REGRESO A CASA DE MARCOS ROSENZVAIG OBRA EN UN ACTO El escenario debe dar la impresión de una casa deshabitada. Retratos
grandes y vacíos cuelgan de las paredes. Los muebles están
cubiertos con tela color crudo. A proscenio hay una ventana y a foro una
puerta de vidrio esfumada, puerta que estará ubicada en el extremo
izquierdo, es un espacio que delimita el tránsito de los muertos.
Puede que en el otro extremo se halle un zaguán profundo, apenas
iluminado.
Hace diez años murió papá y hace apenas uno encontré esta obra inconclusa entre los papeles de mi hermano. El dejó sin concluir lo que a mí me costó la mitad de mi vida cicatrizar. Una obra de teatro es un buen espacio no para cerrar las puertas al olvido, sino para recuperar lo que permanece como una frágil raíz sujetada a la tierra, a pesar de una larga suma de vientos otoñales. Un paraíso lejano como todos los paraísos, y demasiado presente a la hora de la muerte. Luz sobre el retrato del padre, la luz puede ir posándose en los distintos objetos que fueron parte de su vida. El padre en la escena detrás de la única ventana de la casa. Hoy dejé de existir. Fue la última de las separaciones...la más dolorosa. Lentamente, como a lo lejos, se escucha un murmullo suave de gente retirándose de la casa. Uno se acostumbra tanto a uno mismo que hasta le parece impropio desaparecer. Puede que todo sea como evaporarnos en lluvia pasajera, las lluvias de verano suelen ser tan tormentosas como efímeras. Borran todas las huellas hasta convertirse uno en alcantarilla recogiendo las aguas del olvido. El murmullo se transforma en gente que se retira de la casa. David y Germán entran como quienes acaban de despedir familiares y amigos. DAVID- ¿Cuando es el entierro? GERMAN- Mañana a primera hora. DAVID - ¿Podías haberme avisado antes? GERMAN- Yo mismo no acababa por convencerme. Se entregó con tanta suavidad... parecía empeñado en no molestar, en no alterar el orden del día. DAVID- ¿Pero él estaba enfermo? GERMAN- De tristeza. DAVID- Cuando vino a vernos... (Germán lo interrumpe). GERMAN- Regresó peor. (Pausa). Estaba obsesionado en repetir el sufrimiento de mamá. Dos días antes me preguntó que iba a ser de él cuando tuviera que depender de las manos de una enfermera. Traté de tranquilizarlo diciéndole que sus manos y las de mamá fueron las que nos cuidaron cuando éramos niños. Por qué no devolverle algo le dije - aunque más no sea una partecita de lo que nos diste... DAVID- Debería haber estado. GERMAN- Después me pidió que le llevara un té a la cama. Nombró a mamá y con cada sorbo mencionó el nombre de cada uno de nosotros, dejó para el último el nombre de Mariana. Se aferró a mi mano como si yo fuese el único madero de su barco... El padre aparece detrás de una ventana que da a la platea. PADRE- Nada de médicos ni de hospitales. Bastante amarga es la despedida como para soportar que lo anden curioseando a uno. Me acosté sabiendo que era el día. El colchón estaba un tanto más frío que de costumbre. Me aferré de los barrales como deseando reposar en la tierra y no en el cielo. Esperé con paciencia el segundo del corte. Les pedí a mis enfermeras que durmieran en la habitación contigua. Por nada del mundo estuve dispuesto a compartir mi muerte. Una serpiente húmeda se fue deslizando desde mi pierna derecha hasta el corazón. Al llegar allí, abrió grande su boca, mostró el filo ardiente de sus colmillos. No me ocasionó el mínimo temor. Como si la hubiese visto durante toda la vida. Sentí un pinchazo agudo, después vi el rostro sereno de mi madre, su mano apretó la mía. Movió los labios como si cantara. Un exceso de energía humana se agitaba alrededor de mi cuerpo. Trataban de ayudarme, cuando se convencieron de la inutilidad, guardaron sus enceres, apagaron las máquinas y cubrieron mi rostro con una sábana. Escuché el agua correr y el jabón escurrirse entre sus dedos. Supe que había muerto en el momento en que taparon el ataúd, mi hijo Germán lloró. Seguramente los otras se enteraron tarde. Después, fue acostumbrarme al silencio. La luz se extingue lentamente. La mirada del padre se pierde en la bruma al mismo tiempo que la acción continúa con David y Germán. GERMAN- Mi futuro...se estaba muriendo y le preocupaba mi futuro. Dijo
que se sentía feliz de haber compartido toda una vida con mamá.
Después pidió que cerrara las ventanas, que aunque no le
gustaba prefería ir acostumbrándose a la oscuridad. Fue
entonces que preguntó por vos, le dije que estabas en camino. Entonces
se preocupó por los accidentes en la carretera. Se tranquilizó
cuando le dije que llegabas en tren. Cerró los ojos, apretó
mi mano y me dijo... DAVID- Manejé a tanta velocidad que preferí dejarla en Dolores. GERMAN- ¿Los chicos? DAVID- En casa de mis suegros. (Marca un número telefónico) ¿Matías?.....si hijo, llegué bien...No, no estés triste. El abuelo decidió irse porque quería estar más cerca de la abuela....No hijo, ¿que estás diciendo? Matías, ya vas a ver como salimos adelante. Dame con Luis....Hola, sí. No lo deje un minuto solo...cualquier problema no dude en llamarme... Bien, un abrazo. (Pausa). GERMAN- Hace tanto que no los veo. DAVID- Ya están grandes. Matías entró en el segundo curso y Valeria está por cumplir los quince. GERMAN- El 23 de Noviembre. DAVID- Espero verte ese día en la casa de la playa. GERMAN- Sabés como los amo. DAVID- Vivimos tan cerca y nos vemos tan poco. ¿Por qué te perdiste? GERMAN- Vivo desde siempre con los viejos. DAVID- No podes negar que Marta y yo te... (Interrumpe) GERMAN- Alguien tenía que cuidar de mamá y después... DAVID- Porque no llamaste si necesitabas ayuda, yo... (Interrumpe) GERMAN- Tenés una familia. DAVID- Cuando murió mamá traté de convencer a Marta de traer a papá, pero.. creeme que en un matrimonio. GERMAN- Es una pena que tus hijos se hayan perdido de conocer a un hombre...Marta siempre lo subestimó. DAVID- Marta es mi mujer no es mi sangre. GERMAN- Pero debería amar tu sangre. (Pausa). DAVID- No vine a hablar de Marta. GERMAN- Que pasó con papá durante las últimas vacaciones. DAVID- Nada....