PERDIDOS EN EL LIMBOCARMEN POMBEROPERSONAJES
PRADO… o también Manuel Ordóñez ALICIA… o María Muñoz EMMA… ¿Arturo Rodríguez?
Suena la radio… Es un programa de entrevistas y tal… Una voz, de esas típicas de entrevistador radiofónico, habla a los oyentes: “Las personas entre 40 y 60 años han pagado las consecuencias de las separaciones y la desorientación, tras haber sido educados en un esquema tradicional de amor eterno que ha resultado ser incompatible con el ritmo de la sociedad actual… Estas personas, se ven obligadas a crearse nuevos modelos de pareja más racionales e igualitarios… Los swingers o intercambios de parejas adultas… La monogamia progresiva… O… el fenómeno anglosajón “living apart together”… Y yo les pregunto a ustedes… Sí dos personas, en la madurez de su existencia, deciden recuperar el control de sus vidas sentimentales y la forma de hacerlo no es “socialmente la correcta”… ¿qué pensaríamos de ellos?” Entra un tema musical de Pink Martini… PRADOEn el centro del escenario hay una cama de matrimonio vacía. Su aspecto es desolador: las sábanas de seda color gris oscuro están revueltas, como abandonadas al desasosiego de una noche de insomnio. Suena un teléfono. A la quinta llamada, salta el contestador automático. CONTESTADOR Ha llamado usted a la casa de don Manuel Ordóñez. En estos momentos no puedo atenderle. Si lo desea, puede dejar un mensaje y le llamaré lo antes posible. Gracias... (PAUSA.) Muy amable. Una voz, con el tono de haber pasado por tres paquetes de ducados, irrumpe con energía en el teléfono.
VOZ ¡Manolo! Tengo la solución a tu problema... Se llama… “Alicia”. La puedes localizar en... ¿Dónde puñetas he puesto la dirección? Bueno... Tiene una tienda de productos naturales en una de las calles que sale de Olavides, casi haciendo esquina. No tiene pérdida. ¡Suerte! Cuelga el teléfono... Suena una cisterna. La música de la canción STARDUST, por The Ray Gelato Giants, invade la habitación como un susurro. Manuel aparece en escena, en un impecable pijama blanco con finas rayas azules. Se está colocando bien la bragueta. Es un hombre maduro, que ha superado los cincuenta. Tiene una presencia elegante y distinguida, aún incluso en pijama. Por su aspecto, parece fatigado e incómodo por algo. Con desgana y como una rutina más a añadir a su vida, Manuel se dirige al armario, saca una colchoneta de goma espuma y la tira al suelo, con delicadeza... Se tumba sobre ella y comienza a realizar una tabla de ejercicios abdominales. Al principio, con bastante esfuerzo, más por la desgana que por la falta de forma física. Pero, poco a poco, se va animando con la idea de un cuerpo sin pliegues, hasta adquirir un ritmo de ejercicios aceptable. Una vez finalizada la sesión “puesta a punto”, se incorpora, guarda la colchoneta y se dirige a la mesilla de noche. Extrae un bote de crema de uno de sus cajones. Se sienta en la cama. Respira hondo... Hace una extraña mueca con la cara, en la que intenta estirar todas sus arrugas... Y se unta la crema, que es de color verde. El ungüento, no tarda en solidificarse sobre su cara, para adquirir un aspecto de lodo reseco y verduzco. Con cuidado, y el cuello bien estirado para que no se le desprenda la mascarilla artesanal, retira las sábanas de su cama, y se mete dentro. Apaga la luz. Enciende la luz. Se levanta. Suspira llevándose todo el aire de la estancia. Se dirige al público.
MANUEL Este estreñimiento me está matando. No puedo más. Se va al baño, sin preocuparse esta vez por la crema que reposa en su cara. La música se hace la dueña del lugar.
ALICIAUn teléfono suena. María aparece en camisón de tirantes color pergamino y con un peculiar estampado de caligrafía china. Es una mujer madura, que ha pasado los cuarenta y cinco. De aspecto jovial, parece que la vida se le desprende con energía de cada poro de su piel. María habla por su inalámbrico, que sujeta con una torsión de cuello, ya que necesita sus manos libres para entendérselas con unas cuerdas de escalada.
MARÍA ¿Pero has pedido la caléndula? Sí... Ya... Entiendo. Pues hija, no sé si será mejor en crema o en pastillas... ¿Para qué servía la caléndula? (ESCUCHA.)Pues ya está. Si es para las irritaciones, digo yo que será mejor en crema, ¿no? ¡Ay! La verdad es que estoy hecha un lío. Vamos a pedir de los dos tipos y ya está... No sea qué... Oye, ¿la caléndula no será de esas hierbas que han retirado del mercado, no? Lo que nos faltaba en el negocio. ¡Qué nos acusaran de envenenar a los clientes! María enciende la luz. Queda visible su cama, vestida de sábanas blancas de algodón con cojines de colores azules y verdes. María ha dejado de prestar atención a su interlocutora, pero mantiene prendido el teléfono. Se sube a la cama, para adquirir la altura suficiente desde la que poder soltar las cuerdas de escalada y localizar el nudo que la está volviendo loca.
MARÍA No entiendo nada. Algo habré hecho mal. Sí, te estoy escuchando... Estoy liada con unas cuerdas... No. De la escalada... ¿No te lo había dicho? Con este ajetreo que tenemos en la tienda, se me habrá pasado. (SE BAJA DE LA CAMA. HA LOCALIZADO EL NUDO.) Estoy haciendo un curso de escalada. No, no es un deporte peligroso. De momento, subimos paredes y hay colchonetas debajo. Sí, no me gusta el campo... (EMPIEZA A MOLESTARLE TENER QUE DAR TANTAS EXPLICACIONES.) Pero la escalada no tiene nada que ver con el campo, sino con las montañas, que es distinto. No, lo del curso de acupuntura lo dejé la semana pasada. Porque me dan asco las agujas. ¿Hija y qué quieres que le haga? Me equivoqué… Pensaba que el “trascendentalismo” chino me iba que ni pintado… Hasta que aparecieron las agujas… ¿Quieres dejar de ser tan negativa? Haces un drama de todo. Bueno, que te tengo que dejar ya. Mañana nos vemos. Sí, sí... Hasta mañana. (APAGA EL TELÉFONO.) ¡Qué plasta! Mira, no sé que habré hecho con la dichosa cuerdecita. Le van a dar morcillas. La canción SYMPATHIQUE, interpretada por Pink Martini se adentra en el espacio. María deja la cuerda sobre una silla. Se quita las zapatillas. Se cepilla el pelo. Se mete en la cama. Suelta un leve suspiro. Apaga la luz. Se mueve inquieta en la cama. Enciende la luz.
