.
ISABEL
Coge una maquinilla de afeitar. Creo que hay una en el baño.
JAIME
¿Para qué vas a coger una maquinilla? Tu padre ya no se
va a afeitar mucho.
ISABEL
¿Quieres hacer el favor de traer la maquinilla? Yo le afeitaré.
Quiero que esté guapo.
JAIME
¿Guapo para qué?
ISABEL
¿Por qué tienes que andar siempre haciendo la puñeta?
¿Qué más te dará coger la maquinilla? Quiero
que esté guapo y punto. Ya bastante mal aspecto tiene…
JAIME
¡Está bien, está bien!
ISABEL
El hospital ya es deprimente de por sí. Lleva tanto tiempo allí
metido… ¿Cuándo acabará todo esto?
JAIME
Acabará cuando…
ISABEL
¡Te lo advierto, ten cuidado con la bestialidad que vayas a decir!
JAIME
¡No iba a decir nada, leche! ¡Siempre estás a la defensiva!
ISABEL
¡Contigo no se puede estar de otra forma!
JAIME
¡Ultimamente no puedes estar conmigo de ninguna de las maneras!
ISABEL
¡Porque cada vez eres más insoportable!
JAIME
¡Pues ya sabes lo que tienes que hacer! ¡Quédate aquí
a vivir, con el inútil de tu hermano!
ISABEL
¡No te consiento que hables así de él! Estoy cansada
de que nunca le respetes. De que siempre estés intentando humillarle
y ridiculizarle como si fuese un imbécil. Mi hermano ha tenido
muchos más cojones que tú en la vida. ¡Así
que ya te estás enterando!
JAIME
¿Cojones? Pues no sé de dónde sacas esa idea.
ISABEL
¡Tú no sabes de misa la mitad!
JAIME
Seguramente sabré tanto o más que tú.
ISABEL
¿Y es por eso que le desprecias?
JAIME
Yo no le desprecio. Pienso que es un inútil, nada más. Y
un fracasado y un…
ISABEL
Ya quisieras ser tú la mitad de la gran persona que es mi hermano.
JAIME
No gracias, no quiero.
ISABEL
Yo no puedo seguir con esto…
JAIME
¿De qué hablas?
ISABEL
¿Es que no te das cuenta? Ya no te soporto. No soporto tu pavonería,
tu prepotencia, tu egoísmo. Estoy cansada de la vida que me das,
de la que me has dado. Y no quiero ni pensar la vejez que me pueda esperar
a tu lado. Yo no te voy a aguantar hasta los ochenta para luego decirte
que quiero rehacer mi vida. Ha llegado mi momento de pasar página…
JAIME
Tranquila, vale. Tranquila. Estás alterada por toda esta situación.
Pasas por un momento difícil, pero es algo pasajero.
ISABEL
No, Jaime, esto no es algo pasajero…
Isabel se sienta. Jaime la observa, sin saber muy bien que decir.
ISABEL
En algún momento del camino… Hemos dejado de amarnos.
JAIME
Pero si yo aún te amo. Siempre. Nada ha cambiado.
ISABEL
Entonces, he debido ser yo…
JAIME
Pero bueno, esta manía familiar que os ha entrado a todos, ¿es
hereditaria? A la vejez, os da el ataque de los desamores y de reorganizar
la vida. Yo… yo no entiendo nada. No lo puedo entender. Llevamos
toda la vida juntos y esta… esta es nuestra primera crisis, que
yo recuerde… No, no sé las cosas… las cosas se hablan
para solucionarlas. No se tira la toalla a la primera de cambio, Isabel.
ISABEL
No es nuestra primera crisis. Llevamos toda la vida en una crisis, Jaime.
JAIME
¡Toda la vida! ¡Qué derrotista eres, Dios! Pero, ¿es
que nunca has sido feliz a mi lado?
ISABEL
Ya no lo recuerdo. Quizás hubo momentos. Ya no lo sé. Hay
muchas cosas… que lo han empañado todo. Cosas a las que tú
te negabas, y yo transigía a tu negativa… Me callaba, aceptaba
y… Un día, descubres que ya no vas a aceptar lo que no deseas
de verdad. Un día quieres vivir una vida verdadera, tuya propia,
sin que nadie te la diseñe como si fuera una casa en la playa.
JAIME
¿Pero qué te he negado yo? ¡Si te lo he dado todo!
ISABEL
Tu negativa a visitar a mi hermano…
JAIME
Un viajito de nada.
ISABEL
Un hijo…
JAIME
Eso fue una decisión mutua.