¿Por qué? GERMAN- Desde el momento que lo vi llegar no hizo más que inventar una sonrisa desde la ventanilla del tren. Le pregunté porque había anticipado su regreso. Me abrazó y me dijo que él había formado un hogar, que fue feliz mientras duró pero.. que abandonar la casa era como abandonar a mamá. No sé, me pareció que en ese momento ya se estaba despidiendo... con pretextos. ¿Qué pasó David? DAVID- Yo llegué dos días más tarde, Marta había dispuesto que las amigas de Valeria durmieran en la habitación de huéspedes y papá en la casita del casero. Me opuse, creeme que tuve una discusión con Marta. GERMAN- Fue su única vacación. DAVID- Intente pagarle una habitación en un hotel hasta que se fueran las amigas de Valeria, pero él me aseguró que estaba a gusto. Matías estaba de lo más sociable, Papá le enseñó a jugar al ajedrez ...como a nosotros. Se quedaban hasta tarde jugando y conversando. Cuando papá se marchó, Matías volvió a ser el mismo de siempre, callado, introvertido, como viviendo en un mundo aparte. GERMAN- Está en una edad difícil. DAVID- Si, claro. David se dirige hacia la ventana. La única casa que se mantiene como entonces es la de los Spiner. GERMAN- Ah sí, te diste cuenta que construyeron un edificio al lado que nos quita bastante el sol. Ya casi no se ve la playa. DAVID- Te llevábamos allí con Enrique de la mano y con Carlitos Spiner nos dedicábamos a construir estatuas de barro en el fondo de su casa. Era una época fantástica, preparábamos números de magia, funciones teatrales. Yo hacía de escritor y de director y ellos eran los actores de mi compañía. GERMAN- En esa época se llevaban bien con Enrique, ¿no?. DAVID- Enrique no era bien recibido en ninguna casa, a él le molestaba mi amistad con Carlitos. Todo acababa siempre en una discusión y Enrique rompiendo las estatuas y echándose a correr. GERMAN- ¿Y yo que hacía? DAVID- Vos estabas debajo de la higuera, debías tener no más de tres años. Ahora que te pienso me doy cuenta que ya eras de chico casi todo lo que llegarías a ser de grande. GERMAN- ¿Qué querés decir? DAVID- Eras distinto a nosotros. GERMAN- Los desaparecidos también eran distintos. DAVID- Sabés a qué me refiero. GERMAN- No, no lo sé. ¿A que soy marica? ¿A que ese era un buen motivo para ocultarme a tus amigos? DAVID- Había una diferencia de edad, yo siempre estuve orgulloso de tener un hermano escritor. GERMAN- Hubieses preferido tener un hermano neutro o un castrati o un cafichio. DAVID- Alguien tenía que mantener la cordura de esta casa. Mariana y Enrique querían convencer a papá de entregar la casa a la causa del partido. Todo era una locura. Yo también pagué un precio para que todo no estallara. GERMAN- Puede ser, pero cuando a Mariana se le acabaron las casas y los hoteles, cuando la pobre regresó a esta casa, vos le dijiste que ella comprometía a toda la familia. DAVID- Y era cierto, tenía que defender los restos de una casa que se hundía; o no fui yo quién le consiguió una casa a Enrique cuando su partido nada podía hacer por él, pero los dueños de la casa no me permitieron esconder a Mariana. GERMAN- Con diecisiete años ya tenía el presentimiento de la muerte. La última vez que la vi se abrazó a mí y me dijo- espero que cuando crezcas sepas vengar nuestra sangre. DAVID- Yo tenía que cuidar de todos. ¡Nos hundíamos Germán!. Papá y mamá no dormían, vivían con el oído pegado a los ruidos de la calle, a la jauría de perros que avisaban las casas allanadas, a las bombas que se escuchaban durante la noche. Hasta que una noche sonó el timbre como a las cinco de la madrugada. Papá ganó antes que yo la puerta. Era un compañero de Mariana. Mamá pegó un grito desde el dormitorio. Antes de abrir la puerta mamá ya lo sabía todo. Papá pensó que se trataba de la policía, pero no... se trataba de un pobre estudiante herido...nunca vi algo igual, tenía la cara del terror. Papá le agradeció la visita y le dio todo el dinero que llevaba encima, después lo abrazó como a la hija que acababa de perder. Desde el hall al dormitorio inventó que Mariana estaba detenida. Mamá no lo creyó pero se aferró a la mentira y yo tratando de sostener a papá y a mamá y vos llorando en tu habitación, gritabas y decías ¿Qué pasa mamá? ¿Quienes se llevaron a Mariana? GERMAN- Murió en la calle buscando un lugar donde dormir. DAVID- Nos hubiesen matado a todos. GERMAN- De todas maneras nos mataron a todos. DAVID- Eso no es cierto. GERMAN- Para vos que tenés un hogar. DAVID- ¿Es justo que tengamos que morir por la muerte de Mariana?. GERMAN- Por lo menos te hubieses ocupado de vengar su sangre. DAVID- La sangre llama a la sangre ¿Creés que algo se soluciona saliendo a buscar la sangre de los verdugos para cobrar la nuestra? GERMAN- Vos siempre estuviste al margen. DAVID- Defender la casa no era estar al margen. ¿y vos que hiciste?...buscar muchachos por las plazas. GERMAN- Eso también era subversivo. (pausa) DAVID- Lo siento GERMAN- No es nada..ya ves.... yo también era distinto. DAVID- A papá le gustaba entrar a los barcos y conversar con los marineros, era su forma de conocer el mundo. El mundo son las personas y un buen mapa, el resto es imaginar. Todos los puertos se parecen decía- y las ciudades y los parques...nos daba tantos besos...no pude despedirme Germán...no lo vamos a ver más; solo quería despedirme. Creo que no fui lo que él esperaba de mí, aunque nunca lo dijo. GERMAN- Fuiste su preferido.. aunque nunca lo dijo. (pausa) GERMAN- Te envidio. DAVID- No sé de qué. GERMAN- Vivís en una gran ciudad, tenés un buen trabajo DAVID- ¿Qué trabajo?. El de ir a los hospitales por la mañana, contarle chistes a los médicos, simular una magnífica risa, venderles productos que no me interesan. GERMAN- A pesar de todo tenés un hogar. (pausa) DAVID- Durante el verano suelo alejarme a nado de la playa, lo hago a escondidas de mi familia. Lo importante es estar lejos de la costa, lejos me siento feliz. Ése no es el hogar que soñé pero es el único que tengo. Si lo perdiera me dejaría morir como papá. GERMAN- Hubo un tiempo que fueron felices. DAVID- Si, lo fuimos. (Pausa). DAVID- (Marca un número telefónico) ¿Luis?, Discúlpeme