MARÍA La meditación... Ya sabía yo que se me olvidaba algo. Se levanta. Abre el armario. Saca un cojín. Lo coloca en el suelo. Se dirige a un pequeño altar que tiene instalado en un lateral de su habitación. Enciende una vela y una vara de sándalo. MARÍA Si es que, cuando no abro mis shakras, no doy pie con bola. Toca una campana. Hace una reverencia a la pared y se sienta sobre el cojín en la posición de loto. Realiza unos movimientos previos de distensión. Respira hondo. Cierra los ojos.
UNA DE FIBRA, POR FAVOR
La canción SYMPATHIQUE, interpretada por Pink Martini continúa. Manuel aparece vestido de chaqueta y con un maletín en la mano. Mira en una y otra dirección. Saca un papel del bolsillo. Lo lee. No ve nada, así que se pone las gafas (una de esas rectangulares y pequeñas) y vuelve a leer la dirección que indica el papel.
MANUEL ¡Leche!
Manuel rectifica el camino que llevaba. Un poco más adelante, suspira y se toca el vientre. Al pasarse la mano sobre éste, desaprueba con un gesto el volumen que le provoca el estreñimiento. En un lateral, prácticamente vacío, está María. Va vestida de lino, con unos pantalones burdeos y una blusa blanca. Sobre un pequeño mostrador, deposita unas cajas de productos naturales (infusiones, semillas...) Abre una de los productos y lee los componentes.
MARÍA (GRITANDO.) ¡Natalia! ¿La onagra la han retirado los de SANIDAD? (PARA SÍ.) Desde luego, me van a volver loca. Yo ya no sé qué vender. Voy a acabar poniendo una farmacia y a hacer puñetas con la tienda dietética. María empieza a sacar los productos y a colocarlos en orden sobre el mostrador, previo intentar enterarse de la utilidad de cada uno. Manuel aparece, bajo una luz cenital, con el papel en las manos y algo aturdido. MANUEL Buenos días. María, perdida entre los prospectos de sus productos, ni se inmuta. MANUEL Esto… ejem. Buenos días. María reacciona. Guarda los prospectos, sin atender a la caja a la que pertenece cada cual. MARÍA Hola, buenos días. ¿En qué puedo ayudarle? Perdone el desorden. Estamos haciendo… inventario de material… de productos… MANUEL Soy un amigo de Arturo. MARÍA ¿De Arturo? Ah... Sí. MANUEL ¿Es usted Alicia? MARÍA (MIRA A SU ALREDEDOR, INTRANQUILA.) Shhhh. María, María… Manuel comprueba en el papel las instrucciones que le ha dado su amigo… MANUEL ¿María…? Creí que me dijo Alicia… MARÍA Sí, sí. Pero soy María… MANUEL Bueno… El caso es que me habló muy bien de usted… Me dijo que es la solución a mi problema. MARÍA ¿Su problema? MANUEL Dice que hace maravillas… MARÍA ¿Eso le dijo? Vaya… con Arturo. ¿Qué quiere usted? ¿Unirse al club? MANUEL ¿Al club? (MIRA A SU ALREDEDOR.) Pues… bueno, claro. ¿Qué hay qué hacer para ser socio? Aunque primero me gustaría probar… o, bueno, que me aconsejara… Yo soy muy tradicional para estas cosas y... MARÍA Bueno, aconsejarle… no sé. No se aconseja. El que entra, tiene que tener las cosas claras. Somos personas adultas, sabe.
MANUEL ¿Y qué tipo de cosas hay que tener claras? Porque todo, todo, claro, claro, pues… MARÍA Ya veo. Con usted hay que empezar de cero, ¿no? Arturo siempre me manda a los primerizos. No sé cómo lo hace. En fin, ¿cómo se llama? MANUEL Manuel Ordóñez. MARÍA Ese nombre no, por Dios. El otro. MANUEL ¿Qué otro? Sólo tengo un nombre. MARÍA ¿Pero es que Arturo no le contó nada? No se usan los nombres verdaderos. Son las reglas. MANUEL ¿Usted no se llama María? MARÍA ¡No! Yo soy Alicia. Manuel lee el papel. Mira de reojo a María. Saca las gafas y vuelve a comprobar el nombre. MANUEL Pues hace un momento me ha dicho que se llamaba María… MARÍA Bueno, es que Arturo es imbécil. Él usa las reglas como le da la gana. Ese nombre es el de verdad. Pero el del club es Alicia. ¿Cómo se quiere llamar usted? MANUEL ¿Yo? Yo… pues. Es que, no entiendo, señorita. Señora… MARÍA Un nombre. Sólo piense un nombre. Algo que le guste, que le defina… Yo soy Alicia, del País de las Maravillas… No lo mal interprete. El País de las Maravillas sólo es un mundo mejor, en armonía, rodeado de paz y equilibrio… ¿Comprende? MANUEL (CADA VEZ MÁS CONFUNDIDO.) Sí… Es decir, poético. ¿Es usted pacifista? MARÍA Esto no tiene nada que ver con la política. MANUEL Ah, bien. Menos mal. Entonces… No sé. ¿Qué tal Prado? MARÍA Prado… ¿De prado del bosque, por ejemplo? MANUEL No. De Prado del Rey. Vivo cerca y se me ha venido a la cabeza de repente. MARÍA De acuerdo. Por mí está bien, es usted el que tiene que sentirse a gusto. MANUEL Yo… MARÍA ¿Está casado? MANUEL No. No… Ya no. MARÍA Entiendo… ¿Cuándo quiere que empecemos? Hay que ir poco a poco. Se lo habrá dicho Arturo… MANUEL Bueno, la verdad es que yo había pensado empezar hoy mismo. Me encuentro fatal. MARÍA ¿Hoy mismo? Oiga, estas cosas hay que hacerlas con calma. Todo el mundo se siente fatal, ¿sabe? Pero es que esto, no es una terapia en grupo… Desde cuando no… Ya me entiende. MANUEL Casi una semana. MARÍA ¿Y ya está tan desesperado? ¿No será una especia de pervertido? Aguante un poco más, hombre. MANUEL ¡Aguantar más! Pero si voy a reventar. MARÍA ¡Por Dios, que exagerado! Una semana de incontinencia sexual no hace daño a nadie. MANUEL ¿Sexual? MARÍA Sí, y usted es un maníaco. No sé qué le habrá contado Arturo, pero esto no es un… No somos unos fanáticos del sexo. MANUEL ¿Sexo? Pero, yo, la verdad, no entiendo nada, señorita. MARÍA Esto es algo formal. Somos adultos y responsables, ¿entiende? MANUEL ¿Esto no es una tienda de productos dietéticos? Llevo una semana estreñido y ya no sé qué hacer. Me estoy volviendo loco. MARÍA ¿Estre…? ¡Estreñido! Haber empezado por ahí. (LO MIRA SIN PODER AGUANTAR LA RISA.) MANUEL Oiga… Me parece muy poco serio. Un poco de respeto, por favor. Se supone que usted es una profesional. MARÍA Sí, sí. Lo siento. Yo… Todo ha sido un malentendido. En fin. Veamos que hay por aquí. María busca entre las cajas, ante la perplejidad de Manuel. MANUEL La verdad, estaba empezando a pensar que la maníaca era usted. MARÍA No me extraña… ¿No sabe nada… de nada…? Del club, me refiero. MANUEL Pues… MARÍA Bueno, creo que esto le vendrá bien. MANUEL ¿Qué es? MARÍA Fibra. MANUEL Ya la he tomado y no me ha hecho efecto.
