TAJO PROFUNDOPATRICIA SUÁREZARIEL BARCHILÓNPersonajes: Mireya Lalo Krizia Mireya- Me hizo un tajo aquí, entre los pechos. Profundo. Usó una navaja especial. Luego, me separó con delicadeza la herida y después metió la mano y me sacó el corazón. No sentí nada. Ningún dolor. Tampoco me quedó marca ni cicatriz, pero se llevó mi corazón. Mirá, ( se abre el escote ) ¿Querés verlo? Lalo- ¿Qué hacés? ¡Cerrate eso, querés! Mireya- ¿No querés ver? Lalo- No. ( Pausa ) Fue un sueño, Mireya. Mireya- No, no. Lo vi, lo sentí, olí su piel. Estaba despierta, con los ojos abiertos. El me dijo que no iba a dolerme. Que necesitaba mi corazón por siete días y que después me lo iba a devolver. Lalo- ( Se ríe, nervioso ) Déjate de joder Mireya- Te hablo en serio. ( Pausa ) Lalo- ¿Qué te pasa? Decime: ¿Qué te pasa? Mireya- Es feo vivir sin corazón. No sentís nada. Lalo- ¡Terminala, querés! ¡Te morís sin corazón! Mireya- Vos querías saber qué me pasaba. Lalo- Y claro. Quiero saber qué te pasa, no un cuento. Mireya- Me pasa que me sacaron el corazón. Lalo- ( Se ríe, nervioso ) ¡Qué decís! Yo te pregunté por qué estás tan distante conmigo. Mireya- Acabo de explicarte, pero vos no me creés. Lalo-¿Cómo querés que crea semejante tontería? Mireya- Yo tampoco lo creía al principio, pero después me convencí. Cuando me miro al espejo me doy cuenta: mis ojos ya no brillan. Y no siento necesidad de comer ni de dormir. Tampoco tengo sentimientos. Lalo- Vos estás muy rara. Deberíamos consultar con un médico. Mireya- No. El me dijo que si iba a un médico y se descubría que no tenía corazón, que me declararían muerta y moriría. Me dijo que esperara, que necesitaba mi corazón para prestárselo a otra persona durante una semana y que luego volvería a ponérmelo. Lalo- ¡Por Dios, hablás de un muerto como si estuviera vivo! Estás mal de la cabeza, delirando. Mireya- Mi cabeza está perfectamente, lo que pasa es que no tengo corazón. Pero hoy se cumple la semana. Esta noche va a devolvermelo. Lalo- Hay una persona que conozco, una doctora... estudiaba con Cecilia, ¿te acordás de Cecilia, no? Ella podría atenderte, con discreción y... Mireya: ¿Se dedica a hacer abortos? Lalo: No seas estúpida. Es amiga de Cecilia. ¿Te acordás de Cecilia? Mireya: No. Lalo: Cecilia, Cecilia, ¿cómo no te vas a acordar de Cecilia, la flaca que vivía pasando Iriondo...? Mireya: No, no me acuerdo. ¿Quién es? Lalo: Me lo hacés a propósito. Mireya: No me importa quién es. ¿Qué? ¿Era alguna novia tuya? No puedo acordarme de cada tilinga que alguna vez vos... Tengo afectada la memoria también. A lo mejor hoy me la restaure. ( Pausa ) Hay cosas que... se me confunden. Por ejemplo, anoche, en una calle empedrada iban dos hombres, uno llevaba una esclavina negra, y de pronto la abrió, como dos alas. Pero yo le veía las espaldas nada más así que no pude saber bien qué le pasaba por la cara. Lalo ( Fastidiado ): ¡Qué decís, Mireya! Mireya: Eran dos los hombres, uno como más chiquito que el otro, más redondito, más pechugón, y el otro llevaba una esclavina negra que de pronto abró como dos alas de cuervo... Pero no voló, no. ( Pausa ). ¿Qué