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IDENTIKIT

ROCÍO CARRILLO

Personajes:

Ernesta

Andrés

Julia

Silvina

Julián I

Julián II

Eladia

Ricardo

Jueza

I – LA DESILUSIÓN

Hay una silla en cada extremo del escenario, enfrentadas. Allí están sentados Julia y Andrés, mirándose. Suena la Polonesa de Chopin. Ingresa Ernesta desde el centro del escenario vistiendo guardapolvo blanco. Julia y Andrés se levantan apenas ven ingresar a Ernesta.

ERNESTA: ¡Los felicito!. Son padres de una hermosa beba.

Andrés y Julia se unen en un abrazo, se besan y sonríen.

ERNESTA: Y es muy parecida a Ud. Julia, ya va a ver cuando la traiga, es impresionante el parecido.

JULIA: ¿En serio?

ERNESTA: ¡Idéntica!

ANDRES: ¿De qué color es el pelo?

ERNESTA: Castaño claro... Como el de Julia

Ernesta le acaricia el pelo a Julia.

JULIA: ¿Y los ojos?

ERNESTA: Claritos... Bastante, bastante claritos.

JULIA: ¿En serio?

ERNESTA: Sí, en serio.

Andrés y Julia se abrazan.

ERNESTA: ¿Cómo se va a llamar?

JULIA: Silvina.

ERNESTA: ¡Ay, qué hermoso nombre!. ¿Sabe qué? Ahora que me lo dice, tiene cara de Silvina la beba.

JULIA: ¿Tiene cara de Silvina? ¿En serio? ( a Andrés ) ¿Qué te dije? Es el nombre ideal.

ANDRES ( a Ernesta ): Bueno, y ¿cuándo la vamos a ver?.

ERNESTA: Ahora la están acondicionando y ya se las traigo para que se vaya a casa con sus papis ( lo mira a Andrés ) ¡Ah! Ese lunar.

Ernesta señala un lunar que Andrés tiene en la cara

ANDRÉS: ¿Qué pasa con mi lunar?

ERNESTA: Silvina tiene un lunar igualito al suyo. ¡No lo puedo creer!

ANDRES ( ríe ): ¿En serio?

ERNESTA: Sí, claro. ¡Lo que son los genes!

Andrés y Julia sonríen.

JULIA: Bueno, voy al coche a buscar la mantita que le compré. Ya vuelvo.

Silencio. Andrés la mira a Ernesta y se acerca.

ANDRES (tono de voz bajo): Y dígame ¿La chica cómo está?

ERNESTA: ¿Qué chica?

ANDRES: La chica...

ERNESTA: ¡Ah! Bien, bien, no hubo inconvenientes por suerte.

ANDRES: ¡Ah! ( pausa ) ¿Y antes?

ERNESTA: ¿Antes? (pausa). Ah, bien, bien.

Entra Julia con la manta.

ERNESTA: Bueno, me voy a fijar si ya está lista.

La pareja se sienta en las sillas. Silencio. Entra Ernesta con la beba en brazos. Andrés y Julia se levantan y caminan hacia el centro. Ernesta avanza hacia ellos y exhibe a la beba como un trofeo, con una enorme sonrisa dibujada en su rostro.

ERNESTA: ¡Miren qué belleza!

Andrés y Julia sonríen y se asoman. La sonrisa que poseían se desdibuja por completo al verla.

ERNESTA: ¿No es divina?

Apagón ligero, de inmediato se encienden las luces.

Andrés y Julia discuten. Ernesta está en medio de los dos con la beba en brazos.

ANDRES: Yo sabía que esto no iba a salir bien.

JULIA ( a Ernesta) : Esto no era lo que habíamos arreglado, esta beba no es para nosotros. Todo el mundo se daría cuenta que no es hija nuestra. Además, tiene la mirada perdida, parece deficiente mental.

ERNESTA: No, esta chica es lo más sano que vi en mi vida, se los aseguro. No entiendo cuál es el inconveniente.

ANDRES (a Julia): Yo te dije que no había seguridad de que fuera como nosotros, quién sabe quién es el padre. Nos dejamos llevar.

JULIA: ¿Vos pensás que lo haremos quedar muy mal a papá si no la llevamos?

ERNESTA: Pero cómo que no se la van a llevar ¿Y dónde la meto yo?. Ya se fueron todos y el Dr. Urrutia me dijo que Uds. se la llevaban.

ANDRES: Sí... ¿Qué va a ser de esta chica si queda acá sola?