MARÍA Pero ésta es diferente. Tiene… Tiene, esto… ¿cómo se llama? Ahora no me viene a la memoria. Lo voy a tener que leer, porque como estamos haciendo inventario, ¿sabe? Pues tengo una mezcla de prospectos… En fin, lagunas como desiertos. Pues eso. (LEE EL PROSPECTO.) Fibra. Lo que yo le decía. Pero es un concentrado. Le vendrá fenomenal. Todas las noches una infusión en taza grande. Cuide la alimentación. Tome agua. Mucha. Cinco o seis litros diarios. Nada de excitantes. Una cucharadita de aceite en ayunas y unas ciruelas pasas, le vendrá bien. ¿Fuma? MANUEL No. MARÍA Lástima. Porque un cigarro en ayunas también ayuda. MANUEL ¿Y cree que mañana mismo ya podré… MARÍA Seguro. Póngase también estos supositorios. Yo creo que con todo lo que le he dicho, si lo sigue al pie de la letra… Pues, es que no puede fallar. MANUEL Bien… Gracias. ¿Cuánto le debo? MARÍA Nada. Se lo regalo. Por lo del error… Ya sabe, lo de maníaco sexual y todo eso. MANUEL Pero yo… No mujer, no importa. ¿Cuánto le debo? De veras... MARÍA Estamos en paz. MANUEL Está bien… Buenos días y encantado. MARÍA Igualmente. Y suerte… Manuel se gira, dispuesto a marcharse. Pero la curiosidad le retiene. MANUEL ¿Me deja, al menos, que la invite a cenar? MARÍA ¿Cenar? MANUEL O a tomar una copa… una cerveza… Ya que me ha regalado la fibra, es lo menos… MARÍA Bien… pues… La canción L-O-V-E, por The Ray Gelato Giants, irrumpe como un estallido. María queda a oscuras, con la respuesta en el aire. Una luz cenital deja a Manuel a solas con el público. MANUEL Y así es, como empezaron mis problemas… PRIMEROS ENCUENTROS
El teléfono suena. Manuel, aún bajo la luz cenital, se tantea en la chaqueta, hasta localizar su teléfono móvil.
MANUEL ¿Diga? ¡Arturo! Pero… ¿Se puede saber con qué clase de chiflada me has… ¿Cómo? Sí, claro que ya he ido a la tienda de “Alicia”. ¿Pero en qué puñetas andas metido? ¿De qué va todo esto? Manuel empieza a deambular por el espacio. A su paso, la luz le indica un nuevo camino a seguir, mientras la música se atenúa.
MANUEL ¡Me ha puesto de nombre Prado! Y no sé qué otras leches de ir poco a poco, de que todos estamos fatal… ¿Pero es que andas metido hasta la médula en alguna secta? (PAUSA.) ¿Qué? ¿Encuentros se…? ¿Intercambios de qué? Sigue andando por el escenario hasta que tropieza con su cama… MANUEL ¿Sexuales de maduritos? ¡Joder! Su cama nada tiene que ver con el aspecto que mostraba anteriormente. Ahora está hecha con perfección milimétrica y excelente armonía de colores negros y grises. Muy sobria. Pero perfecta.
MANUEL Sí, claro que yo también me siento solo. Como todo el mundo. Y más a una edad que… En fin. Ya conoces mi situación. Pero, crear un club de maníacos sexuales con achaques de próstata… Me parece… Es… Inmoral. Eso es. Obsceno. ¿En qué diablos estabas pensando? Arturo, por Dios, estás en un limbo… Manuel se quita la chaqueta, se sienta en la cama y empieza a quitarse los zapatos.
MANUEL ¿Inocente? Pero, ¿cómo de inocente? Echar un polvo con alguien desconocido es… ¿inocente? No tenemos quince años, por el amor de Dios… No es desconocido. Bien. (PAUSA.) Entonces… Manuel se desprende de la corbata y la camisa a la vez que habla.