que lo moleste a esta hora. ¿Cómo está Matías?....Ah,
bien...lo quería mucho al abuelo...cualquier cosa rara que usted
note no dude en llamarme... GERMAN- ¿Sucede algo con Matías? DAVID- ¿Papá no te contó nada? GERMAN- Sabía que estuvo internado el año pasado. DAVID- Sucedió durante las vacaciones de papá. GERMAN- ¿Qué pasó? DAVID- Matías se entendía muy bien con papá, lo veía muy recuperado al punto tal que me planteó suspender la terapia y lo consentí, pensé que podía cuidarse solo...creo que era posible si... GERMAN- Si qué... DAVID- ¿Te hablé de las amigas de Valeria? Con Carolina y Lorena forman un trío inseparable. Lorena vino a casa con el hermano, un muchacho de unos l5 o l6 años. El hizo amistad con Matías muy rápidamente. Una noche Marta había bebido más de la cuenta. Valeria y las amigas habían salido a una discoteca. Yo había puesto el despertador para pasarlas a buscar, Marta se despertó mucho antes y fue a echarse el último brindis a la cocina. Los viernes y los sábados son una canilla abierta al descontrol. Cuando llega a ese punto se siente completamente culpable y no hace más que llorar y pedir perdón. Creo que esa noche ya no encontraba las paredes para sostenerse y en vez de entrar a nuestra habitación se colgó en la puerta de Matías como se hubiese colgado en cualquier puerta con tal de no caer de bruces. Desde mi cama escuché los gritos histéricos de Marta, ella había sorprendido a Matías desnudo en la cama con el muchacho. Papá llegó corriendo, yo la tenía a Marta sujetada por los brazos mientras ella continuaba gritándole a Matías y a papá. Bueno, tampoco puedo juzgarla por lo que decía. Estaba completamente borracha. GERMAN- ¿Qué le dijo a papá?. DAVID- Papá se marchó al otro día. Se despidió
de mí desde un teléfono público en la terminal. Fue
la última vez que lo vi...ni siquiera pude abrazarlo. GERMAN- Usá mi pieza. Las luces se apagan lentamente. PADRE- No puedo verte pero puedo escucharte. Sé que estas ahí pichoncito, te extraño.. GERMAN- Yo también, papá.. PADRE- Procuré hacerme un espacio en tu corazón...ése
es mi mérito, haberte dejado algunos momentos felices. La vida
no está hecha de otra cosa que de momentos. GERMAN- Papá, me quedé sin hogar. PADRE- Tarde mi vida en formarlo. GERMAN- ¿Cómo hicieron para llevarse tan bien con mamá? PADRE- No sé, creo que se compensaba la impaciencia de tu madre con mi paciencia. Ella era tan hermosa y tan cristalina que parecía hecha con la piedra más hermosa de Oriente. GERMAN- ¿Cómo la conociste? PADRE- En un baile de disfraces. Ella vestía de odalisca y yo de pirata. Me acerqué y le dije que tenía un barco pequeño con sitio para una sola mujer. GERMAN- Y ella que te dijo. PADRE- Que le gustaba los barcos grandes y que prefería los capitanes a los piratas, tu madre tenía mucha chispa. GERMAN- ¿Y entonces? PADRE- En ese tiempo ella estaba enamorada de otro hombre, no intenté desviarla de su amor, por el contrario, la alenté para que vaya a sus brazos. Le dije que era capaz de esperarla seis meses. Tres meses después ella apareció en la relojería. Al verla me temblaron las piernas, el binóculo cayó al suelo. Había que haber visto ese día. Ella no dejaba de reírse, estaba completamente segura hasta que le pregunté si su reloj adelantaba. Tres meses después golpeé su puerta y le entregué este anillo. Lo aceptó y ese día me fui con la certeza de que lo llevaría hasta el último día de su vida. Dos meses después nos casamos. Fue un casamiento humilde pero maravilloso. Durante la mañana ambos tuvimos la primer experiencia sexual de la vida y creeme que no necesité otras, fui muy feliz durmiendo en los brazos de tu madre. Estos anillos son para tu hermano David, a Enrique entregale mi reloj, la cama es para vos, viajó de Europa con tu abuelo, no pienses que nosotros morimos en ella, más bien que mi madre me concibió y me tuvo en ella y que tu madre y yo hicimos las delicias allí mismo y que también los hicimos a ustedes. Fuiste el único que nació en esa cama. cuidate mucho y no te olvides de rezar por tu hermanita Mariana. GERMAN- No te vayas papá. ¿Porque nací yo? El padre se da vuelta, mira a Germán, trata de hablar pero no puede y se vuelve. GERMAN- No te vayas, no sé que voy a ser solo. ¿Me querías? ¿Te defraudé? Hice lo que pude... El padre continúa avanzando hasta perderse lentamente en la sombra, vuelve a mirar a Germán pero le es imposible hablar. GERMAN - Nunca me hablaste de los abuelos, de cuando llegaste de Europa y trabajaban en el frigorífico. ¿Cómo eras vos cuando eras joven?. Me hubiese gustado conocerte de joven, papá. No te vayas, no te vayas..... MADRE - Me querés decir que hacés todo el día en la ventana. PADRE- Miro el mar. MADRE- Lindo trabajo te buscaste. PADRE- Qué te parece la novia de Enrique. MADRE- Linda linda como era yo, no es. PADRE- Te pregunté qué te parece. MADRE- A mi no me tiene que parecer nada. PADRE- Estamos invitados a comer a la casa de los Spiner. MADRE- Ya conozco esa clase de invitaciones. PADRE- ¿Estará abierto el almacén? MADRE- Creo que sí. El padre se extingue con la luz y Germán se despierta con los