JULIA: Ese no es nuestro problema Andrés. Esto no es lo convenido ( a Ernesta ) Y además Ud. también nos engañó, porque nos dijo que tenía cara de Silvina y, dígame, ¿cuándo vio una Silvina morocha? ¿Cuándo? Imposible. Las Silvinas son rubias, castañas claras a lo sumo.

ERNESTA: ¡Ah, no! No le permito, yo puse toda mi buena fe y voluntad para ayudarlos y resulta que ahora soy una mentirosa. Miren, de última el problema es de Uds.

Ernesta le da la beba a Julia .

JULIA: No, de ninguna manera, este no fue el trato

Julia le devuelve la beba a Erneta

¡Vámonos Andrés!

ANDRES: ¿Te parece? Dejarla así...

JULIA: Andrés, por favor ¿Querés cargar con esto toda tu vida?. Un hijo es algo muy importante.

Julia toma a Andrés de una mano y lo lleva a la salida. Ernesta los sigue.

ERNESTA: Pero, por qué me la dejan a mí, yo qué tengo que ver...

Andrés y Julia salen. Ernesta vuelve, se sienta en una silla y mira a la beba con desprecio.

II- LA VIDA DE SILVINA

Living con dos sillones individuales y una mesita ratona al centro. En uno de los sillones se encuentra Ernesta y en el otro Silvina. Ambas están mirando hacia un mismo espacio vacío donde supuestamente se encuentra el televisor. Sónidos que produce el televisor al cambiar los canales. Sobre la mesita ratona hay un teléfono. Ernesta tiene el control remoto y pulsa los canales de manera brusca. Silvina está quieta, aunque hace algunos gestos a medida que cambian los canales.

ERNESTA: ¡Este cable de porquería! No sé para qué me ocupo de colgarme.

Ernesta mira a Silvina.

Y vos que nunca tenés nada para decir, nada para comentar. Llueva, truene, salga el sol, siempre la misma cara. ¡Es tan aburrido vivir con vos!.

Silvina está congelada mirando a la nada, como esperando que pase el temblor. Silencio. Ernesta hace zapping. A Silvina se le escapa una carcajada. Ernesta mira a Silvina seria. Silvina calla rápidamente. Ernesta hace zapping.

Mirá esta actriz, se parece a vos ¿no? ( la mira a Silvina y mira el televisor ). Sí, es igual a vos, bueno excepto que la actriz parece estar viva ( ríe ). Sos tan pálida que uno a veces duda. ( Seria ). Sabés que cuando dormís me da la impresión de que estás muerta, te veo tan pálida y hasta a veces te encuentro durmiendo con los ojos abiertos. ¡En serio! Como los perros. Viste que los perros a veces duermen con los ojos abiertos, bueno, vos también. ¡Es increíble, pero es verdad! Yo me asusto muchísimo cuando te veo, y salgo corriendo para mi habitación del miedo. Imaginate que si estás muerta en serio no voy a andar ocupándome a media noche, mejor esperar a que amanezca. Las cosas siempre se hacen mejor en plena luz del día ¿No?

Silvina: Sí, claro.

Pausa

Ernesta: Y entonces ¿Por qué leés de noche?

Silvina: No sé, quizá porque durante el día no tengo mucho tiempo.

Ernesta: ¿Y los sábados? ¿Por qué no leés los sábados durante el día en lugar de la noche?

Silvina: No sé, bueno, me gusta leer de noche.

Ernesta: Ah, entonces me estabas mintiendo. Porque vos me dijiste que lo mejor era hacer las cosas en plena luz del día. ¡Me estabas mintiendo!

Ernesta s e levanta enojada, dejando el control remoto en el sillón

Cuántas veces te dije que mentir es lo más horrible que un ser humano puede hacer ¿Cuántas?

Silvina: Es la primera vez.

Ernesta: Y no te es suficiente. ( Silvina la mira, paralizada ). ¿Y ahora qué mirás ? (Silvina desvía la vista ). ¿Te gusta mirarme? ¿Estás aburrida?. Si estás aburrida mirate el ombligo o mirate al espejo que es bastante parecido a mirarte el ombligo. (Ríe. Suspira ) Siempre lográs sacarme de quicio.

Ernesta toma el control remoto y hace zapping. Se detiene en un canal.

Ernesta: ¡Este tipo me encanta!.

Silvina sonríe. Ernesta la mira y ríe.