MANUEL No sé, Arturo. Yo, no sé si sería capaz de algo así. Yo, tengo una manera de pensar… Soy más chapado a la antigua… Se conoce a una mujer, le pides salir, os hacéis novios, te casas… Y en mi caso, te divorcias dos veces. Una cosa tradicional, ¿me comprendes? Pero yo... yo no sirvo para, acostarme ocasionalmente con una amiga, que además, también se acuesta ocasionalmente con tres o cuatro amigos míos, divorciados o solterones… Yo… Yo aspiro a una pareja estable. O aspiraba… Esto no es lo socialmente correcto, Arturo. Tienes que parar esta secta de cincuentones con ramalazos budistas. Es… Esto no es manera de encauzar tu vida, Arturo. Manuel se quita los pantalones. MANUEL En la madurez de mi existencia, yo… Yo lo que deseo es recuperar el control de mi vida. Pero tu manera de hacerlo… (DEJA EL TELÉFONO.) Yo no sería capaz de algo así. Manuel se mete bajo las sábanas. De pronto, María entra en la habitación en combinación. Manuel se sobresalta. María lleva unas velas, que deposita alrededor de la cama. Él la mira asustado, sin saber qué pensar.
MARÍA Espero que no te importe que medite primero. Es que yo, si no abro mis shakras, no llego al orgasmo pleno. MANUEL No, que va. Estás en tu casa. Mientras habla, María va sacando de su bolso todo lo necesario para el ritual. La campana, el sándalo… Ante la mirada atónita de Manuel. MARÍA Gracias por la cena. Me encantó la comida cubana. Y bailas muy bien la salsa. MANUEL Gracias. Me enseñó mi mujer. La primera de las dos. MARÍA No me has contado aún nada de tu vida amorosa… Me sorprende… MANUEL ¿Por qué? MARÍA Tenías aspecto de ser el típico hombre amargado que arrastra el divorcio en su vida y cuando conoce a una mujer no hace otra cosa que hablar de su pasado… MANUEL Vaya… ¿Y todo eso lo has adivinado en la primera cita? MARÍA ¿Por qué te divorciaste? MANUEL Se divorció ella. Se cansó de mí. Pero, porque nos casamos muy jóvenes y tuvimos un hijo… De penalti, ya me entiendes. Mi hijo se llama… Manolito. MARÍA ¿Y tú otra esposa? ¿Me dejas un cojín? MANUEL Sí, claro. ¿Gris o negro? MARÍA ¿No lo tienes en azul o verde? MANUEL No… ¿No te gusta el negro? Yo soy muy clásico. MARÍA Entonces, el gris. María coloca el cojín en el suelo y hace una reverencia a la pared. MANUEL Amparo también me dejó. Después de quince años, me dijo que la vida junto a mí se le hacía pesada. Después de tantos años juntos, ¿cómo es que no se le hizo pesada antes? MARÍA Debes tener un trabajo monótono y una vida más monótona aún. Será por eso que lo decía. MANUEL Ah… ¿Tú crees eso? ¿Qué… qué yo soy…? MARÍA Suele pasar. MANUEL Bueno… Y… ¿Y tú? Tampoco me has contado nada de tu exmarido. MARÍA Yo me divorcié justo a tiempo para darme cuenta de que mi marido no dejaría nunca de ser un imbécil. MANUEL ¿Y por qué te casaste entonces? MARÍA Pensé que yo le cambiaría… Le amoldaría a mi manera… Pero la botella se encargó de amoldarle primero. MANUEL ¿Te pegaba? MARÍA ¿Has hecho meditación alguna vez? MANUEL No. MARÍA Ven. Trae un cojín. Te vendrá bien. Te ayudará a encontrarte contigo mismo y tus ancestros. MANUEL No sé si quiero encontrarme con esos.
MARÍA Vamos, no seas miedica. Hay que probarlo todo en la vida. Si no lo hacemos ahora… Manuel sale de la cama. Cuando se da cuenta de que está en calzoncillos, se lía la sábana a la cintura para cubrirse. María hace una nueva reverencia a la pared. Manuel mira a un lado y a otro, como tratando de averiguar a quién hay que saludar. Pero, aún así, imita el gesto de María. María adopta la posición de loto con total elasticidad. Manuel, sin embargo, debe sufrir varias contracturas hasta, medianamente, lograr un clon de la posición. María hace unos leves estiramientos que, a Manuel, seguirlos le parece un auténtico ejercicio de contorsionismo. Por último, María emite un par de respiraciones perfectamente audibles, seguidas de un profundo “om”. Manuel, aturdido por la nueva experiencia, la sigue, una vez más. MARÍA (TRASCENDENTE.) Relaja tu mente. Deja que los pensamientos fluyan, pero no te detengas en ellos… Concéntrate en tu respiración y en los sonidos que te rodean. Escucha tu cuerpo. Como se siente, que le duele… Coloca la yema del índice pegada a la del pulgar, para eliminar la energía negativa. Y… (CAMBIA RADILAMENTE EL TONO.) ¿Qué venía ahora? ¡Ah, sí! No dobles la espalda. La luz deja a los protagonistas sumergidos en un mar de velas. La canción de AMADO MIO, por Pink Martini, va adentrándose en las llamas con cautela, hasta apagarlas. Poco a poco, la oscuridad y la melodía se funden con un jadeo de mujer. Con timidez, trata de darle alcance el jadeo de un hombre.
VOZ DE MARÍA Así, así… ¡Ahhh! ¡Oh, sí! Sí… Sigue… Sigue. Chúpame. Cómo te siento… ¡Ahhhh! Cómo te siento… Así, profundo. Llega hasta el fondo. VOZ DE MANUEL ¿Así o más a la derecha? ¿No te haré daño, verdad? VOZ DE MARÍA Chupa, chupa. VOZ DE MANUEL ¿Ahora? ¿Quieres que me salga y te lo haga con la boca?
VOZ DE MARÍA ¡No! No te salgas. Chupa lo que sea. La cara, el cuello, los pechos… No sé, hijo. Usa la imaginación. VOZ DE MANUEL Lo siento, yo… Es que tengo que consultarlo todo, ¿sabes? Me gusta comunicarme con mi pareja. VOZ DE MARÍA Sí, sí… Después hablamos un ratito. Así, sí. ¡Ahhhh! Dale, dale… VOZ DE MANUEL ¿Dale…? ¿Más fuerte o más rápido? VOZ DE MARÍA ¡Ayyyy! Las dos cosas. Pero calla de una vez. Las sábanas se agitan y los gemidos de María se expanden por la habitación.
