TANGO DEL MAL PARTOHUGO SAAVEDRATEATRO DANZAPROLOGO: Es necesario curar al hombre del dolor de la existencia del tiempo. Viejo dolor que nace con el hombre. El feto trae con él, (dentro de él), la semilla de la muerte. Trae la conciencia del tiempo. Hay un tiempo de nacer, un tiempo de vivir y un largo tiempo de morir. Hay un "gran tiempo" que va desde el "tiempo del paraiso" al "tiempo del infierno". Hay un tiempo que va desde la evolución del feto que trae dentro de él la semilla de la muerte -semilla que va creciendo con el hombre hasta abarcarlo todo- y hay un tiempo de vivir que pasa, entre otras cosas, por "el reloj de Soulas, el paraiso de Kalondi, el hongo atómico, la mujer embarazada con una máscara antigás, la huella del hombre en la luna y el infierno del Bosco" y todos los etcétera que queramos agregarle. Y hay también una pareja que baila mientras... la lluvia llueve tango oscuro sobre el empedrado de las calles... Hay, en este intento, una búsqueda de imágenes. Cómo en los sueños -cómo en el pensamiento- se salta de una a otra imagen sin respetar las leyes formales del tránsito temporo-espacial. No hay una dimensión única. Este no es un relato fantástico. Estas imágenes son las divagaciones de un loco que tiene raptos de lucidez asombrosa. Es la confesión robada a alguien que jamás confesará lo que confiesa. El parto doloroso de un cerebro enfermo. -¿enfermo?- . Desgarrada visión de una mente. Viaje alrededor de un cráneo. Remoción de la culpa y del pecado. Visión fantástica de imágenes que se creían muertas y enterradas. El olvido no es más que un vano intento de la memoria. Vano intento condenado al fracaso. Voluntario suicidio para no morir. El rechazo al orden social y su intensa pasión sexual, lo tornan ideal para nosotros, habituales amantes del tema , y lo convierten en algo que tiene todo que ver con la vida y con la muerte. "Evita", "la niña", "la puta vieja", "los maniquíes", "el tanguero de charol lustrado con manteca", "Gardel", "Evaristo Carriego", "la huella del pie en la luna", todo, todos, se vuelven locos tratando de contarnos algo, pero no con la voz de los ruiseñores, inexistentes en Buenos Aires, sino con la voz triste de nuestros gorriones importados. Es que esto, en definitiva, no son más que los adoquines de un tango añil oscuro, empapados por la lluvia...
Escena negra.
Se escucha como base, un procesado de “Garúa”.
Se ilumina un maniquí de modista de barrio de los años cincuenta. Es un maniquí común, gris, simple, con ropas negras de hombre tiradas sobre él. A los costados, se iluminan mas maniquíes, con “pilchas” de mujeres sobre ellos.
Queda un maniquí de hombre rodeado por muchos maniquíes de mujeres que lo observan.
La música de “Garúa” se corta con un grito, un alarido, que después se va transformando en un llanto de bebe.
Apagón
Se escucha, intensa, potente, como un golpe de K.O. una Voz: Mamá murió cuando yo nací.
Vuelve a escucharse la música de “Garúa”. Comienza a iluminarse la escena.
Aparece, sólo, sólo, el “hombre de negro”, quien, con el estilo y la técnica de la danza contemporánea, interpreta, la música de “Garúa”. El piso está cubierto de fotografías de rostros de hombres.
Aparece “la mujer”, con antigua cara de tanguera, con propia cara de tango triste. Maniática, toma las fotos del suelo y les dibuja con rouge, corazones y corazones y corazones. Luego, se pinta un corazón rojo carmín con algo de granate, un corazón sobre sus labios. Luego, otro sobre toda su cara. Se acerca al “hombre de negro” que se había quedado detenido, quieto, duro como una estatua y se funde con él en actitud de tango.
Luz roja
Voz: Su panza era como una naranja madura... Con una yilé, le hicieron un tajo desde el ombligo hasta la concha...
Voz de “hombre de negro”: Pero no la pudieron salvar... Tenía cáncer.
“la mujer” se desploma en el piso.
El “hombre de negro” la toma de los tobillos y la arrastra, sacándola del escenario.