ISABEL
¿Cómo de mutua es una decisión cuando la otra persona
te dice que no quiere tener hijos? Me pusiste el no por delante, Jaime.
No había opciones.
JAIME
Un hijo, Dios. Con lo que me ha costado levantar el negocio. ¡Como
para hijos estaba la cosa!
ISABEL
Te has convertido en lo que siempre has odiado…
JAIME
¿Qué dices? No soy un fracasado, eso es lo que yo no quería
ser… ¿Crees que he fracasado?
ISABEL
Te has convertido en alguien… como tu padre.
Jaime se sienta.
Isabel se levanta y le observa.
ISABEL
Te has transformado en esa persona demasiado ocupada en su trabajo, preocupada
por demostrar que era alguien, por triunfar en la vida… Pero que
se olvidó de que tenía un hijo. Un hijo que le necesitaba.
Y tú también te has esforzado toda tu vida en luchar y trabajar
para hacerte un hueco, un nombre… ¿Para qué? ¿Para
quién?
Jaime no contesta.
ISABEL
¿Para que se sintiera orgulloso de ti? No. Para que él supiera
que tu existías…
Isabel se dirige a la puerta.
ISABEL
Para acabar convirtiéndote en lo mismo que él.
Isabel se marcha.
Jaime esconde la cara entre sus manos.
ESCENA XI
Una luz azul blanquecina invade el espacio.
José está tumbado en una cama. Tiene la respiración
asistida y suero.
Hay una pequeña mesita de color blanco junto a la cama. Sobre la
mesita hay una foto de la boda de Isabel y Jaime y la fotografía
de Paco en Nueva York, bajo la nieve.
María está junto a la cama, sentada en una silla. Observa
las fotos de lejos.
MARÍA
Deberíamos haber ido a visitarle. No sé por qué no
lo hicimos. Lo pensamos muchas veces… La verdad, a mí también
me daba miedo volar…
En realidad, nunca hemos ido a ninguna parte. Marcharnos del pueblo cuando
las cosas empeoraron para venir a Madrid ya fue todo un viaje para nosotros.
Mis padres no querían, les parecía una locura eso de venirnos
con los niños. Aunque los niños, ya no eran tan niños.
Paco no heredó el gusto por la labranza y la cría de cerdos…
No me extraña, son asquerosos. Yo los odiaba. De pequeña,
me daban miedo. Pensaba que si un día me caía dentro de
la pocilga, me comerían viva, sin pensárselo.
¡Qué grande nos parecía Madrid! Y eso que casi nunca
hemos salido del barrio… ¡Imagínate Nueva York! ¡Qué
locura de ciudad!
Se necesita valor para viajar hasta allí.
Paco entra en la habitación. Trae algo de comer para su madre.
PACO
No sabía que hubieses enmarcado esa foto.
MARÍA
Sí, la enmarqué… Es bonita.
Paco deja la bandeja y coge la foto.
PACO
La nieve…
MARÍA
A ti siempre te ha gustado mucho la nieve, con lo fría que es.
PACO
Sí es fría, pero también suave y…
MARÍA
Blanca.
PACO
Blanca, sí. ¿Cómo está papá?
MARÍA
Muerto… si no fuera por esta máquina que le ayuda a respirar.
PACO
Te he traído algo de comer.
MARÍA
No tengo hambre.
PACO
Tienes que comer algo mamá. Llevas aquí días, debes
estar cansada.
MARÍA
Llevo días velando a mi ex marido. Cualquiera lo diría.
Las cosas pasan tan rápido…
Paco y María se miran en silencio. Él se acerca a su madre
y le acaricia la mejilla.
PACO
Tienes una piel muy suave.
MARÍA
Sí, a mi edad…
PACO
Saldrá de esta.
MARÍA
No saldrá. Es una pena que todo acabe tan mal.
PACO
Lo de vuestra separación fue una rabieta absurda, mamá.
No quisiste aceptar que papá no pensaba lo que decía, que
estaba enfermo sin más.
Isabel entra en la habitación con una botella de agua y unos vasos
de plástico.
PACO
Él siempre te ha querido mucho y lo sabes, no deberías haberle
dado más importancia de la que tenía a todo lo que le estaba
pasando.
MARÍA
Él quería el divorcio.
ISABEL
Y tú vas y le sigues la corriente, sabiendo como sabías
que se le había ido la cabeza.
MARÍA
Tú no lo entiendes…
ISABEL
No hay mucho que entender. Te apartaste de su lado cuando más lo
necesitaba. Siempre has ido a lo tuyo, madre.