MARÍA (ORGÁSMICA.) ¡Ahhhhhh! MANUEL (ENTRE DIENTES.) Estoy llegando… ¿Y tú? MARÍA Ya, ya… Ya estoy. MANUEL (SUELTA UN LEVE ALARIDO DE ORGASMO.) Ufff… ¿Y? MARÍA Bien, bien. Los shakras siempre ayudan mucho. MANUEL Yo también bien. Eres muy excitante. Pese a tu edad, eres… Eres… Quiero decir, la edad no importa, pero… Bueno, es raro que a tu edad, y a la mía, una mujer madura resulte tan sexi a los ojos de un hombre, también maduro, que lo normal es que se ande fijando en jovencitas, pero tú… Tú… Eres sensacional. MARÍA Tú tampoco estás mal. No tienes mucha barriga y el cutis está arrugado, pero sin ser una pasa. MANUEL Gracias. Estaba un poco nervioso. Yo… Esto de los encuentros sexuales, a mi edad… En fin… Arturo me convenció. Yo nunca lo había hecho así, en la primera cita… MARÍA No hay nada pecaminoso en el club. Somos adultos que deseamos compartir vivencias, cariño, amistad. Sin ningún tipo de compromiso. Eso es todo. MANUEL ¿No quieres una pareja estable? María se levanta envuelta en las sábanas y se dirige al cuarto de baño. VOZ DE MARÍA No, gracias. Una y no más. Ya me he acostumbrado a estar sola. Tengo mi negocio, mi vida social, cultivo mis inquietudes… No quiero líos. MANUEL Yo, hasta hoy, creía que era una persona… clásica. Pero, si te digo la verdad, no tengo fuerzas para otra relación… y otro divorcio. (BUSCA A MARÍA CON LA MIRADA ENTRE LA PENUMBRA DE LAS VELAS.) Esta fórmula no está tan mal... ¿No? VOZ DE MARÍA No, claro que no. Si lo hacen los jóvenes, ¿por qué nosotros no? ¿Por qué somos unas carcas? La vejez, se lleva en el espíritu, no en el cuerpo.
MANUEL Y, ¿haces esto… a menudo? VOZ DE MARÍA No hay una rutina. De esa forma se perdería el morbo y se convertiría en una relación. Va surgiendo… MANUEL Pero… ¿Lo haces con muchos? Quiero decir, que, ¿cuántos sois en el club? VOZ DE MARÍA Unos cuarenta o cincuenta. MANUEL ¿Tantos? VOZ DE MARÍA Sí… se corrió la voz y no veas como empezó a apuntarse gente… hay de todo. Solitarios, peter pans, casados y casadas… zorras… amas de casa amargadas… MANUEL ¿Y lo habéis hecho entre todos? ¿Con cuantos te has… VOZ DE MARÍA No, con todos no. MANUEL (RESPIRA MÁS TRANQUILO.) ¡Ah! VOZ DE MARÍA Con las mujeres no me lo he hecho. Esa historia no me va. La luz cenital se posa sobre Manuel… A público. MANUEL ¿Dónde cojones me he metido? Suena un timbre...
MANUEL (MIRA EL DESPERTADOR.) ¿Y ahora qué? Manuel se levanta y sale de la habitación. Se oye un grito de Manuel. Un hombre de edad similar a la suya, muy delgado, aparece vestido de mujer con traje de fiesta. Manuel le sigue.
MANUEL ¡Arturo, por el amor de Dios! Esto si que no me lo esperaba de ti. ARTURO ¡Tienes que ayudarme, Manolo! MANUEL Pero... Pero, Arturo, me vais a volver loco. ¿A qué viene este disfraz? ARTURO Es un juego, Manolo. Cosas del club. MANUEL ¿Qué? ARTURO Yo soy Emma. MANUEL Arturo, por Dios… ARTURO Como tú Prado... Pues eso. Que yo soy Emma. MANUEL ¡No me vengas con mariconadas! ¡Te conozco de toda la vida! ARTURO Que, no Manuel, que no. Estaba con ella... (LE HABLA AL OÍDO.) Daisy... Ese es su apodo. Es una señora muy... como te lo explico. Fantasiosa. Nos gusta jugar... MANUEL Macho, tú eres un depravado. ARTURO Te aseguro que no es lo que piensas. Es un juego inocente. A las películas. Ya sabes lo que me gusta el cine.
MANUEL ¡Arturo, no me toques... ARTURO Hoy tocaba “Con Faldas y a lo Loco”. Y La vez pasada, yo era Gloria Swandon y ella John Wayne. ¿Ves? Una cosa inocente. MANUEL Una no tiene orgasmos si no es con shakras y tú... Tú y la otra os montáis un club de travestíes en cada cita... ¡Pero es que no existen relaciones normales en este país! ARTURO Te aseguro que no es algo pecaminoso, no tiene nada que ver con el sexo... Bailamos, cantamos y hacemos alguna secuencia de la película en cuestión. Nada más. MANUEL ¿Y te parece poco? Una cosa es sentirse solo, Arturo, y otra, hacer de... ¡Qué tienes una edad, hombre! ARTURO Y ella un marido... MANUEL ¿Cómo? ARTURO También hay matrimonios, ya lo sabes… lo del intercambio de parejas… Sólo que el marido de Daisy no se intercambia con nadie… y mucho menos quiere que su mujer se intercambie a sí misma… MANUEL ¡Cielo Santo, Arturo! ARTURO Y al marido hoy le dio por seguirla… Mira tú por donde… Justo me tenía que tocar a mí. La siguió hasta mi casa. Se volvió loco y la sacó de los pelos... Empezó a decir barbaridades porque es abogado… Estaba hecho una furia y dijo que iba a empaquetarnos… que llegaría hasta el fondo. MANUEL ¿Cómo de fondo? ARTURO A ella se le escapó lo del club. MANUEL ¡Joder, Arturo! ARTURO No hay nada malo en esto… No es una red de prostitución. MANUEL No todo el mundo tiene una mente abierta en este país… Y menos en mi oficina. ARTURO Ya… ya. Arturo se sienta en el borde de la cama y suspira… Suena NO HAY PROBLEMA, por Pink Martini.
PRADO Y... ALICIA
Manuel está en pijama, en la posición de loto, concentradísimo... o eso parece. En su habitación, el altar de meditación está instalado como si ya formara parte del mobiliario. Lo incómodo de la posición, hace que Manuel vaya dejando que su espalda se relaje. Cuando se da cuenta, abre un ojo, se cerciora de que nadie le ve y aprovecha para hacer unos estiramientos de piernas y espalda. María, ataviada con una bata de motivos orientales, entra inesperadamente.