golpes en la `puerta. El sillón a un costado del escenario siempre
está ocupado por el padre, y en las escenas que transcurren sobre
el bote permanece la luz encendida sobre el sillón. En todo momento
debe dar la impresión que el sillón es como un féretro
con un padre sonriente. MARTA- De veras que lo siento Germán. (Repara en David). DAVID- Eso es verdad. (pausa tensa) MARTA- ¿Enrique? GERMAN- Debe estar por llegar. MARTA- Le va bien en Francia, ¿no? GERMAN- Si. MARTA- Seguramente mejor que a nosotros. DAVID- Estábamos hablando de Matías y del último día de papá en casa. MARTA- No tenés porque hacer participe a Germán de nuestros problemas. ¿Verdad, mi amor? DAVID- Germán es mi sangre y papá (Es interrumpido por Marta). MARTA- Él no vio nada. DAVID- Si no hubieses gritado. MARTA- No es mi costumbre gritar, solo poner orden. DAVID- Creo que me avergonzaba más tu estado que las relaciones de nuestro hijo. GERMAN- Los chicos suelen tener relaciones antes de la pubertad. DAVID- Antes de la pubertad, no a los catorce años. MARTA- Creo que esa noche exageramos todos un poco...yo estaba muy tensa. Había demasiada gente en casa. GERMAN- ¿Que pasó con papá? DAVID- Decía que papá se despertó con los gritos de Marta. MARTA- Me impresionó ver a mi hijo... bueno, no es momento. DAVID- Me vestí y lo llevé al muchacho a su casa. Estaba avergonzado. Traté de calmarlo. MARTA- Siempre haciendo el papel de bueno, era un muchacho pervertido. DAVID- Le explique que no era nada grave lo que había ocurrido,
pero él no dejaba de llorar. MARTA- ¡Basta!, estamos enterrando a tu papá. DAVID- Creo que ese día enterramos a papá. MARTA- Durante el viaje estuve meditando el tema de nuestro hijo, recuerdo haber tenido un paciente con las mismas características depresivas. Yo aconsejé la internación. DAVID- No te atrevas. MARTA- Es mi opinión como psicoanalista, podes estar en desacuerdo pero la última palabra la tendrán los peritos. DAVID- Pesará en la opinión de ellos tu grado de alcoholismo. MARTA- Había tomado más de la cuenta, eso es todo. DAVID- No es todo, es la costumbre. Estas envejeciendo a pasos agigantados. MARTA- No sigas regocijándote con el dolor. DAVID- Cuando regresé de dejar al muchacho, papá estaba en el umbral de la vereda con todo el frío de la noche. Intenté convencerlo para que entrara. Ya no parecía de este mundo. Lo que nunca supe es si papá estaba afuera para no ver lo que ocurría adentro o... MARTA- El no vio nada. DAVID- Daría cualquier cosa por creerte pero si ni vos misma sabías
lo que hacías. MARTA- ¡Basta David! DAVID- Llegué al dormitorio y encontré a nuestro hijo desnudo junto a su madre completamente alcoholizada brindándole una clase de educación sexual: no con pizarra sino con un vídeo porno. Su preocupación en hacerlo hombre la había llevado a métodos poco convencionales dentro del psicoanálisis. Matías, al verme, corrió a encerrarse en su habitación. Salí a la calle y vi a papá como envuelto en una capa de hielo. Lo abrasé y le pedí perdón. Logré arrastrarlo hasta su cuarto, le quité la ropa y lo acosté. Me hizo una seña para que me acercara y me dijo- PADRE- Me estoy quedando ciego, abrigame... ¿Parezco una nube, verdad? DAVID- Mi mujer ya estaba más repuesta, así que decidió
ir a buscar a Valeria y a las amigas para llevarlas a dormir a la casa
de una de ellas. Pensé que Matías dormía o no quería
abrirme, pero en verdad el muchacho había decidido dormir para
siempre con un frasco de pastillas en el estómago. Rompí
la puerta durante la mañana. Papá se había levantado,
¡que digo levantado!. Era una niebla que se escurría con
miedo a molestar. Estaba aturdido. Mientras yo cargaba a Matías
le gritaste a papá...es su sangre...es la copia de Germán.
Yo no pude hacer nada, tenía a Matías en brazos corriendo
hacia la clínica. Nunca imaginé que al darme vuelta vería
a papá por última vez, ya no parecía una nube, ni
aún la niebla. Era un campo completamente nevado. MARTA- No tengo perdón de Dios, como pude ... (Pausa). GERMAN- La noche va a ser larga.. Voy en busca de bebidas. DAVID- Te acompaño. MARTA- Me da miedo quedarme sola. DAVID- Es mi papá, él esta muerto....nadie te va a hacer nada. GERMAN- Vayan ustedes. MARTA- No, no... yo me quedo. (David y Germán salen. Marta va a la otra habitación). MADRE- ¿ Me querés decir para qué necesitamos un televisor? PADRE- Es interesante, los chicos pueden aprender mucho MADRE- Con todo ese dinero podríamos construir otra habitación. PADRE- ¿Para qué? MADRE- Nunca se sabe...¿Adónde vamos? PADRE- Al lugar más hermoso de la tierra. MADRE- ¿Cual es? PADRE- Nuestra cama. MADRE- ¿Que harías si yo muriera? PADRE- Moriría. ¿Y que harías si yo dejara de amarte? MADRE- Me buscaría otro amante. PADRE- Que practicas son las mujeres. MADRE- Que tendría que hacer. PADRE- Reconquistarme. MADRE- Isaac, tenemos tres hijos y tal vez nazca un cuarto. PADRE- ¿Cómo? MADRE- A pesar de todo te quiero tanto. PADRE- Yo también. MADRE- Entonces deja de pensar en la reconquista y pensa en agrandar el negocio y dejate de pavadas. (La luz azul desaparece al mismo tiempo que entra Enrique. Observa la casa como si fuera la primera vez. Golpea una tabla floja del suelo. Saca del escondite un pucho, antiguas revistas pornográficas y fotos de mujeres desnudas. Hojea cada una de las cosas. Vuelve a guardarlas, mira el pucho y lo enciende. Mientras fuma recuerda y llora. Marta en la habitación de al lado despierta llorando). MARTA- (Grita) ¡No! ENRIQUE- ¿Quién es? (Marta entra asustada) MARTA- Sos vos Enrique, abrazame estoy muerta de miedo. ENRIQUE- Más tranquila MARTA- ¿Cómo entraste? ENRIQUE- Estaba