era lo que hacía? ( Larga pausa ) No importa, no. Pero a los hombres, ¿los vi o los soñé? De eso no me acuerdo. Lalo: Te quedaste dormida mirando televisión. Mireya: ¿Qué televisión? Si el aparato lo tenemos descompuesto hace diez días y el técnico no quiere venir si no le pagamos adelantado. Lalo: Yo antes de ayer vi la televisión. Una serie. Mireya: Eso es mentira. Lalo: Qué pesada. Mireya: No me mientas más. Ahora estoy un poco más clarividente. Lalo: ¿Clarividente? Mireya: ...como no tengo sentimientos mezclados en el asunto... Lalo: ¿Qué asunto? Mireya: Ningún sentimiento tengo. Si no tenés corazón no tenés sentimiento, te lo dije antes. Es como una ley. Lalo: Me voy. No te soporto más. Mireya: ¿No me vas a ayudar? Lalo: ¿A qué? Estás demente. ¿Vos no tenés frío acaso? ¡¿Cómo me voy a quedar al sereno esperando que...!? Me lo hacés a propósito, Mireya. No querés perdonar y entonces me hacés esto. Bueno: yo tengo un límite también. Mireya: No me ayudes. Lalo toma sus cosas para irse. Mireya: Yo lo de Adriana ya te lo perdoné, Lalo. Lalo ( se vuelve ): ¿Qué Adriana? ( Silencio ): ¿De qué Adriana me estás hablando? Mireya: La ayudanta del lanzador de cuchillos. Lalo: ¿Quién? Ah, no. Basta. Intenta otra vez marcharse. Mireya ( lo retiene ): Y hubo una palabra que él dijo; un nombre: Krizia. Se vuelve como atravesado por un rayo. Lalo ( sobresaltado ): ¿Krizia? Mireya: Sí. Lalo: ¿Krizia? ( Pausa ) ¿Vos estás segura? Mireya- Segura, segura, no. Me parece. Lalo- ( Violento ) ¡Pensá bien! ¡Es importante! Mireya- Bueno, no te pongas así... Lalo- ¡Yo nunca te hablé de Krizia! ¿Dónde escuchaste ese nombre? Mireya- ¡Ay, no seás bruto! ¡Soltame! Lalo- No te suelto. Contestá. Mireya- Ya te dije. El la nombró. Lalo- ¿Quién? Mireya- El lanzador de cuchillos. Lalo- ¡Imposible! Ese idiota no puede conocer la existencia de Krizia. Vos me estás mintiendo. Mireya- ¡Soltame, Lalo! ¡Me hacés daño! Lalo- ( La suelta bruscamente. Está perturbado y oscuro ) ¿Quién es Krizia? ¿Sabés? Mireya- No. Supongo que... Lalo- ¡Hablá! Mireya- No sé. Tengo la cabeza llena de nubes. Me siento tan rara. Lalo- No vuelvas a nombrar a Krizia. Te lo prohibo. Mireya- No me amenaces. Suena el teléfono. Tensión.Lalo- ¿Esperabas algún llamado? Mireya- No. Lalo- Atendé. Mireya- ( Titubea, frágil. Atiende ) Hola... Sí, soy yo. Un momento por favor... ( Tapa el teléfono. A Lalo, en un susurro. ) Es él. Lalo- ¿Quién? Mireya- ( Habla al teléfono ) Sí, estoy bien. Un poco rara...( Escucha ) Ah, comprendo. ¿A qué hora? ( Escucha ) Está bien. ¿Y no va a dolerme? ( Escucha ) Ah, bueno... ( Escucha ) No, solo que no siento nada y perdí el brillo en los ojos... Lalo- ( Le arranca el telefono a Mireya y grita ) ¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! ¡Hablá, hijo de puta! ( Golpea con violencia el botón del teléfono ) ¡Cortó! Mireya- No deberías haber hecho eso. Me estaba dando instrucciones. Lalo- ¿Quién es? Mireya- El. Lalo- ¿Quién es él? Mireya- No sé su nombre. Ya te expliqué. Lalo- Pero le hablás con familiaridad. ( Amenazante ) Decime quién es, Mireya. Mireya- No sé cómo se llama... Tampoco