MARÍA Prado, Prado... MANUEL Esto es muy desagradable. Creo que se me ha roto algo. ¿Me haces uno de esos masajes? María hace un gesto a Manuel para que se tumbe en la cama. Manuel, una vez que consigue deshacerse de la postura de loto, se tumba. María se sube sobre él y comienza a darle un masaje en la espalda. MARÍA Respira hondo. No te relajas nada. MANUEL Tengo muchos problemas. El negocio no va bien. He perdido un cliente. MARÍA Bueno, yo he perdido hoy a una clienta. Y ya van cuatro esta semana. MANUEL ¿Y no te afecta emocionalmente? MARÍA No. Ni que hubiese perdido un pariente.
MANUEL Pues a mí sí me afecta mucho. Caigo en un estado de depresión… ¡Qué gusto! ¿Dónde aprendiste a dar masajes? María le da un masaje en los pies. MARÍA Hice un curso de quiromasaje. Pero lo tuve que dejar antes de terminarlo. Me estresaba demasiado. Por aquel entonces también hacía yoga, tai chi y za zen. Una no puede tener tantas cosas que la relajen en la vida, porque si no, va como un zombi. Por eso cambié radicalmente y me metí en los deportes de riesgo. MANUEL ¿En serio? Me parece... es... Eres una mujer apasionante. Me encantaría tener tantas inquietudes. MARÍA Todo es ponerse. Empecé con el ala delta, pero volar, no es lo mío... Necesito tener los pies en la tierra. Así que me metí en descenso de cañones, pero en ese deporte no tocas tierra hasta que tu cabeza se estampa contra una roca. MANUEL Entonces, ¿ya no haces nada? MARÍA Ahora tomo clases de windsurf.
MANUEL ¿A tú edad? María le estira de la pierna. MARÍA ¿Qué le pasa a mi edad? MANUEL Bueno, creí que el windsurf... En fin, que en las películas siempre son mujeres... chicas y chicos que... Con unos cuerpos, que en fin... María le estira de las dos piernas a la vez. MARÍA ¿Qué le pasa a mi cuerpo? MANUEL Nada, absolutamente nada. Sólo que me... impresiona tu vitalidad. Eso es todo. María se sube sobre la espalda de Manuel y le da un masaje con los pies. Se hace un incómodo silencio. MANUEL ¿Has visto recientemente a alguno de... María presiona con sus pies con demasiada fuerza. Manuel se queda sin respiración. MANUEL ... los chicos? MARÍA ¿Qué chicos? MANUEL Los del club. MARÍA Eso no se pregunta. MANUEL ¡Ah! (SILENCIO.) Y... ¿Cómo se os ocurrió crear el club? MARÍA Surgió. Por casualidad. No fue nada preparado, ¿sabes? De repente uno empezó, otro siguió. Y nos fuimos uniendo gente. Es un club muy abierto.
MANUEL Ya, ya lo veo. La verdad es que nunca me lo hubiese esperado de Arturo. Es tan... tan... La gente nunca es lo que parece. MARÍA Mírate a ti. Estás metido hasta el cuello.
MANUEL Yo no he visto a ninguna de... La verdad, es que sólo quedo contigo. No tengo ganas de complicaciones. MARÍA (SE DETIENE EN SECO.) Yo tampoco. MANUEL Pero, ¿no echas de menos una pareja? ¿Alguien con quien compartir? Una amiga y una compañera, con la que poder construir una relación, un proyecto de vida, una... MARÍA No. Mi vida está bien así. Yo no tengo tiempo para relaciones. Me quitan mucho tiempo. MANUEL Ah… María baja de la cama con ímpetu. Manuel la observa con cariño. MANUEL ¿Te gusta el teatro? MARÍA Me parece aburrido. MANUEL ¿Aburrido?
MARÍA Hablan muchísimo. ¿Tantas cosas se tienen que decir los actores? No lo entiendo. MANUEL Vaya, pues lo siento. Pensé que te gustaría. ¿Prefieres el cine? MARÍA Pues sí. Es más entretenido que te pongan en la pantalla Manhattan, con sus edificios, las grandes avenidas, el río... MANUEL En todas las películas no sale New York... MARÍA En las que yo veo sí. Manuel se acerca a María y la rodea con sus brazos. MANUEL Bueno, podemos ir al cine el miércoles. Te llevaré a una película donde se vea París. MARÍA ¿No será una de esas películas francesas en las que no pasa nada? María se deshace del abrazo y se dirige al baño. VOZ DE MARÍA De todas formas no voy a poder. MANUEL Pues otro día. VOZ DE MARÍA Es que... No podré en toda la semana. Me voy a poner en práctica todo lo que he aprendido en mis clases de windsurf. MANUEL Es estupendo… Me gustaría tener un grupo de amigos con los que compartir mis aficiones, como tú. VOZ DE MARÍA No me voy con ningún grupo. Esta vez, no. Prefiero algo más romántico. Manuel empieza a recoger la habitación. MANUEL ¡Ah! Vaya... Pues... María sale del baño, a medio vestir. MARÍA ¿Te importa que me lleve mis cosas de la meditación? No me gusta estar demasiado tiempo separada de ellas. MANUEL No, por supuesto. Son tuyas. María empieza a recoger sus cosas de la meditación. MARÍA No, las mías nunca las muevo de casa. Allí tengo instalado mi altar fijo. Pero siempre llevo en el bolso uno portátil para las citas… Nunca se sabe donde vas a dormir y si necesitarás abrir los shakras o no. Así que me lo llevo conmigo a la playa. MANUEL ¿Te vas con alguno de los chicos? MARÍA ¿A la playa? No, por Dios. Prado, el club no es para ese tipo de cosas… ¿Lo entiendes? El club sólo es sexo y diversión… Nada más. Silencio. MARÍA Me voy con mi profesor de windsurf. Un ruso croata o algo así. Por más que me lo explica, no atino a saber de donde leches es. Los países están todo el día cambiando de sitio… MANUEL ¿Cómo se llama? MARÍA Dice que Marcos. Pero tendrá uno de esos nombres impronunciables. Se los cambian, ¿sabes? Me lo dijo él. MANUEL Es... ¿joven? MARÍA Un crío... Pero sabe muy bien lo que hace. Se marchó de su país en busca de libertad. ¿No te parece poético? Eso si que es tener valor en la vida. Dejarlo todo. Familia, estudios, amigos... En busca de un sueño, de una realización personal... Habría que admirar a los inmigrantes. Hace falta coraje para dejarlo todo y empezar de cero en un país que por dar, no les da ni las gracias. MANUEL Pero, ¿estáis…? ¿Sois amantes? MARÍA A éste le queda mucho por vivir. No me voy a enamorar de un polaco que ni si quiera sabe si le renovarán los papeles... MANUEL Creí que... Bueno un chico joven, atractivo, de cuerpo atlético y con un pasado apasionante... Yo me enamoraría, la verdad. MARÍA ¡Qué tradicional eres, Prado! MANUEL Bueno... Estoy en el club. MARÍA No, estás conmigo, que es distinto. Para ti, estar con una mujer es invitarla a cenar una noche y que a la próxima cita deje su cepillo de dientes en tu casa. MANUEL Exageras... yo… MARÍA Seguro que nunca te lo has hecho con una veinteañera. MANUEL Por Dios, Alicia. ¿Cómo me voy a ir a la cama con una chica de la edad de mi hijo? ¡Podría ser su novia! MARÍA Eres un caso... Tienes que abrir tu mente. Déjate llevar por nuevas experiencias. MANUEL Yo quiero recuperar el control de mi vida después de dos divorcios y tú me hablas de aventuras con adolescentes. MARÍA No te vendría mal practicar deporte de alto riesgo... Eso podría ayudarte a... arriesgarte. Manuel la mira.