la puerta abierta. MARTA- Tus hermanos salieron en busca de bebidas. (Aún asustada) ENRIQUE- ¿En serio? (Irónico). MARTA- Reconocé por lo menos que era hermosa. ENRIQUE- Seguís siéndolo. MARTA- Siempre te sobró facilidad de palabras. ENRIQUE- Por eso deslumbré en París. (irónico) MARTA- Te vimos con David en una película con Jean louis Tritiñan. ENRIQUE- Sí, hacía de portero. El papel de mi vida. Nada cambió en esta casa. La última vez que vi a papá le pregunté porque no pintaba la casa. Me dijo que lo haría. Sabía que no era cierto. Después habló de mamá y de Marianita como si estuviera viva. Me acompañó con Germán al aeropuerto. Antes de embarcarme me dijo- Espera...quiero verte bien. ¿No me conoces? le dije- bromeando. PADRE- (Desde la ventana) Claro que te conozco te llevo en mi corazón pero también quiero llevarte en mis ojos. ¿Puedo?...Puse unos regalitos para mis nietas, unos pesos y una carta, traducísela. Procurá que no te roben. Dale un beso grande a esas niñas, se los manda el abuelo. Puede que sea la última vez.... no me hagas caso, es una broma de un viejo relojero. (Enrique vuelve a mirar las paredes y se queda fijado al retrato de Mariana,
la luz lentamente se sitúa en el retrato. Me pasé la tarde caminando sin saber adonde ir, allanaron la casa de los de abogacía, se llevaron a Juan y al turco. Cayó la célula de Isabel. Creo que me siguen, no te des vuelta. No sé donde pasar la noche, los hoteles son un peligro. Nos separamos en la esquina. Tengo miedo Enrique, conseguime una casa y deseame suerte. Corre todo lo que puedas al llegar a la esquina. (Se escucha una corrida que finaliza con disparos. La luz vuelve a escena). MARTA- Tenía miedo de encontrarnos. ENRIQUE- ¿Por qué? MARTA- No sé, te extrañé tanto cuando te fuiste. ENRIQUE- Que no soportaste la soledad y acabaste en los brazos de mi hermano. Apenas me enteré de la novedad ya cargabas con un embarazo. MARTA- No hubiese soportado tu destino. ENRIQUE- ¿Y el tuyo? MARTA- Tengo dos hijos. ENRIQUE- Yo también, en dos casas lo cual es infinitamente peor. MARTA- Ya ves...fue preferible. Mis hijos viven en un hogar. ENRIQUE- Los míos en la calle. Te felicito. MARTA- ¿Por qué? ENRIQUE- Cumpliste tu sueño. MARTA- Sos joven ENRIQUE- Sos vieja MARTA- Hice lo que pude. ENRIQUE- No te abandoné, viajaba o me mataban. No me arrepiento. MARTA- Siempre pensaste solo en vos. ENRIQUE- No traicioné a nadie. Pasé cuatro años huyendo de casas y de hoteles. Me vi obligado a dejar la Universidad. Cuidé de mi hermana todo lo que pude. Si solo pensé en mí debo decir que lo hice muy mal. MARTA- Te envidiaba. ENRIQUE- ¿Qué es lo que envidiabas?
ENRIQUE- Tal vez hubiese sido peor. MARTA- Me hubieses cambiado por la primer francesa. (Ríe). ENRIQUE- No tiene importancia lo que hubiese hecho, lo que importa es lo que hicimos. No nos fue tan mal, estamos vivos. MARTA- ¿Me odiaste al enterarte? ENRIQUE- Odié a mi hermano en un comienzo. MARTA- ¡Entonces sentiste lastima! ENRIQUE- No podía darte lo que necesitabas. MARTA- No podías dar. ENRIQUE- Cuando dejé de odiar a mi hermano, entonces les envié con la tardanza de cuatro años mi regalo de bodas. Fue entonces cuando me sentí completamente libre. MARTA- ¿Dejaste de odiarlo en serio? ENRIQUE- Creo que sí. MARTA- Todo pasó tan de prisa, es como si un día era joven y al despertar del día siguiente tuve hijos y dos días más tarde murió tu papá y volví a encontrarte con hijos y volveremos a vernos en cuatro días, viejos al borde de la muerte... MARTA- Tu papá me quería tanto, nunca pude darle nada. ENRIQUE- Le diste nietos. (Enrique la abraza y se besan). MARTA- Lo traté mal en sus últimas vacaciones. ENRIQUE- El habrá sabido perdonarte. MARTA- ¿Que es lo que hice de mi vida? ENRIQUE- Hacemos lo que podemos. MARTA- Pero no es suficiente, siento que estoy en deuda. Si Dios me lo preguntara en mi último día, sólo podría decirle- Nada, pasaba por acá ...ya me voy. ENRIQUE- Dios no te preguntaría nada, solo te tomaría entre sus brazos y te dejaría caer en ese cuerpo doloroso, te acariciaría como una madre acaricia a un hijo enfermo. MARTA- No puedo seguir soportando esta vida que llevo. Tengo que sostener a un hijo que intentó quitarse la vida dos veces, atender un consultorio que se viene abajo y terminar de acostumbrarme a estar en la cama con un padre o con mi mejor amigo.. ENRIQUE- Supongo que eso también es hermoso. Yo no me acostumbro a levantarme solo, menos aún los domingos. MARTA- Estas solo por decisión. ENRIQUE- Estoy solo por incapacidad. (Se abrazan en el sofá). MARTA- Mimame, como si tuviera veinte años, necesito que me mimes
como si el tiempo no hubiese pasado, aunque sea por piedad. Soñemos
por un instante que todo era como entonces y tu papá me felicitó
el día que me regalaste los anillos y vos llegaste tarde a la cena
porque tenías una reunión y yo solo quería estar
en tus brazos y que me ames...como se fue el tiempo..(lloran y se besan) ENRIQUE- Nada cambió. MARTA- Nunca te dije que estuve en el aeropuerto y que no me animé
a tomar el avión. Es una estupidez pero conservé el billete