Se escucha, intensa, oscura, trepidante, una marcha de pompas fúnebres.
“la gente del coro de las calas” , ingresa, en larga fila, con aspecto de participantes de un velatorio, llevando calas en la mano.
En tono de rezo, repiten, como rezando un rosario: mamá murió cuando yo nací. Su panza era como una naranja madura... con una yilé, le hicieron un tajo desde el ombligo hasta la concha... pero no la pudieron salvar. Tenía cáncer. Un cáncer redondo. Perfecto.
Voz de “hombre de negro”: Tenía cáncer. Un cáncer redondo. Perfecto.
Mientras “la gente del coro de las calas” reza, se oye una
Voz: Es necesario curar al hombre del dolor de la existencia del tiempo. Dolor que nace con el hombre. El feto trae con él, (dentro de él), la semilla de la muerte. Trae la conciencia del tiempo. Hay un tiempo de nacer, un tiempo de vivir y un largo tiempo de morir. Hay un “gran tiempo” que va del “tiempo del paraíso” al “tiempo del infierno”.
Voz : un reloj de arena con la parte de arriba repleta de gente amontonada, mezclada, entremezclada, que se refriega entre y contra sí, rompiéndose, quebrándose, despedazándose, mientras los huesos de sus esqueletos, tiempo que ya pasó, van cayendo hacia abajo...
“la gente del coro de las calas”, mientras se oye cada vez con mas potencia la marcha de pompas fúnebres, pasa por un molinete de subterráneo, saliendo de él con máscaras de calaveras puestas y las calas muertas, caídas entre sus manos .
Voz : y hay también una pareja que baila, mientras la lluvia llueve tango oscuro sobre el empedrado de las calles...
Aparece “la mujer”. Su cara se ha transformado en una calavera. Luego, toma un lápiz labial y se dibuja un corazón sobre su cara - calavera.
Entra el “hombre de negro”. La toma en sus brazos y comienzan a bailar tango.
Voz: La mano fuerte y dura del bailarín porteño, negro, lustroso, brilloso, brillante, bailarín de charol lustrado con manteca, desde la cintura de “la mujer”, la comanda, la guía, le indica, la lleva. La va mostrando, ofreciendo a la mirada de los demás, algo que sólo es para él, pero que él muestra y ofrece como si lo quisiera vender, como si “ eso ”, que es de él, pudiese ser comprado por cualquiera.
Voz de “ hombre de negro ” (recitando, mientras baila): “Repasada por todos, garroneada por muchos no tendrás la aliviada de mi amor cadenero por un taura principio de desdén por los puchos”. (Carlos de la Púa. La Crencha engrasada)
Voz: Los brazos de la mujer, parecen ser los del hombre que baila con ella. Las manos que se apoyaban en la cintura bajan, suaves y acariciantes por sus nalgas, y, abriéndolas, nos muestran su amarronada estrella azul.
Voz: “Como el viejo perfume de un frasco destapado” (Cátulo Castillo)
Voz de “la mujer”: El terciopelo negro me tiñe los brazos. Mis manos son de charol enmantecado. Acarician mis nalgas y las abren. ¿Quién quiere chorrear con su leche mi cáncer?
Voz: Adentro de ese cáncer venía yo.
Se empiezan a escuchar, suavemente primero, creciendo luego, los sonidos del llanto de un bebe.
Voz: Abrieron el cáncer como quien parte un durazno brisco. Adentro del durazno había un carozo. Adentro del carozo estaba yo, enroscadito, rosado y cabezón...
Los sonidos del corazoncito bum bum bum bum bum bum van creciendo y creciendo hasta tapar al tango y convertirse en lo único que se escucha en la sala bum bum bum bum bum bum
Sonido de Explosión Atómica.
Una jovencita, una niña, “la niña”, entra, revolcándose por el piso, como empujada por la explosión. Queda tirada en un rincón. No sabe como ni porque esta allí. Se tapa las tetitas con los brazos. Quiere incorporarse. Le cuesta. Trastabilla. No sabe bien que hacer.
“la mujer” la observa con libidinoso placer. Se acerca a ella y, como si fuese un hombre, la toma en sus brazos. Empiezan a danzar. Son algo así como la pureza y la muerte bailando tango.