pude ver su rostro. Cuando él se presenta siempre está muy oscuro... Lalo- ¡Vos me estás mintiendo! Mireya- No. Es un hombre muy correcto. Nunca me forzó a nada, te lo juro. Lalo- ( Angustiado, para sí mismo ) ¡Krizia! ( De nuevo con ella ) ¿Qué te dijo? Mireya- Que está afuera, en el jardín, y que me trae el corazón, pero que no puede entrar si estás vos. Lalo- ¿En el jardín? ( Va hacia la ventana y mira el jardín ) Mireya- No, no. No mires. Lo mejor es que te vayas por un rato y vuelvas más tarde. El me devuelve el corazón y después se va. Asunto terminado. Lalo- ¡Vos me estás mintiendo! Mireya- ¡No, Lalo! Es la verdad. Suena el teléfono otra vez. Tensión.Lalo- ( Atiende bruscamente ) ¡Hola! ( Escucha, relaja el tono, emocionado ) ¡Krizia! Creí que... ( Escucha ) Te dije que no me llamaras a aquí. Es peligroso. No... si no lo tomás a mal me gustaría darte otro teléfono para estas ocasiones, un celular, sí (pausa; ríe, seductor) Jamás de los jamases: yo no sé lo que es mentir. Viene en la sangre, en los genes, y por eso... ( Pausa, turbación) ¿Cómo, alas? Una capa. Una fiesta sería. O frío, tendría frío el tipo ése. No... ¿En qué sentido te amenazó? ( Pausa ) ¿No estaría borracho? ¿No? Irías muy escotada. ¿Vos llevabas puesta la minifalda? ( Pausa ) ¿Por qué el apuro? ¿Cómo que tenés miedo de que...? Ya lo hablamos. Amor mío..., me gusta cuando lo decís... (Pausa) Ah, ah, oh. Te dijo: amor mío, es eso. No sé... un loco. (baja la voz) No puedo seguir hablando de esto ahora. Es... complicado... tal vez si me llamaras al celular, yo podría salir un momento y... (Pausa) No, no me llames si te parece que te rebajás, aunque no entiendo por qué te rebajaría marcar otro número en vez de... (Pausa) No, no estoy casado. (Pausa) No. A mi mujer no la veo desde el Año Nuevo, cuando... (Pausa) ¿Cómo voy a...? Por mi alma. ¿Cómo se te ocurre? (Pausa) Está bien, te lo juro, Krizia. (Pausa, alarmado) . ¿Venir? ¿Acá? (Pausa) No... (Escucha) Claro. Sí. No sé, ahora... No... (tapa el tubo, a Mireya) : ¿Puede venir a buscarme una persona sin que armes un escándalo? Mireya: ¡Una persona! Sos un atorrante. Lalo (En el teléfono) : Sí, claro, no hay inconveniente. (Pausa) . No te va a pasar nada. Nada. Hacé de cuenta que fue una alucinación, salís y cerrá con dos vueltas de llave. Las alucinaciones no te secuestran. (Escucha) Si estás tan asustada, tomáte un taxi. Yo te lo pago acá, sí. (Escucha) Bueno. Adiós. (Escucha) Sí. No. Chau, mejor. Chau. Mireya (sentada en un sillón, monocorde) : Es una suerte al final. Lalo (culposo, distraído) : ¿Qué? Mireya: Una suerte. A veces las cosas que uno cree una desgracia son una suerte, ¿no te parece? Lalo: ¿Decís porque la conocí justo cuando creímos que...? Mireya: No tener corazón. Lalo: ¿Qué creés que pasaría si yo pongo mi oído sobre tu pecho? Mireya: Si me tocás, Lalo, voy a la policía y te denuncio. No des ni un paso en esa dirección. Lalo: Ah. Sabés que latiría. Al final, hiciste todo esto para que yo venga y llamar la atención. Mireya: ¿Por qué le dijiste que no veías a tu mujer desde Año Nuevo? Lalo: ¿Yo dije eso? (Pausa, tensión) : Me