durante todos estos años. (se lo entrega) Ya no me sirve. (Voz en off de marta mientras las luces se apagan). Muchos años después supe que Enrique había regresado a Buenos Aires, se trataba del estreno de una obra inconclusa de Germán. David fue con los chicos al teatro. Yo aduje una gripe y aproveché para quedarme sola en casa. Recién entonces pensé en este encuentro y en lo que hubiese sido mi vida con Enrique, hasta me causó gracia verme arrastrada a una vida bohemia, y me sentí tranquila de haber formado una familia con David, no obstante eso, durante la mañana recordé el día que deje escapar ese avión y lloré todo lo que no lloré ese día. Como si en ese avión escapaba mi juventud y mis ideales. También lloré por haberme privado de decirle te amo y porque nunca volví a vivir un amor igual. MADRE- (grita desaforadamente desde la ventana) Enriqueeeee.....Entiqueeee ¿Dónde se metieron los chicos? PADRE- Están jugando en la casa de los Spiner. MADRE- ¿Me querés decir para que le regalaste los guantes de boxeo a Enrique? PADRE- Es un gran deporte. MADRE- Pero no para cruzarse y probarlos en la cara de Carlitos Spiner. Vino la madre roja de furia a quejarse, es un chico que no tiene remedio. La directora nos mandó a llamar... no te olvides de firmarle el boletín. PADRE- ¿Como le fue? MADRE- Me miró, se sonrió y me dijo- “es un boletín comunista como papá”. Son todos rojos, que le va chacher. PADRE- Vení sentate. MADRE- ¿Para qué? PADRE- Vamos a mirar el mar. MADRE- Que paciencia que te tengo Isaac. PADRE- No te parece que hace cien años que nos conocimos. MADRE- ¿Nada más? PADRE- Es una pena que el domingo se termine tan pronto. MADRE- Es una bendición. PADRE- ¿Qué cosa? MADRE- Que los chicos se vayan mañana a la escuela y yo pueda descansar un poco. ¿Dónde se metieron? PADRE- Te dije que están en la casa de los Spiner. MADRE- Regresan enchastrados de barro, hasta que se bañan y van a dormir se hacen las once de la noche y yo mañana tengo que luchar para despertarlos. (Sorprende a la esposa colocándole un collar en el cuello). Es hermoso. PADRE- Mañana cumplimos quince años desde el día que aceptaste llevar los anillos. MADRE- Siempre tan obsesivo con las fechas. PADRE- Te amo. MADRE- Yo también. (Apagón lento) (Germán y Enrique se abrazan. Cerca desde donde está Germán puede haber una bolsa con bebidas). ENRIQUE- ¿David? GERMAN- Se quedó arreglando los preparativos para el funeral. ¿Dónde está Marta? ENRIQUE- Se volvió. GERMAN- ¿Pasó algo? ENRIQUE- No, nada malo. GERMAN- Imaginaba que llegarías mañana. ENRIQUE- Pichoncito...no estas solo. Yo siempre te voy a cuidar como cuando eras chico. GERMAN- ¿Tus hijas? ENRIQUE- Creciendo, ya comienzan a hacer su vida, no hablan una sola palabra en Español. GERMAN- Me gustaría conocerlas. ENRIQUE- Lo sé, papá tampoco pudo... las madres tienen miedo que secuestre a mis hijas en Buenos Aires. ¿Por qué no te venís? GERMAN- No puedo Enrique, antes no podía dejar a los viejos, ahora como voy a dejar la casa sola. Acá se meten dentro y no los sacas más. ENRIQUE- Germancito, el pichón de la casa. Nos hacías pegar cada susto. GERMAN- ¿Por qué? ENRIQUE- Vivías escondiéndote en los lugares más insólitos. Mamá salía a correr como loca por el barrio. Papá llamaba a la policía, a los bomberos. Tranquilícese le decían a papá: Señor, un chico de cinco años no puede ir muy lejos. - Pero este bandido es capaz de llegar al malecón solo, y cuando se llegaba al máximo de locura vos salías desde dentro de un ropero, un día me acuerdo te habías quedado dormido dentro del viejo Plymouth. GERMAN- Vi una foto de ese coche. ENRIQUE- Cuando iban a una fiesta los dos tardaban horas en ponerse hermosos para después salir con el Plymouth lustrado. Nos dejaban a Mariana y a mí a tu cuidado. Que época hermosa... todo pasó como sin darme cuenta, como si nunca hubiese ocurrido. Papá del brazo de mamá, jóvenes, elegantes. Ellos también deben haber enterrado esas personas. Es como si nos pasamos enterrando nuestros propios cuerpos hasta llegar a la ceremonia final. Me consuela pensar que los otros entierros deben haber sido más dolorosos, finalmente este él lo esperaba. Ya no tenía nada que hacer... ya lo había hecho todo. (Pausa). GERMAN- No tenés posibilidades de volver con tu mujer. ENRIQUE- ¿Por qué me lo preguntas? GERMAN- No sé, me da pena verte solo. ENRIQUE- Todos estamos solos. GERMAN- Pero teniendo un hogar...calculo que es distinto. ENRIQUE- Di la vuelta al mundo sin saber que lo que en realidad buscaba era un hogar. Lo tuve y no lo soporté, después me arrepentí pero ya era tarde. Hay que nacer para eso... hay que aprender a amar. GERMAN- ¿Porque se separaron con Marta? ENRIQUE- ¿Es necesario que exista un porque? Hay cosas que con los años se vuelven increíbles. En el partido se juzgaba mal tener una pareja burguesa. De todas maneras no fue eso. GERMAN- ¿Y Mariana que decía? ENRIQUE- Lo mismo. GERMAN- Ya casi no la recuerdo. ENRIQUE- Ella no le tenía miedo a nada...que imbéciles que fuimos. La vida es tan distinta a como la pensábamos.. (Va hacia la ventana). La casa de los Spiner GERMAN- No hace una semana que lo vi a Carlitos. ENRIQUE- Que es de su vida. GERMAN- Tiene un kiosco sobre la avenida. Ellos se mudaron cuatro o cinco
años después que te fuiste. Me reconoció al instante,
cerró el negocio y me invitó una cerveza en el bar de al
lado. No sabés como te recuerda. Me dijo que él podía
olvidarse de muchas cosas pero jamás de las estatuas que hacían
en el fondo de su casa... Mañana va a estar en el entierro de papá. ENRIQUE- No digas eso. GERMAN- Me gustaría estar con vos en París. ENRIQUE- Solo tenés que llegar hasta el Ezeiza y tomar un avión. GERMAN- Necesito tiempo... (David entra quitándose las gotas de lluvia del saco, al ver a
Enrique se apresta a darle la mano, Enrique lo abraza). DAVID- ¿Como estas? ENRIQUE- Bien. (Pausa). GERMAN- Marta decidió volver. ENRIQUE- Dejó dicho que apenas llegara te llamaría. DAVID- ¿Sucedió algo? GERMAN- No, nada. Estaba muy preocupada por Matías. (pausa) DAVID- ¿Tus cosas? ENRIQUE- Bien. GERMAN- ¿Comenzó a llover? DAVID- Me di cuenta cuando estaba empapado. Encontré refugio en
el “Gallo de oro”, la única mesa libre era la de papá,
sobre la mesa estaba el periódico intacto. Me pareció que
nadie lo había tocado durante el día. Era como si su mesa