MARÍA
¿Eso es lo que los dos pensáis de mí?
PACO
No creo que sea el momento de hacer reproches, Isabel. Papá se
está muriendo.
ISABEL
¿Entonces cuándo? ¿Cuándo vamos a hablar de
verdad?
MARÍA
¿Por qué no sacas fuera todo tu odio, hija? Aprovecha ahora
que estamos los cuatro, aunque tu padre no pueda oírte.
ISABEL
¿Quieres que te diga lo que pienso?
MARÍA
Di todo lo que quieras.
ISABEL
Nunca has tenido un gesto amable, una muestra de cariño. Has estado
aquí, siempre, a nuestro lado, y sin embargo, siempre ha sido como
si no estuvieses…
PACO
Isabel…
ISABEL
A mi lado, cuando te he necesitado, junto a papá, incluso ahora,
cerca de Paco… Pero simplemente, madre, has estado. Sin participar,
sin implicarte, presente, pero ausente. Como si observaras desde la distancia.
Como si todo esto, en realidad, no fuera contigo.
MARÍA
Hay tantas cosas que no sabes…
ISABEL
¿Y qué hay que saber? ¿Qué, madre?
María se levanta de la butaca y coge la foto. Quita el marco y
descubre la foto de Luisa bajo la de Paco.
ISABEL
Eso ya lo sabíamos. Ella murió, y tú no te lo perdonas.
Me he sentido rechazada durante años por ti y siempre he pensado
que lo hacías porque me veías como una sustituta de Luisa.
Yo ocupaba el lugar que ella había dejado. ¿Pero eso era
lo que tu querías en realidad? Yo creo que no. Después de
ella, tú no querías que hubiese otro hijo, y mucho menos,
otra hija.
PACO
Isabel, estás hablando de más. No es justo lo que dices.
ISABEL
Yo sólo digo lo que siento.
MARÍA
(CON LA FOTO DE LUISA EN LA MANO, NO HA DEJADO DE OBSERVARLA.) Tenía
dos años… No sé como pasó, pero siempre he
pensado que de alguna manera, aquella noche quería que sucediese…
algo…
María regresa a la butaca. Se la ve fatigada. Paco e Isabel se
miran, con cierto temor.
José, inconsciente, deja escapar un ligero quejido.
MARÍA
Paco estaba enfermo. Llevaba unos días con fiebre. Yo no pegaba
ojo desde no sé cuándo. Estaba preocupada por mi niño.
Mi madre había perdido cuatro hijos por culpa de las fiebres. Eran
otros tiempos, pero a mí me asustaba… tenía miedo.
María se reclina y se mece con suavidad.
MARÍA
Como siempre, yo estaba sola. Tu padre había pasado todo el día
en el campo, como siempre…
Ya eran más de las once y no había regresado.
Aquella noche, había baile en el pueblo. Una orquesta iba a tocar…
Esas canciones de Machín que a tu padre tanto le gustaban…
Yo siempre lo había sabido. Pero en aquella época, aunque
lo supieses, no podías hacer nada más que callar. Al fin
y al cabo, tu padre era bueno conmigo y me quería mucho, aunque
él necesitase… Los hombres son de otra manera, hija. A ellos
no les remuerde tanto la conciencia y se dejan llevar más por sus
placeres.
Isabel se sienta en la cama, junto a su padre y le mira, con pesadumbre.
MARÍA
Siempre odié el campo, y los cerdos y el huerto. Aquel día,
no sé por qué, hija, ya no podía más.
Estaba cansada del trabajo, cansada de los días que pasaban uno
tras otro, agotada de mi vida, de esa vida que alguien había elegido
por mí y que yo no me veía capaz de cambiar ni tampoco sabía
la forma de cambiarla…
Isabel acaricia la mano de su padre.
MARÍA
Y Luisa lloraba… lloraba sin parar. No sé que le pasaba.
La tocaba, y no tenía fiebre. Apreté con cuidado su estómago,
y no se quejaba. Le preguntaba si tenía hambre, pero ella sólo
lloraba.
Paco se acordará de lo mucho que lloraba Luisa. Hay niños
que son así. Tú habías sido todo lo contrario. No
se te escuchaba. Pero tu hermana…
Pasaban los minutos y yo oía de lejos la música del baile
que se mezclaba con el llanto de la niña. Yo no quería estar
sola. Aquella noche, no soportaba estar sola. Podía ver en mi mente
lo que estaba haciendo tu padre, mientras yo seguía en casa, con
un ni&ntild