referiría al Año Nuevo Judío. Mireya: ¿¿Qué?? Lalo: Quince días hará que fue. Mireya: ¿Y qué se supone ahora? Lalo: Nada. ¿Por qué? Estamos un ratito conversando y... ella es muy sensitiva. Percibe cosas. Adivina. Números sobre todo, y yo pensé que si ella fuera capaz de decirme uno o dos... o el nombre de algún caballo, nosotros... después nos vamos y te dejo en paz. Mireya: Si tuviera corazón te echaría a patadas, Lalo. ¿Ves lo tranquila que estoy? (enseña las manos) : No tiemblo. Ni un nervio tengo. Lalo: Siempre me dijiste que si yo hubiera tenido plata, la cosa habría sido distinta... Mireya: No le dijiste a la adivina que yo soy tu mujer. Lalo: Técnicamente... Mireya: No, si yo no tengo problemas en divorciarme. No me refería a eso. Pero a la casa no la vendo. Ni lo sueñes. Y al abogado me lo pagás vos. Lalo: ¿Y quién te dijo que yo quiero que vos y yo no lo intentemos...? Mireya: ¿Y metés a la vieja adivina en mi casa? Lalo: ¿Qué vieja? Mireya: La Krizia. Lalo: Ah. No es una vieja. Mireya (descreída) : No. Lalo: No. Mireya: No. ¿No es mayorcita? Lalo: Tiene trece años. Larga pausa. Mireya (estira las manos en el aire, muestra) : Es increíble, no tiemblo para nada. ¿Te acostás con una chica de trece años, Lalo? ¿No sabés que eso es delito? Lalo- ¿Delito? No. Es amor. Mireya- ¿Amor? Vos no tenés corazón, no sabés lo que es el amor. Lalo- Vos tampoco. Mireya- Yo sí, yo he nacido para el amor. Lalo- ¿No me dijiste que él te hizo un tajo profundo y te sacó el corazón? Mireya- Sí. Lalo- Bueno, es una contradicción. No podés saber que es el amor. Suena el timbre . Lalo- Debe ser Krizia. Mireya- ¡Te prohibo que hagas entrar a esa mujer a mi casa! Lalo- Es una nena, no una mujer. Mireya- ¡Es lo mismo! ¡No quiero que entre! Lalo- Estás temblando. Mireya- No, señor. Yo no tengo corazón. Timbre. Lalo- Voy a abrir. Sale. Mireya- ( A Lalo ) ¡No quiero que la dejes entrar! ( Pausa ) Suena el teléfono. Mireya- Hola... Sí... Está bien... Ya mismo. Corta. Sale de escena. Lalo- ( Entra con Krizia en los brazos. Está desmayada ) ¡Mireya! ¡Ayudame, Mireya! ¡Se desmayó! ( Busca a Mireya con los ojos, pero no la ve. Deposita a Krizia sobre el sillón ) Despiértese, mi amor. Despiértese. ¡Ay, Dios mío! ( Llama ) ¡Mireya, por favor! ( Sale a la cocina y vuelve de inmediato con una servilleta y un vaso de agua. Le pasa la servilleta húmeda por la cara ) ¡Krizia, mi vida, despertate! ( Le toma el pulso ) Está muy bajo. ¡Estás helada mi amor! ( Se quita la campera y la abriga ) ¡Despertate! Entra Mireya, semidesnuda, con el pelo revuelto y el rostro arrebolado. Está agitada, como si acabara de hacer el amor. Tiene restos de barro en la piel y briznas de hierba en el pelo. Le brillan los ojos. Trae una pala en la mano. Mireya- ( Fría ) Ya no se va a despertar. Lalo- ¡Mireya! Mireya- Yo le pedí que le quitara el aliento. Lalo- ¿Qué decís? Mireya- Mirá. ( Le muestra los pechos ) Me abrió el tajo profundo y me devolvió el corazón. Lalo- ¡Ayudame con Krizia! ¡Está helada! Mireya- No tiene aliento. El se lo llevó. Lalo- ( Frota las manos de Krizia ) Despiértese, mi amor. Mireya- Lo hizo por