Ernesta: ¡Ah!, te gusta. Entonces te gustan los hombres, yo sabía que te tenían que gustar. ¿Sabés cuándo me di cuenta? El otro día cuando te fui a buscar al Kiosco.

Silvina ( agacha la cabeza ): ¿Cuándo?

Ernesta: Cuando estabas atendiendo a ese chico de las fotocopias.

SILVINA: ¿Qué chico?

ERNESTA: Ese que te estaba dando el teléfono cuando te fui a buscar ¡No te hagas la zonza!

SILVINA: ¡Ah! Ese.

Ernesta apaga el televisor

ERNESTA: Decime ¿Por qué no lo llamás?

SILVINA: ¿Para qué?

ERNESTA: ¿Cómo para qué? Para invitarlo a cenar, así lo conozco mejor.

SILVINA: ¿Te parece?

ERNESTA: Claro que me parece.

SILVINA: Es que lo conocí recién ayer y porque necesitaba...

ERNESTA: ¿Qué tiene que lo hayas conocido ayer? Justamente, para conocerse mejor lo invitás a casa y ya que estoy lo conozco.

SILVINA: Es que él me dio el teléfono para que le avisara cuando tuviera las fotocopias listas, nada más.

ERNESTA: No seas tan ingenua Silvina, un hombre no da el teléfono si no es porque le interesa una mujer. ¿O alguna vez en toda tu vida de kiosquera algún chico te dio su teléfono?

SILVINA: No, nunca nadie me dio su teléfono.

ERNESTA: Bueno, entonces tomá el tubo y llamálo

Ernesta le da el tubo del teléfono a Silvina

Le hablás de las fotocopias y ya que estás lo invitás a comer.

SILVINA: ¿Te parece?

ERNESTA ( levanta el tono de voz ): ¡Llamálo Silvina!. Yo sé lo que te digo.

Silvina marca el número y se pone de espaldas a Ernesta. Esta se acerca y escucha.

SILVINA: Hola, ¿estaría Julián?. ¡Ah! Hola Julián, ¿cómo estás?. Habla Silvina, la chica del kiosco... La de las fotocopias del libro de Matemáticas... ¿Las fotocopias?... No, todavía no están listas... Llamaba para saludarte... Sí... y también quería preguntarte si no querrías venir a cenar mañana a mi casa... sí, a mi casa... Ah, no podés... Bueno, está bien, otra vez será.

Ernesta le saca el tubo del teléfono a Silvina y lo pone sobre su oreja.

ERNESTA: Hola Julián ¿Cómo estás?. Habla la madre de Silvina. ¿Así que no podés mañana?.... ¿y pasado?... ¿y el viernes?... ¿sábado?... Tampoco... ¿Y ahora que estás haciendo?. Bueno, venite para acá, te damos las fotocopias y ya que estás te picás algo... sí, las fotocopias están, anotá la dirección... Correa 955. Chau, te esperamos. ( cuelga) ¿Viste cómo se hace?. Vos te achicás enseguida, no sé a quién saliste tan boluda. Así nunca vas a conseguir marido, hay que insistir, más si sos fea y sin muchas luces. Tenés que ganar por cansancio Silvinita.

Pausa

SILVINA: ¿Y las fotocopias?

ERNESTA: ¿Qué pasa con las fotocopias?

SILVINA: Que no las tengo.

ERNESTA: Qué importa eso, lo importante es que venga, después vemos lo de las fotocopias. Andá a arreglarte un poco, andá.

Ernesta empuja a Silvina hacia la salida. Silvina sale. Ernesta toma el teléfono y marca.

ERNESTA: Hola Enriqueta, ¿Cómo estás?. Sí, viene para acá. Apenas entre le saco algo... no, pero ahora los hombres no usan más pañuelos, va a ser difícil sacarle la remera. ¿Y un mechón de pelos?... Y después veo como se los arranco, pero va a ser más fácil que sacarle la remera. A Silvina la mandé a arreglarse un poco. Espero que se esmere porque la verdad es que da lástima la pobre. Emana una energía tan deprimente. Bueno, sí, preparé unos bocaditos con nuez que dicen que erotiza a los hombres...

Ingresa Silvina

Bueno, mañana te llevo eso, besitos, chau.

Ernesta corta

¡Ay, pero qué linda que te pusiste! De todas formas yo me hubiera cambiado el vestido, este no te favorece.

SILVINA: No.

ERNESTA: No ¿Qué?

SILVINA: No tengo ganas de cambiarme.

Ernesta: Bueno, poné un poco de voluntad, por favor.

Silvina: No lo voy a recibir.