Voz de “hombre de negro”, que, señalando acusador y duro a “la niña”, le recita: “Y hubo en la jaula azul de tu corpiño, un temblor de palomas moribundas”. Evaristo Carriego
Sobre el escenario, se proyectan, entremezcladas, figuras del Jardín de las Delicias, del Bosco, que representan el INFIERNO
Voz de “ hombre de negro ”, que, señalando acusador y duro a “la niña”, le recita: “Y hubo en la jaula azul de tu corpiño, un temblor de palomas moribundas”. Evaristo Carriego
“la mujer” observa a “la niña”, con libidinoso placer. Se acerca a ella y, como si fuese un hombre, la toma en sus brazos. Empiezan a danzar. Son algo así como la pureza y la muerte bailando tango.
Sonido de Explosión Atómica.
Se empiezan a escuchar, suavemente primero, creciendo luego, los sonidos del llanto de un bebe.
Voz: Abrieron el cáncer como quien parte un durazno brisco. Adentro del durazno había un carozo. Adentro del carozo estaba yo, enroscadito, rosado y cabezón...
Los sonidos del corazoncito bum bum bum bum bum bum van creciendo y creciendo hasta tapar al tango y convertirse en lo único que se escucha en la sala bum bum bum bum bum bum
Aparece “la mujer”. Su cara se ha transformado en una calavera. Con un lápiz labial se dibuja un corazón sobre su cara - calavera. Entra el “hombre de negro”. La toma en sus brazos y comienzan a bailar tango.
Voz: La mano fuerte y dura del bailarín porteño, negro, lustroso, brilloso, brillante, bailarín de charol lustrado con manteca, desde la cintura de “la mujer”, la comanda, la guía, le indica, la lleva. La va mostrando, ofreciendo a la mirada de los demás, algo que sólo es para él, pero que él muestra y ofrece como si lo quisiera vender, como si “eso ”, que es de él, pudiese ser comprado por cualquiera.
Voz de “hombre de negro” (recitando, mientras baila): “Repasada por todos, garroneada por muchos no tendrás la aliviada de mi amor cadenero por un taura principio de desdén por los puchos”.
Voz: Los brazos de la mujer, parecen ser los del hombre que baila con ella. Las manos que se apoyaban en la cintura bajan, suaves y acariciantes por sus nalgas, y, abriéndolas, nos muestran su amarronada estrella azul.
Voz: “Como el viejo perfume de un frasco destapado”
Voz de “la mujer”: El terciopelo negro me tiñe los brazos. Mis manos son de charol enmantecado. Acarician mis nalgas y las abren. ¿Quién quiere chorrear con su leche mi cáncer?
Voz: Adentro de ese cáncer venía yo.
Se empiezan a escuchar, suavemente primero, creciendo luego, los sonidos del llanto de un bebe.
Voz: Abrieron el cáncer como quien parte un durazno brisco. Adentro del durazno había un carozo. Adentro del carozo estaba yo, enroscadito, rosado y cabezón...
Se escucha, intensa, oscura, trepidante, una marcha de pompas fúnebres. “la gente del coro de las calas” , ingresa, en larga fila, con aspecto de participantes de un velatorio, llevando calas en la mano. En tono de rezo, repiten, como en un rosario: mamá murió cuando yo nací. Su panza era como una naranja madura... con una yilé, le hicieron un tajo desde el ombligo hasta la concha... pero no la pudieron salvar. Tenía cáncer. Un cáncer redondo. Perfecto.
Voz de “hombre de negro”: Tenía cáncer. Un cáncer redondo. Perfecto.
Mientras “la gente del coro de las calas” reza, se oye una Voz: Es necesario curar al hombre, del dolor de la existencia del tiempo. Dolor que nace con el hombre. El feto trae con él, (dentro de él), la semilla de la muerte. Trae, la conciencia del tiempo. Hay un tiempo de nacer, un tiempo de vivir y un largo tiempo de morir. Hay un “gran tiempo” que va del “tiempo del paraíso” al “tiempo del infierno”.