mí. Lalo- ¿Qué? Mireya- Yo le pedí que le sacara el aliento a Krizia. Lalo- ¡Estás loca! Krizia es sensitiva. Muchas veces cae en trances catalépticos. Mireya- Esta vez no va a volver. Lalo- ¡Krizia! ¡Mi amor, despiértese! Mireya- Tomá. ( Le ofrece la pala ) El me dijo que lo mejor es que hagamos un pozo en el jardín y la enterremos. Lalo- ¡No! ( Cachetea a Krizia, suavemente ) ¡Vamos, chiquita, despertate! Mireya- ( Se golpea suavemente el pecho ) Creo que me devolvió un corazón equivocado. Lalo- ( Frotando a Krizia ) ¡Mi amor, mi amor! ¡Despertate! Mireya- Ya no siento como antes. ( Se mira las manos ) Me tiemblan las manos. Lalo- ( A Mireya ) ¡Traeme un frazada! Mireya- Mejor sería una mortaja. El se llevó su aliento. Lalo- ( Mirando a Krizia ) ¡Abrió los ojos! Krizia se sienta como una muñeca rígida en el sillón. Tiene los ojos alucinados. Habla en trance, desde el más allá, con voz y ritmo irreales. Krizia- Es medianoche. Veo a una mujer, de espaldas, sentada sobre el piso de tierra con las piernas cruzadas, moliendo algo en un mortero. Usa una esclavina negra que, de pronto, se abre como dos alas de cuervo. Me acerco despacio, con cautela. Sé que el menor de mis gestos puede ser peligroso. Quiero saber qué muele y por qué hace tanto ruido. Cuando miro de cerca, veo que la mujer está moliendo muecas. “Se acaba el año”, dice. “Hay que renovar el rostro. Estoy moliendo las muecas que ya usé”. No es su voz la que habla. Es su aliento. Sé que no tiene rostro. Sé que es una trampa. Sé que quiere robarme las muecas de mi rostro y dejarme vacía. Un filo de luz entra desde la puerta y al tocarme la cara me hace una herida. Se agita, grita y cae en el desmayo cataléptico otra vez. Lalo- ¡Krizia! Krizia, mi vida. No está muerta. Llamá una ambulancia, dale. Mireya ( sorprendida )- No estaba muerta al final. ¿De qué hablaba? Lalo- Movéte, Mireya. ( Palmea el rostro de Krizia ) Vamos, vamos, chiquita. Mireya ( hacia el teléfono )- ¿Es 911? ( más fuerte ) ¿Emergencias es 911? Lalo- No sé. Sí. ¡No! Fijáte en la guía, es... ¿911? Mireya- Lo vi en una película. Lalo- ¿¿Qué?? Mireya- Hospital Emergencia. Lalo- ¿Qué decís? Mireya- La dan los jueves a las siete. Una vez hasta trabajó Ricky Martin, el cantor. ¿Te das cuenta? Hacía de camillero, un bombón él... Lalo- Me dijiste que el televisor no andaba y resulta que mirás las series... a escondidas... ( Ofendido, se levanta ): Dejáme. ( Va hacia el teléfono ). No anda... ( Agita la horquilla ): ¿Qué le hiciste? Mireya- Yo, nada. Fue El Lalo- ¿Quién
Lalo prueba en el teléfono, grita: Hola, Hola, mientras habla Mireya. Mireya- El tipo alto, calvo, que usa una esclavina negra. El vino y me quitó primero el corazón a mí y después el aliento a tu amiga... siempre va acompañado por otro petisito, con barriga, o más bien pechugón, que se ríe todo el tiempo con una risita histérica que me saca de quicio... Reinfeld, se llama, eso. Me dijo: “Hola, señorita, permítame que me presente, mi nombre es Reinfeld”. Traía mi corazón en la mano, todo chorreante de sangre, le pegó un lambetazo con la lengua, y entonces yo me desmayé de la