ERNESTA: ¿Qué?

SILVINA: Me voy

Silvina se dirige a la salida

ERNESTA: Vos no vas a ninguna parte, todavía que te consigo un hombre me respondés así, vení para acá.

Ernesta la toma a Silvina de los pelos, forcejean, Silvina cae al piso. Sonido a timbre. Ernesta la suelta a Silvina, le arregla el cabello y la sienta en un sillón.

 

III – LA FAMILIA AÑORADA

Andrés y Julia. Ambos sentados en el ala izquierda del escenario mirando hacia un punto del escenario. No se miran entre sí. En el ala derecha del escenario está Julián II. Lee un libro. Andrés mira hacia todas partes.

ANDRES: Bueno, ¿quién empieza?

JULIA: Creo que sería bueno que empieces vos.

ANDRES: ¿Yo?

JULIA: No es tan difícil Andrés.

ANDRES: Bueno, no tengo mucho para decir. Vine porque Julia me lo pidió pero no creo mucho en la terapia de pareja.

Silencio.

JULIA: ¿Nada más?

ANDRES: No.

JULIA: Bueno, sigo yo entonces. Voy a empezar por los chicos Ese es nuestro gran problema, discutimos mucho por ellos. Siempre discutimos, por todo, no sólo por los chicos. Todo comenzó a los dos años de adoptar a Julián, nuestro primer hijo. Resulta que los médicos descubren una enfermedad mortal en Julián y le dan, como mucho, un año más de vida. Ese momento fue terrible para nosotros, discutíamos muchísimo, él me echaba en cara que siempre elegía mal a nuestros hijos.

ANDRES: No, yo nunca te dije eso, sólo que no nos tomamos el tiempo suficiente, que es diferente.

JULIA: Es lo mismo, no importa. Esa fue la primer gran crisis que sufrió la pareja. A mí me era muy difícil sobrellevar ese dolor, entonces decidimos adoptar otro chico, que nos ayudara a superar la muerte del primero, cuando sucediera ¿no?, porque aún no había muerto cuando adoptamos al segundo. Pero ahí tuvimos otra discusión, porque yo quise adoptar a otro varoncito y llamarlo Julián también. Me gustaba tanto ese nombre, había soñado tanto tiempo con tener un hijo llamado Julián, que no me podía resignar a no tenerlo. Esto a Andrés no le gustó, no sé por qué.

ANDRES: ¿Por qué va a ser?, por motivos lógicos...

JULIA: Estoy hablando yo, te pido que no me interrumpas. Bueno, finalmente Julián, el 1ro, no falleció, gracias a Dios.

Sonido a timbre de teléfono celular. Julia busca dentro de su cartera y extrae un celular.

JULIA: Hola... ¿Andrés?... No equivocado

Corta

Disculpe. Odio cuando llaman equivocado. Bueno, le decía que por suerte no murió. Los médicos habían errado los estudios, fue todo una gran confusión, en realidad sólo tenía una enfermedad que le provocaría problemas de desarrollo mental. Así que ahora tenemos dos hijos llamados Julián, pero a mi no me molesta. Me encanta pronunciar centenares de veces por día “Julián”, pero a Andrés no.

ANDRES: ¡Claro que no!. Es un quilombo, nunca se sabe a quién estás llamando. Y para colmo ella se llama Julia. ¡Y que no se me ocurra ponerles un sobrenombre porque se altera!

JULIA: Es que teniendo un nombre tan bello, me parece un pecado ponerle un sobrenombre. Siempre odié los sobrenombres.

Julia se levanta y va hacia el cuadro derecho donde está Julián II.

JULIA: ¿Julián?. Dejá de hablar tanto por teléfono, está la mesa servida.

JULIAN II ( hablando por teléfono ): ¿Y las fotocopias?

JULIA: Julián, tenemos algo para decirte, por qué no cortás y venís a la mesa con tu papá y tu mamá, tenemos algo muy importante para decirte.

JULIAN II ( se tapa el oído que tiene libre ): ¿A cenar?. No, no puedo mañana... tampoco.

Julia vuelve a la silla del consultorio.

JULIA: Justamente la psicóloga de Julián, el segundo, nos dice que los problemas para desarrollarse que tiene Julián son a causa de sus primeros años escolares, los del jardín, pero a mí me parece ridículo. El tema es que como Julián, el primero, fue a un colegio diferencial los primeros años escolares, por su problemita cerebral, yo decidí llevarlos a los dos al mismo jardín. De esa forma estaban juntos y, bueno, nos quedaba cómodo, estaba a dos cuadras de casa... Yo no creo que eso lo haya afectado, ¿no?