MANUEL Parece que los dos hemos terminado de recoger al mismo tiempo… MARÍA Sí. Es muy tarde… María se va a marchar… MARÍA En el club solo nos une la amistad… y el sexo… MANUEL Y un poco de soledad… María le mira sin decir nada y se va. Suena la canción THE UMBRELLA MAN, por The Ray Gelato Giants. MANUEL Deporte de alto riesgo... Tonterías. A mí me gustan las cosas tranquilas. La colchoneta de goma espuma, las abdominales antes de dormir, un poco de estiramiento en la cama... Cosas sin sobresaltos... Manuel se va a acostar, pero cambia de opinión. Saca sus utensilios de gimnasia. Tira la colchoneta sobre el suelo, con ímpetu. Se tumba y comienza a hacer abdominales como un poseso. UNA DE WESTERN
El timbre, vuelve a sonar. Manuel se levanta del suelo. MANUEL ¡Puñetas! Me van a volver loco. Manuel sale. Arturo entra en pleno estado de nervios. Manuel, le sigue. MANUEL ¡Joder, Arturo! ¿Pero esto te parece que son horas? ¡Son las cinco de la mañana! ARTURO No tengo donde dormir, Manolo. No puedo entrar en mi casa. MANUEL ¿El marido? ARTURO Me asedia. Tengo que salir de casa a escondidas tras la vecina del sexto, una anciana de noventa años. Se ve que por lo menos, respeta a las personas mayores. MANUEL Pero plántale cara, hombre. ARTURO ¿Plantarle cara? Pero si es mucho más fuerte que yo... MANUEL Eso no es difícil… Bueno, no será para tanto. ARTURO Te lo juro, Manolo. Si quisiese unirse a los juegos con su mujer y conmigo, bordaría el papel de mafioso. MANUEL Pero esto no puede seguir así. Sin poder dormir en tu casa. ARTURO Y hoy vino a la oficina. MANUEL ¡A la oficina! ¿No le habrás dicho que… yo… ARTURO Ya sabes como soy, Manolo… MANUEL ¡Un bocazas! ARTURO Pero sólo se lo dije a ella… MANUEL Lo que me faltaba. ARTURO No, escucha. Todos sabemos quienes están y quienes no. Nos intercambiamos los teléfonos. MANUEL Pero te dije que yo no quería más citas a parte de… Esa… De Alicia. ARTURO Es que tú también… ¿No te habrás enamorado? MANUEL ¡No, hombre, por Dios! ARTURO ¿Cómo se te ocurre enamorarte de Alicia? Pero si ella… Ella, Manolo, no te conviene. MANUEL Tú me vas a decir lo que me conviene, que andas haciendo numeritos de music hall con la mujer de un psicópata. ARTURO ¿Y yo qué iba a saber? Te podría haber pasado a ti. MANUEL Lo dudo. A mí no me va lo de ser estrella de Broadway. ARTURO ¿No le habrás contado nada a… ella, Alicia? MANUEL No. No, se lo he contado. Pero no creas que te tiene en buena estima. Arturo se sienta en una silla. ARTURO Vaya. MANUEL ¿Tú te has… ya me entiendes? ARTURO ¿Con Alicia? Claro. Fue la primera. Empezamos juntos en esto. MANUEL Ya. Pero no… Me refiero a que no… ¿Te comentó algo de unos shakras? ARTURO ¿De unos qué? MANUEL Nada. Olvídalo. ARTURO Lo pasábamos muy bien. MANUEL Bueno, bueno, no será para tanto. ARTURO Es muy… Ya sabes. Hace mucho ruido. MANUEL Sí. Conmigo, se vuelve loca. Monta unos escándalos… Pero tú prefieres a la otra, a la que le gusta vestirse de sheriff. ARTURO Daisy. No sé si la volveré a ver… Lástima. ¿Tienes algo de beber? Necesito quitarme el susto. MANUEL ¿Qué quieres?
ARTURO Un martini.