impresión. Claro, cuando yo me desmayo me dejan tirada ahí entre los yuyos y arregláte, levantáte sola, arrastráte. ¿Viste que tengo toda la blusa llena de abrojos? Me pinché toda. Me vine reptando del campito hasta acá. Lalo, ¿me viste? Lalo ( frenético )- ¡Qué estás diciendo, Mireya, por Dios! Mireya- No me digas más Mireya. Ya no soy la misma persona. Soy otra... soy... Lalo- ¿Tenés monedas? Mireya- ¿Qué? Lalo- ¿Dónde tenés monedas? Mireya- No me pidas plata, Lalo. La otra vez me hiciste el cuento del abogado de divorcio y resulta que no estamos divorciados... Lalo- Tengo que salir a hablar por teléfono. Dame unas monedas, Mireya. Mireya ( corre hacia la puerta, se pone delante impidiendo el paso )- Vos de acá no te movés. A mí no me vas a hacer cargar la muerta. Lalo ( amenazador ): Mireya... Mireya- Greta, decíme. Lalo ( con la mano en alto )- ¡¡Estoy harto de vos!! ( se contiene de pegarle pero la sacude ) ¿Qué carajo de Greta me venís ahora? Krizia- Le dije: “¿Cómo lo hace? Tengo miedo” y ella dijo: “Se muelen con un poco de tortulán y sangre de corazón arrancado”. Después vino Reinfeld, se reía, le dijo: “La saco a bailar”. Greta contestó: “Sólo bailo la danza de la muerte; pero ahora no puedo, ¿no ve que estoy trabajando? Allá me espera... me espera...” Lalo- ¿Quién, Krizia? ¿Quién? No le des estos sustos a papito, Mireya ( interrumpiendo )- ¿Papito? Lalo- ...despertáte, vida. Quedáte despierta. ¿De qué hablás, por favor? Krizia- ...me espera el cochinito. En la casa.” Lalo- ¿Quién? Krizia- Vos. Lalo ( sulfurado ): ¿Qué? Mireya- Es que la cerveza te hizo engordar mucho, Lalo. Lalo- No puedo creer que... Mireya ( a Krizia )- ¿Te despertaste, nena? Mirá que sos jodida. Krizia ( mirando a Mireya aúlla )- ¡¡¡Ahhh!!!! Mireya: Ah, no. A mí no, teatro no me vas a hacer, mocosa. ¿Qué te creés? ¿Sabés que me dijo Renfield de vos? ( Pausa ) ¿Querés saber? ( Pausa ): “La piba se hace la mosquita muerta pero se las sabe todas. Pregúntale, Greta, que hizo el novilunio en el campito con los pollos chúcaros”. Krizia: ¿Qué pollos chúcaros? Mireya: Los que criaba el Nosferatu para riña. No te hagás la tonta. Krizia: ¿Yo? Mireya: ¡Vos! ¡Dejá de hacerte la mosquita muerta! Krizia: ( A Lalo, llorosa ) Kendall, oh, Kendall, ¿salvame de esta bruja? Lalo- Tranquila, chiquita. Mireya: ¡Bruja, tu abuelita! ( Levanta la pala para pegarle en la cabeza ) Lalo: ( La detiene ) ¡Pará, loca de mierda! Krizia: Tengo miedo. De noche, de día. Siempre tengo miedo. De todo. De las sombras, de la luz, de mi cara en el espejo, del vuelo de las moscas, de las cascaritas de la pared. Mireya: ( Forcejeando con Lalo ) Soltame. Estoy actuando en denfensa propia. El me dijo que ella ya no tiene aliento. Lalo: ¡Basta, Mireya! Nos vamos. Krizia: Tengo miedo de los tenedores. Los tenedores me dan un miedo horrible. Lalo: ( Le quita la pala a Mireya y la amenaza con ella ) Atrás. Vamos, atrás. Sentate en esa silla. Krizia: levantate que nos vamos. Mireya: No van a poder salir. Lalo. Vos, callate. Mireya: El te está esperando en la oscuridad. Te va a sacar los riñones. Me lo dijo. Lalo: ¡Dale, Krizia, levantate que nos vamos! Krizia: No puedo moverme. Lalo- ( Se acerca a ella ) ¿Qué pasa mi vida? Mireya se ríe a carcajadas Krizia: ( Aterrada ) ¡Mi cara! Mirame. Lalo- ( la mira ) ¿Qué?