Vuelve la acción al cuadro derecho.

JULIAN II: Bueno, está bien, si Ud. me dice que las copias están, voy a buscarlas. Dígame la dirección ( anota en una libreta ). Bueno, ya salgo para allá.

Julián II corta y sale. Julia se levanta y va hacia el cuadro derecho.

JULIA: ¿A dónde vas Julián?. Contestame. No te dije que estaba la comida servida. Tenemos algo para decirte. Tenemos que contarte sobre... Ay, sobre...

Julia vuelve al cuadro izquierdo.

JULIA (a Andrés): Teníamos algo para decirle ¿no?

Pausa

¿Qué era?

ANDRES ( a la psicóloga ): Ahora se comporta de manera muy extraña, no nos habla, reprueba todas las materias. Nunca fue muy bueno en el colegio, siempre le pusimos profesores particulares, pero ahora no quiere que los llamemos. No sé para qué hace la facultad.

JULIA: Ay, no digas eso. Tiene afán de superación y eso es muy importante. Va a llegar a ser alguien en la vida.

ANDRES (a la psicóloga): Además, a mí me preocupa que hasta ahora nunca lo vi con una chica, es raro, ya es grande ¿no le parece?

JULIA: Ay dejálo pobrecito, todavía es joven. ¡Qué antiguo que sos!

ANDRES (se levanta): Ahora decime ¿para qué me pedís que venga si a cada cosa que digo tenés algo para criticar?

JULIA: Bueno, yo también tengo mi opinión. Creo que hay libertad de expresión ¿no?

ANDRES: Justamente

JULIA: ¿Justamente?

ANDRES: Si, justamente. Me hacés venir a terapia y contamos sólo lo que vos querés, ¿para qué venimos?

JULIA: No te entiendo.

ANDRES: Ya sé para que me hacés venir, no soy tan estúpido como vos creés. Para poder decirle a la psicóloga que todas las desgracias de tu vida son gracias a mi falta de éxito en la vida. Bueno, decíselo vos sola, ¿para qué me querés a mi?

JULIA ( a la psicóloga ): Lo dijo él, no yo.

ANDRES: Si, lo dije yo, lo decís vos y lo dice tu familia también.

JULIA: Ay, no empieces con eso. ( A la psicóloga ) Son ideas suyas. Es verdad que a mí me hubiera gustado mantener el status social que tenía mi familia, pero tampoco me quejo. Pero no vinimos a hablar de mi familia.

ANDRES: Bueno, le podemos contar otras cosas si querés.

JULIA: Ay, no empieces otra vez con eso. ( A la psicóloga ) Es que está obsesionado con un episodio realmente insignificante.

ANDRES: ¿Insignificante?, para mi no fue insignificante…

JULIA ( lo interrumpe ): No seas ridículo Andrés, eso no tenía ni pies ni cabeza. Cortala ya con ese tema. Esa nena debe estar mejor que nosotros.

ANDRES: No te creas.

JULIA: ¿Qué?

ANDRES: Nada ( se levanta ) Me cansé, me voy ( sale )

JULIA ( a la psicóloga ): Nunca pensé que la terapia lo iba a afectar tanto.

IV- SUAVIZANDO CULPAS

Voz en off de Ernesta y Andrés.

ERNESTA: Disculpe, pero no sé quién es.

ANDRES: ¿Se acuerda del Hospital de Rosario?, un viernes del mes de Julio. Mi nombre es Andrés y mi esposa se llama Julia, ¿se acuerda?

ERNESTA: No. ¿Cómo me ubicó?

ANDRES: La vi hace unos días en la calle y me atreví a seguirla. Hoy me decidí a venir.

ERNESTA: ¿Qué quiere?

ANDRES: Pasar a hablar con Ud. un minutito.

ERNESTA: Y qué le hace pensar que lo voy a hacer pasar a mi casa siendo un completo desconocido para mi.

ANDRES: No, desconocido no. Nosotros nos conocemos de aquella noche en el hospital de Rosario.

ERNESTA: ¿Rosario?

ANDRES: Capital de Santa Fe, provincia argentina.

ERNESTA: Bueno, pase, pero sólo un minuto, que estoy muy apurada.

Luz. Dos sillones al centro, se encuentran Andrés y Ernesta sentados, en silencio por unos segundos.

ERNESTA: ¿Entonces?