MANUEL No me revientes, hombre. ¿Un martini? ¿Desde cuando no tomas whisky? ARTURO Ahora prefiero las bebidas más suaves. Me van mejor para el estómago. MANUEL Está bien. Manuel sale. Suenan unos golpes. Arturo salta del asiento. Manuel entra asustado. MANUEL ¡Leche, Arturo! Te ha seguido hasta aquí. ARTURO ¡Escóndeme, por el amor de Dios! MANUEL ¡Sí, hombre! Nos vamos al ala norte de la casa. Esto es un apartamento de divorciado. Pequeño, pero luminoso y acogedor, Arturo, por favor. ARTURO Debajo de la cama, en la ventana, donde sea, Manolo. MANUEL Esto se acabó. Salimos los dos y hablamos con él como personas adultas. ARTURO Eso no te lo crees ni tú. Nosotros seremos adultos, pero él, lo dudo. Él es un marido celoso al borde del asesinato. MANUEL ¡Qué no, hombre, déjame a mí! Manuel sale. Arturo busca un sitio donde poder ocultarse. Se hace un silencio. Al rato, Manuel vuelve a entrar, pálido y atemorizado. Los golpes suenan otra vez. MANUEL ¿Pero cuánto mide ese hombre? ARTURO Estamos perdidos. MANUEL No. Se cansará y se marchará a su casa. ARTURO Éste no se cansa. ¿No has visto el cuerpo que tiene? Es de los que duerme debajo de una máquina de pesas para no perder la forma física. MANUEL ¡Pero qué exagerado eres! No hagas ruido y ya está. Pensará que no hay nadie. ARTURO ¡Si tenemos todas las luces encendidas! MANUEL A lo mejor es de los que no cae en esas cosas. Los golpes suenan con más fuerza. MANUEL ¿Ves? Ni siquiera se ha dado cuenta de que hay un timbre. ARTURO Piensa en algo. MANUEL Se me ocurren varias cosas, como tirarte por la ventana. ARTURO La ventana… ¿No son de esas con unas escaleras de emergencia? MANUEL Tú te has creído que esto es un rascacielos de Manhattan. ARTURO Hay que intentarlo. Sólo es un primero. MANUEL Esto es demasiado. Voy a llamar a la policía ahora mismo. Que se lo lleven por escándalo público. ARTURO ¡Ni hablar! Nos harán preguntas. ¿Cómo les explico lo de su mujer y yo, lo del club, lo del juego de las películas… MANUEL ¿Pero es que piensas contarles tu vida? Ves como eres un bocazas. ARTURO ¡Escucha! Se ha ido. MANUEL Voy a ver.
ARTURO ¡Espera! Llévate algo. Un cuchillo, algo para atizarle. Toma, coge la silla.
MANUEL Sí, claro. Y le invito a que se siente en la puerta mientras espera a que salgas para machacarte. Manuel sale. Arturo, tras meditar unos segundos, le sigue, llevándose la silla, por si acaso… Suena un golpe en la puerta. Ambos vuelven a entrar. MANUEL Tú duermes en el suelo. Ni loco te meto en mi cama. La canción IF YOU WERE THE ONLY GIRL IN THE WORL, por The Ray Gelato Giants, se adentra en los rincones. A SOLAS SIN ELLA Un teléfono suena. A la sexta llamada, salta el contestador. Sale una música divertida de la máquina. CONTESTADOR (BAJA EL VOLUMEN DE LA MÚSICA.) Hola, soy María. (SUENAN UNAS CAMPANITAS.) Ahora no puedo hablar contigo. (LAS CAMPANAS VUELVEN A SONAR.) Déjame un mensaje y te llamo. (SUBE EL VOLUMEN DE LA MÚSICA.) La cama de Manuel queda visible. Sigue hecha con perfección milimétrica y excelente armonía de colores. Sólo que no negros y grises, sino una combinación de azules. Se oye un jadeo de mujer. VOZ DE MARÍA Así, sí. Cielos, sí. Así, así. Me vuelve loca que me chupen. Suenan unos golpes. VOZ DE MARÍA Cuidado, cuidado. De esa forma no me puedo poner que no me aguantan las piernas.. Un jadeo de hombre joven, se une al de la mujer. VOZ DE MARÍA Cuidado, qué me rompes la pierna. No, para allá no se abre, cariño. Esta es toda la elasticidad que tengo. La luz de la habitación de Manuel desaparece. Se ilumina la silla. Sobre ella, un vestido de tirantes, tipo cocktel, de color azul. En el suelo, junto a ella, yacen unos zapatos de tacón a juego con el vestido. Algo más retirado, un sujetador y unos ligueros negros. Se oyen unos jadeos agudos de mujer. Y más lejanos, los jadeos de Manuel. VOZ DE MANUEL Creo que voy a llegar. ¿Te espero? La mujer sigue con sus jadeos, unos suaves gritos de jovencita. Manuel habla entre gemidos contenidos. VOZ DE MANUEL Bueno… (GIME.) Espero un poco más. Es que, estoy desentrenado, ¿sabes? (GIME.) Mentalmente, me refiero. Por eso tardo poco en... Se hace el silencio. VOZ DE MANUEL Vaya, lo siento. Es que… Yo, cuando es la primera vez con alguien… llego enseguida. Silencio. VOZ DE MANUEL ¿Te ha gustado? La luz de la habitación de Manuel se enciende. Las sábanas están revueltas y los cojines han caído sobre el suelo. Manuel está sentado en la cama, sólo, con el torso desnudo. Suena el desagüe de la cisterna. MANUEL (GRITA EN DIRECCIÓN AL BAÑO.) Si te quieres dar una ducha, estás en tu casa. (PARA SÍ.) ¡Qué poco habla esta chica! Suena la ducha. MANUEL (GRITA EN DIRECCIÓN AL BAÑO.) Si quieres una toalla, están en el armario de la derecha. Silencio. MANUEL Bueno… Manuel se levanta y coge la ropa de la chica. La observa. MANUEL ¿Quieres que ponga algo de música? ¿Jazz? ¿Te gusta Sarah Vaughan? A mí me encanta la música. Sale para encender el equipo y entra otra vez. El tema IF YOU COULD SEE ME NOW, por Sarah Vaughan, comienza a sonar. MANUEL Aprendí a disfrutarla gracias a la soledad. Cuando vives con mujer e hijos, la música sobra. Siempre hay algo que hacer en casa, como reñirle a tu hijo o discutir con tu mujer... Estás más entretenido. Pero cuando vives solo… ¿Vives con tus padres? Supongo que sí. Así que no sabes lo que es llegar a casa y no escuchar más que el silencio. Es una sensación desoladora… Por eso, me fui aficionando a la música, en especial al jazz. Es tan nostálgico… Aunque muchos piensan que es para la sala de espera de un dentista… Manuel regresa a la cama para depositar la ropa de cocktel sobre ella. Se queda pensativo unos instantes, vuelve a coger la ropa y a deambular por el espacio. MANUEL |