Mireya se ríe a carcajadas Krizia: Me quedé sin muecas. Lalo: ( A Mireya ) Terminá de reirte. ( A Krizia ) Levántese, mi amor. Krizia: No puedo. Mis piernas están quietas.
Mireya se ríe a carcajadas Lalo alza a Krizia en brazos y salen de escena. Apenas salen, Mireya deja de reirse y se queda mustia. Suena el teléfono. Mireya: ( Atiende ) Hola... Sí, ya están en el jardín... Muy bien... ( Cuelga )
Entra Krizia trayendo el saco de Lalo ensangrentado Mireya: ¿Listo? Krizia: Sí Mireya: Qué rápido. Krizia: No alcanzó ni a suspirar. Mireya: ¿Le dolió? Krizia: No sé. Silencio largo. Las dos caen en el vacío. Mireya: ¿Querés un té de menta? Krizia: Bueno. ( Pausa larga ) Las nubes me dan miedo. Mireya: ¿Qué? Krizia: La forma de las nubes me da miedo también; eso no lo dije. Mireya: ¿Estudiaste arte dramático vos? Krizia: No, tengo sangre de artista. Mireya: Ah. Krizia: De mi abuelita. ¿Usted no tiene? Mireya: Tratame de vos. Krizia: ¿Vos no tenés? Mireya: No. Se murió. Krizia: ¿La sangre? Mireya ( se levanta, se estira ): Ay, qué cansada que estoy. Me parece que voy a dormir un año seguido. Krizia: ¿Quiere que me vaya? Mireya: No, no sé. ¿No te espera tu papá hoy? Krizia: No. Está la abuelita sola en casa. Mireya: ¿La artista? Krizia: No, la otra. La que es modista. Mireya: Ah. Me arde el estómago. Me parece que tengo remordimientos. Krizia: Él me tocó. Mireya: Sí, ya sé. Ya me lo dijiste. Krizia: Y yo no tengo trece años. Silencio tenso. Krizia: Tengo once. Mireya: ¿¿¿Once??? Krizia: Pasa que somos altos. Mi familia es noruega. Mireya: ¿Tu familia? ¿La parte de la artista o de la modista? Krizia: No, del hachero. ( Pausa incómoda ). Yo repetí cuarto dos veces y ahora estoy en quinto. Mireya: ¿Quinto grado? No, si Lalo siempre fue un hijo de puta... ¿Le pusiste azúcar al té? Mirá que el azúcar te va directamente al cerebro y eso te ayuda a pensar mejor. Más rápido. Krizia revuelve a toda marcha la cucharita dentro de la taza. Mireya: Pensás más rápido. Krizia: Él era bueno. Mireya: Basta, nena. Tomá eso y andáte. Yo ya arreglé con tu papá y con Reinfeld. Krizia: Cada vez que me venía a buscar me traía un oso de peluche... Mireya le saca la taza de té abruptamente, el plato de galletitas, le alcanza el saco, va haciéndola salir de la casa, todo esto mientras Krizia continúa hablando. Krizia: ...me regaló el Winnie Pouh y el Teddy y el Andy Panda... el Teddy traía un lazo rojo en el cuello que al final se me perdió... A todos se le sacaban la cabeza... y a algunos, Lalo, su esposo, les ponía caramelos o chupetines o... Pobre Lalo... y más abajo a la altura de la panza los ositos estaban rellenos con medias negras, lindas, con firuletes bordados, pero no como las del colegio que son cancán, sino unas que llegan hasta la mitad de la pierna y se sostienen con unos elásticos que se llaman liguero dijo él, ¿liguero era?... Mireya traba la puerta y comienza a gritar desesperada. Apagón. Final. |