Voz : un reloj de arena con la parte de arriba repleta de gente amontonada, mezclada, entremezclada, que se refriega entre y contra sí, rompiéndose, quebrándose, despedazándose, mientras los huesos de sus esqueletos, tiempo que ya pasó, van cayendo hacia abajo...
“la gente del coro de las calas”, mientras se oye cada vez con mas potencia la marcha de pompas fúnebres, pasa por un molinete de subterráneo, saliendo de él con máscaras de calaveras puestas y las calas muertas, caídas entre sus manos .
Voz : y hay también una pareja que baila, mientras la lluvia llueve tango oscuro sobre el empedrado de las calles...
Voz: Su panza era como una naranja madura... Con una yilé, le hicieron un tajo desde el ombligo hasta la concha... Pero no la pudieron salvar... Tenía cáncer.
El “hombre de negro” se desploma, como muerto, en el piso. “la mujer” lo toma de los tobillos y lo arrastra, sacándolo del escenario.
Se ilumina un maniquí de modista de barrio de los años cincuenta. Es un maniquí común, gris, simple, con pilchas de mujer tiradas sobre él. Se iluminan a los costados mas maniquíes similares, con ropas negras de hombre sobre ellos. Es todo como un maniquí de mujer rodeado por muchos maniquíes de hombres que lo observan.
La música de “Garúa” se corta con un grito, un alarido, que después se va transformando en un llanto de bebe.
Apagón
Se escucha, intensa, potente, como un golpe de K.O., una Voz: Mamá murió cuando yo nací.
Vuelve a escucharse la música de “Garúa”.
Comienza a iluminarse la escena.
Aparece, sólo, sólo, el “hombre de negro”, quien, con el estilo y la técnica de la danza contemporánea, interpreta, la música de “Garúa”. El piso está cubierto de fotografías de rostros de hombre.
Aparece “la mujer”, con antigua cara de tanguera, con propia cara de tango triste. Maniática, toma las fotos del suelo y les dibuja con rouge, corazones y corazones y corazones. Luego, se pinta un corazón rojo carmín con algo de granate sobre sus labios. Sobre toda su cara. Se acerca al “hombre de negro” que se había quedado detenido, quieto, duro como una estatua negra y se funde con él en actitud de tango.
Voz: Su panza era como una naranja madura... Con una yilé, le hicieron un tajo desde el ombligo hasta la concha... Pero no la pudieron salvar... Tenía cáncer.
“la mujer” se desploma, como muerta, en el piso. El “hombre de negro” la toma de los tobillos y la arrastra, sacándola del escenario. Se escucha, intensa, oscura, trepidante, una marcha de pompas fúnebres.
“la gente del coro de las calas” , ingresa, en larga fila, con aspecto de participantes de un velatorio, llevando calas en la mano. En tono de rezo, repiten, como en un rosario:
mamá murió cuando yo nací. Su panza era como una naranja madura... con una yilé, le hicieron un tajo desde el ombligo hasta la concha... pero no la pudieron salvar. Tenía cáncer. Un cáncer redondo. Perfecto.
Voz de “hombre de negro”: Tenía cáncer. Un cáncer redondo. Perfecto.
Mientras “la gente del coro de las calas” reza, se oye una Voz:
Es necesario curar al hombre, del dolor de la existencia del tiempo. Dolor que nace con el hombre. El feto trae con él, (dentro de él), la semilla de la muerte. Trae, la conciencia del tiempo. Hay un tiempo de nacer, un tiempo de vivir y un largo tiempo de morir. Hay un “gran tiempo” que va del “tiempo del paraíso” al “tiempo del infierno”.
Voz : un reloj de arena con la parte de arriba repleta de gente amontonada, mezclada, entremezclada, que se refriega entre y contra sí, rompiéndose, quebrándose, despedazándose, mientras los huesos de sus esqueletos, tiempo que ya pasó, van cayendo hacia abajo...
“la gente del coro de las calas”, mientras se oye cada vez con mas potencia la marcha de pompas fúnebres, pasa por un molinete de subterráneo, saliendo de él con máscaras de calaveras puestas y las calas muertas, caídas entre sus manos .
Voz: y hay también una pareja que baila, mientras la lluvia llueve tango oscuro sobre el empedrado de las calles...