y el periódico lo despedían o lo esperaban para siempre. GERMAN- (acercándose a la ventana) Esta anunciado un eclipse. DAVID- Recibimos las fotos de tus hijas. ENRIQUE- Ah, si. DAVID- No te contestamos porque estamos saturados de problemas. ENRIQUE- A todos nos sucede lo mismo. (Pausa) DAVID- Si, son preciosas. ENRIQUE- ¿Qué cosa? DAVID- Tus hijas. GERMAN- Voy a tratar de dormir un rato, hace dos noches que no pego un ojo. DAVID- ¿Tenés planes? ENRIQUE- Tal vez me quede un tiempo en Buenos Aires. DAVID- Tengo un departamento. ENRIQUE- Te agradezco pero me comprometí a parar en la casa de unos amigos. DAVID- Si, claro. ENRIQUE- Mis hijas nunca lo conocieron. DAVID- Le vas a poder hablar de él cuando sean grandes. ENRIQUE- Cayó una lluvia ácida en París. Esas lluvias
extinguieron a los dinosaurios hace millones de años. DAVID- Papá la hizo enmarcar hace cosa de un año. ENRIQUE- Estábamos abrazados. Nada nos separaba. DAVID- Convengamos que nos peleábamos bastante. ENRIQUE- Como casi todos los hermanos. DAVID- ¿Enserio? ENRIQUE- Eras como lo que nunca llegaría a ser. DAVID- Soy lo que nunca imaginé ser. (Mira la fotografía colgada en la pared de los dos hermanos abrazados, Enrique desde el sillón observa a David y vuelve la vista sobre la fotografía.. La luz se vuelve azul y en primer plano aparece la fotografía de los hermanos). (Desde la fotografía enmarcada se escuchan las voces de David y Enrique siendo niños. La situación debe dar la idea de ser un secreto nocturno). ENRIQUE- Soñé que papá se moría, que no lo iba a ver nunca más. DAVID- A los que se mueren se lo comen los gusanos. ENRIQUE- ¿A mí también? DAVID- A todos. ENRIQUE- Se van al cielo. DAVID- El cielo no existe. ENRIQUE- ¿Y adonde van los que se mueren? DAVID- A la abuela la escuché decir que a tres metros bajo tierra. ENRIQUE- Nosotros somos judíos. DAVID- Y eso que tiene que ver. ENRIQUE- Creo que los judíos no se mueren. DAVID- Mentira, mirá al tío. ENRIQUE- Era viejo. Yo nunca voy a llegar a viejo. DAVID- ¿Qué? ENRIQUE- Tengo miedo. DAVID- Lo único que nos libra de la muerte son los tres pases mágicos. ENRIQUE- ¿Qué es eso? DAVID- Repetí conmigo- “Con un cuchillito verde de punta filosa el carnicero mató a su mujer.... (La luz vuelve a escena). DAVID- Los tres pases mágicos. ENRIQUE- Un alumno de unos diescisiete años me preguntó: Profesor, qué es la vida. No supe contestarle, para salir del paso atiné a decir “una sucesión finita de días y de noches”. Pero debería haberle dicho, es algo que está ahí y que a veces no se ve y que se sufre cuando se pierde. Se parece a la tierra. DAVID- Echaremos carradas para cubrirlo a papá, para olvidarlo, para vivir sin dolor. Pero él está ahí, vivo entre nosotros. Me alegra que así sea. ¡Ay Dios, qué sólos que estamos! Yo quería ser como vos. Te envidiaba. La amaba en silencio. Esa manera que tenían de llamar la atención. La manera desprejuiciada de reírse. Aproveché la oportunidad pero...creeme que sufrí por vos. ENRIQUE- No hay sentimiento más perverso que la culpa. Hubiese preferido que no sufras, al contrario, que sientas placer, un alivio infinito. Soldar la risa como se sueldan los féretros. Que digas: conquisté las sobras de mi hermano. DAVID- No tuve hijos con las sobras de nadie. ENRIQUE- Conquisté lo que él tenía sin saber tener. En todo caso desconozco cómo te fue y si supiste ver aquello que no se ve. Como un entierro, como la vida. DAVID- No te entiendo. Somos distintos. No tenía por qué darte una explicación. ENRIQUE- Tampoco te la pedí. DAVID- Ella no quiso viajar. No estaba segura de vos. ENRIQUE- Ella no se animó. Estuvo en el aeropuerto. Pero se parece a vos, fue y es para vos. Conmigo no hubiese durado un invierno. Estamos en paz. MADRE- Hay que fumigar el jardín. PADRE- Se casa David. MADRE- Las hormigas están devorando todas las plantas. PADRE- Dije que se casa David. MADRE- ¡Cómo, así de golpe! PADRE- Hace cuatro años que están de novios. MADRE- ¿Y Enrique? PADRE- Él está en París. Ya se va a casar. MADRE- ¡Tengo que salir a comprar los regalos, hay que preparar la fiesta y mi peluquera está de vacaciones! PADRE- Tranquilizate, hay tiempo. MADRE- Salgo a comprar una sidra. ¡Lejaim! PADRE- ¡Lejaim!
DAVID- Finalmente todo se aclaró. Ella tiene un espacio, un pedazo de tierra. ENRIQUE- Nosotros creíamos y así nos fue... de a poco voy perdiendo los rasgos de Mariana. Cada año que pasa ella es más una bruma, a veces escucho su risa como... de murmullo de río, una voz lejana como un secreto en habitación contigua. Antes de llegar a casa caminé por los lugares que frecuentábamos, nada de lo que existía existe. Todo esta enterrado. Los que se salvaron hoy son abogados, políticos. Una lluvia...una nube que se pierde. (Ambos miran la foto de Mariana. Germán los contempla desde la puerta que da al dormitorio). VOZ EN OFF DE MARIANA- Enrique, no se lo cuentes a David. Hoy hice el amor por primera vez. Fue maravilloso. Pasamos toda la noche juntos. Ninguno de los dos pudo dormir, entonces nos quedamos leyendo a Neruda, a Wilde y a Rimbaud hasta que se hizo la mañana. Estoy enamorada y eso es lo mejor que puede pasar en la vida. Enamorarte, hacer la Revolución y tener un hijo... (El padre aparece mirando a través de la ventana). PADRE- Espero que deje de llover para cuando me lleven, los entierros
con lluvia son más tristes. ENRIQUE- A veces el mundo es más pequeño de lo que creemos.
Un día, en una de las tantas callejuelas del barrio latino caminando
en sentido inverso al mío, se detiene un hombre y me dice- ¿Usted
es Enrique, el hermano de Mariana?. No pude responderle. El se dio cuenta
y continuó, dijo que Mariana le había enseñado una
foto mía, que se había enterado de mí por un espectáculo
de teatro que yo daba en París al que él no pudo asistir.