Aparece “la mujer”. Su cara se ha transformado en una calavera. Luego, toma un lápiz labial y se dibuja un corazón sobre su cara - calavera.
Entra el “hombre de negro”. La toma en sus brazos y comienzan a bailar.
Voz: La mano fuerte y dura del bailarín porteño, negro, lustroso, brilloso, brillante, bailarín de charol lustrado con manteca, desde la cintura de “la mujer”, la comanda, la guía, le indica, la lleva. La va mostrando, ofreciendo a la mirada de los demás, algo que sólo es para él, pero que él muestra y ofrece como si lo quisiera vender, como si “eso”, que es de él, pudiese ser comprado por cualquiera.
Voz de “hombre de negro” (recitando, mientras baila): “Repasada por todos, garroneada por muchos no tendrás la aliviada de mi amor cadenero por un taura principio de desdén por los puchos”.
Voz: Los brazos de la mujer, parecen ser los del hombre que baila con ella. Las manos que se apoyaban en la cintura bajan, suaves y acariciantes por sus nalgas, y, abriéndolas, nos muestran su amarronada estrella azul.
Voz: “Como el viejo perfume de un frasco destapado”
Voz de “la mujer”: El terciopelo negro me tiñe los brazos. Mis manos son de charol enmantecado. Acarician mis nalgas y las abren. ¿Quién quiere chorrear con su leche mi cáncer?
Voz: Adentro de ese cáncer venía yo.
Se empiezan a escuchar, suavemente primero, creciendo luego, los sonidos del llanto de un bebe.
Voz: Abrieron el cáncer como quien parte un durazno brisco. Adentro del durazno había un carozo. Adentro del carozo estaba yo, enroscadito, rosado y cabezón...
Los sonidos del corazoncito bum bum bum bum bum bum van creciendo y creciendo hasta tapar todo y convertirse en lo único que se escucha en la sala bum bum bum bum bum bum
Sonido de Explosión Atómica .
Una jovencita, una niña, “la niña”, entra, revolcándose por el piso, como empujada por la explosión. Queda tirada en un rincón. No sabe como ni porque esta allí. Se tapa las tetitas con los brazos. Tiene vergüenza. Quiere incorporarse. No sabe bien que hacer.
“ la mujer ” la observa con libidinoso placer. Se acerca a ella y, como si fuese un hombre, la toma en sus brazos. Empiezan a danzar. Son algo así como la pureza y la muerte bailando tango.
Voz de “ hombre de negro”, que, señalando acusador y duro a “ la niña ”, le recita: “Y hubo en la jaula azul de tu corpiño, un temblor de palomas moribundas”. Evaristo Carriego
La música, a fondo, nos aturde y estremece con una marcha de pompas fúnebres. Es algo aterrador.
Sobre el escenario, se proyectan, entremezcladas, hermosas figuras horrendas del Jardín de las Delicias, del Bosco, que representan el INFIERNO
El sonido de la marcha de pompas fúnebres se va desvaneciendo, mientras la lluvia llueve tango oscuro sobre el empedrado de las calles.
Voz: Los gorriones se han callado.
Voz de “ la mujer ”: Supongo que cuando yo este muerta, quietita y estirada en mi sepultura, tendré paz...
Suena “Garúa”: Que noche llena de hastío y de frío... No se ve a nadie cruzar por la esquina... Sobre la calle la hilera de focos... Lustra el asfalto con luz mortecina... Y yo voy como un descarte, Siempre sólo, Siempre aparte, Recordándote... Las gotas caen sobre el charco de mi alma... Hasta los huesos calado y helado... Y humillando este tormento Todavía pasa el viento Empujándome...
Voz : Mamá se murió. Yo no.
Sigue sonando “Garúa”: ¡Garúa...! sólo y triste por la acera va este corazón transido con tristeza de tapera... sintiendo... tu hielo... porque aquella con su olvido hoy le ha abierto una gotera... ¡Perdido...! como un duende que en la sombra más la busca y más la nombra. Garúa... Tristeza... Hasta el cielo se ha puesto a llorar...
Voces: Mamá se murió. Yo no. Mamá se murió. Yo no. Mamá se murió. Yo no.
MAMA SE MURIO. YO NO. |