Que solo quería decirme que él la había amado, que
había tardado muchos años en formar otra pareja, que logró
escapar gracias a algunas influencias de su padre y que hubiera preferido
morir a perderla. GERMAN- Cuando todo acabe pienso quitar los retratos de las paredes. Me gustaría ver la casa pintada de blanco. ENRIQUE- Puedo quedarme unos días para ayudarte. GERMAN- Pronto se va a hacer de día. Germán cruza el escenario con una camilla. David la mira, Enrique se resiste a mirar. DAVID- ¿Continúa lloviendo? GERMAN- No. El empedrado esta aún brilloso de la lluvia de anoche. El aire huele a jazmín de novia. Las palomas ya comienzan a girar el cielo. DAVID- Se dirigen a la escuela. ENRIQUE- Es aún temprano para el canto de la Aurora. DAVID- De mi mano fuiste al primer día de clase. ENRIQUE- No tengo recuerdos de esos años.. ¿Qué hacía? DAVID- Estabas asustado, extrañabas a mamá. Ella te había puesto una bolsita con provisiones como para tres días. ¿Voy a tener que estudiar? decías sin siquiera saber lo que significaba la palabra. Y yo te decía- esto es bravísimo, se te terminó la joda pendejo. (busca el álbum de fotografías) Hay una foto tuya del primer día de clase. En el trayecto al ir a buscar el álbum se miran con el padre. Acá esta, y este sos vos Germán. GERMAN- ¿Yo? ¿Qué estoy mirando? DAVID- La luna, qué otra cosa. ENRIQUE- Las fotos de mis primeras actuaciones. DAVID- Y las críticas. ENRIQUE- Papá guardaba todo. DAVID- La familia entera al lado del Plymouth el día que rompió el palier y tuvimos que caminar dos kilómetros empujando el coche bajo la lluvia. ENRIQUE- Cómo protestaba Mariana y para colmo ese día no habíamos pescado nada. GERMAN- ¿Y yo? DAVID- Vos ibas cómodo en los brazos de mamá. GERMAN- Mi graduación. DAVID- La fiesta de casamiento. ENRIQUE- Que hermosa era mamá. ¿Y esta foto? DAVID- Mi casamiento. ENRIQUE- Nunca la había visto. DAVID- Estabas en Europa. ENRIQUE- Las veces que volví nunca me la enseñaron. Están hermosos los dos y papá, acá están los tíos. Debe haber sido una fiesta maravillosa. DAVID- Si, lo fue...es lo único que tengo, un hogar a un paso del precipicio. GERMAN_ Si pudiéramos estar más tiempo juntos. DAVID- Aunque lejos siempre vamos a estar juntos. ENRIQUE- Es más un deseo que una realidad. (Suena el teléfono). GERMAN- Es Marta. DAVID- Hola, si...como esta Matías...es bueno que estés cerca de él...estábamos mirando fotos, nuestra foto de bodas. Hacía tanto que no la veía...yo también te quiero, todo se va a arreglar. Te beso y besá a nuestros hijos. GERMAN- (Desde la ventana). Es el eclipse. ENRIQUE- Qué extraño se ve el mundo en la oscuridad. DAVID- La gente comienza a llegar. GERMAN- ¿No lo reconocés? DAVID- ¿Es Carlitos Spiner? ENRIQUE- Pasaron treinta años. Se ve que ya no hace estatuas de barro. DAVID- Yo tampoco las hago. ENRIQUE- Lo siento, no quise ser irónico. DAVID- Fue mi amigo de la infancia. ENRIQUE- Lo sé, el mío no pudo ser. Un día después de haberme peleado con vos y Carlitos, después de haber roto como venganza las famosas efigies de barro. Entre corriendo a casa para esconderme en mi habitación. DAVID- Nunca imaginé. ENRIQUE- Papá se acercó y me preguntó PADRE- ¿Por qué estaba tan triste, por qué estaba tan solo? ENRIQUE- Sentí que era la única persona que lo había notado. Yo quise hablar pero no tenía palabras, entonces corrí llorando e insultándolo a papá. Sentía tanta vergüenza de mi soledad como la que continuo sintiendo a pesar de haber afinado mi gusto y mis modales. DAVID- Creí que eras feliz viviendo... ENRIQUE- A las trompadas, recibiendo y castigando. Era mi única forma de buscar amor. DAVID- En una oportunidad quise charlar. ENRIQUE- Lo recuerdo pero no era mi momento, no pude decir nada, disimule lo más que pude y nunca más intentamos acercarnos. GERMAN- Hoy lo despedimos a papá y siento que nosotros también nos despedimos. ENRIQUE- Ya no somos más niños Germán. Somos hermanos a la distancia, nos une un poco de sangre, la infancia y nuestros padres. Ellos murieron pero la infancia nos acompaña como una niebla de por vida, como ese poco de sangre. GERMAN- Volvió la mañana. Creo que tendré que bajar a abrir. Ah me olvidaba, papá me pidió que te lo diera (Le entrega a Enrique el reloj) No recuerdo muy bien lo que dijo... PADRE- Es el otro corazón de un hombre, un buen administrador de las horas pero no del uso. GERMAN- Los anillos son para vos David. David mira al padre. PADRE- Nunca los pierdas... es toda mi fortuna. GERMAN- A mi me dejó la cama que fue de los abuelos y la de ellos,
la cama que nací y donde algún día voy a morir. (La luz se concentra en el retrato de Mariana). Enrique, no se lo cuentes a David. Hoy hice el amor por primera vez. Fue maravilloso. Pasamos toda la noche juntos. Ninguno de los dos pudo dormir, entonces nos quedamos leyendo a Neruda, a Wilde y a Rimbaud hasta que se hizo la mañana. Estoy enamorada y eso es lo mejor que te puede pasar en la vida. Enamorarte, hacer la Revolución y tener un hijo. (La luz se concentra en el retrato o en los hermanos niños detrás
de los vidrios de una puerta a foro). DAVID- Lo único que nos libra de la muerte son los tres pases mágicos. ENRIQUE- ¿Que es eso? DAVID- Repetí conmigo “con un cuchillito verde de punta alfiler el car-ni-cero ma-tó a su mu-jer. A vei-nte a vei-nte la tri-pa caliente de su mu-jer”. (La luz se concentra en la imagen de los padres) PADRE- Hay que pensar en el futuro. MADRE- El futuro llega demasiado rápido. Mejor pensar en nuestros hijos. Ese es nuestro capital. PADRE- Entonces no agrando el negocio. MADRE- Seguí ocupando el tiempo leyendo política. PADRE- Nunca pierdas los anillos. MADRE- Nunca. Te amo.. PADRE- Yo también.
Diez años después sonó el teléfono en mi casa, Germán había muerto dos años antes en la misma casa, en la misma cama que lo vio nacer. Nunca llegó a viajar, tampoco llegó a conocer a mis hijas. Levanté el teléfono. Era David, me dijo algo que nos costó toda la vida para decirlo, una frase dicha en todos los libros, en todos los cines y en casi todos los encuentros. Pero para nosotros fue mucho más que una frase, fue algo que nos hizo vivir mejor el tiempo que nos resta. El no dijo otra cosa que te quiero...te quise siempre. NO pude hablar. Escuché su llanto y el escuchó el mío a través del teléfono. (El canto del hasán invade la escena, la luz barre con una ráfaga breve la imagen de los chicos apoyados en la puerta de vidrio, el padre y la madre del brazo en el zaguán profundo y cierra la imagen con Mariana riendo).
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