ANDRES: Bueno, entonces yo quería hablar con Ud. para saber si sabía algo de la beba.

ERNESTA: ¿La beba de aquella noche en el hospital de Rosario?

ANDRES: Si

ERNESTA: No se de lo que me habla.

ANDRES: Pero, ¿Qué hizo una vez que nos fuimos?

ERNESTA: Creo que me fui a comer una pizza.

ANDRES: No, con la beba ¿qué hizo?

ERNESTA: Y a Ud. qué le importa, ya pasaron veinte años, ¿qué le puede importar del destino de una beba?

ANDRES: Aunque no lo crea, me importa. Desde aquella vez, todas las noches tengo un mismo sueño, una pesadilla que me persigue y no puedo olvidarme de Silvina.

ERNESTA: ¿Qué sabe si se llama Silvina?

ANDRES: Bueno, es una manera de llamarla.

ERNESTA: ¿Para qué quiere saber dónde está? ¿Qué va a hacer una vez que la encuentre?

ANDRES: No, no sé, pero es un impulso y justo la crucé a Ud. el otro día. ¿No cree que es una señal?

ERNESTA: Una señal, ¿de quién?

ANDRES: Una señal, de Dios, del destino.

Ernesta: No creo en ninguno de los dos.

Silencio

ERNESTA: ¿Entonces?

ANDRES: Entonces, ¿Ud. no sabe nada de ella?

ERNESTA: Poco y nada.

ANDRES: Y ¿Qué sabe?. Por poco que sea.

ERNESTA: ¿Sabe qué pasa?, yo estoy con muchos problemas económicos como para preocuparme en recordar algo que sólo a Ud. le interesa y que realmente a mi no me trae ningún beneficio. La época está tan brava, ya el dinero no alcanza para nada.

ANDRES: Bueno, si es por eso, yo la puedo ayudar si quiere.

ERNESTA: Claro, cómo no voy a querer. Nunca se desprecia una ayuda.

Andrés saca la billetera, toma unos billetes y se los da. Ernesta los toma y los guarda en un bolsillo.

ERNESTA: ¿Me decía?

ANDRES: Que si recordaba algo.

ERNESTA: ¡Ah! Poco y nada

Pausa

De ahí me fui a comer una pizza con la beba, lloraba como una condenada. Casi no pude comer, pegaba cada grito que se me atragantaba el queso en la garganta.

Silencio

Después se la entregué al Dr. Urrutia para que él se encargara, nada más.

ANDRES: ¿Nada más?

ERNESTA: Creo que le encontraron una familia.

Ernesta lo mira a Andrés que sigue esperando más datos.

ERNESTA: Bueno, creo que conservó el nombre de Silvina.

ANDRES: ¿En serio?

ERNESTA: Sí, bueno, eso me dijeron. Nunca se sabe.

ANDRES: Claro.

Pausa

ANDRES: Y el Dr. Urrutia ¿Sigue trabajando en ese hospital?

ERNESTA (ríe): No. Se fue con toda su familia a España.

ANDRES: Claro. Y, ¿la familia a quién se la dieron era de Rosario?

ERNESTA: Creo que sí, bah, no sé. Ud. me cansa con tantas preguntas, ya ni me acuerdo, pasó tanto tiempo.

Silencio. Ernesta se levanta.

ERNESTA: Bueno, discúlpeme pero dejé la leche en el fuego.

ANDRES: ¿Cómo?

ERNESTA: Que dejé la leche en el fuego.

ANDRES: Ah, claro, la leche en el fuego. Creo que ya me lo dijeron antes.

ERNESTA: Es lo primero que se me ocurrió.

ANDRES: La entiendo. Una última pregunta, hay algo que no recuerdo bien. Ella tenía un lunar sobre el labio, ¿no?

ERNESTA: Sí, igual al suyo.

Andrés saca de un bolsillo una libreta y una birome.

ANDRES: Le voy a dejar mi teléfono, por si recuerda algo más.

Anota sobre el papel.

ERNESTA: Sí, está bien, pero no voy a recordar nada más.

ANDRES: Bueno, quien sabe, quizá haciendo memoria.

Andrés arranca la hoja de la libreta y se la entrega a Ernesta.

ERNESTA: Memoria es justo lo que me falta.

 

V- EL ATROPELLO

Julián II se encuentra sentado en un sillón y mira la televisión. Andrés está sentado en una silla, con una guía telefónica y un teléfono.

LOCUTOR DE TV ( voz en off ): El accidente ocurrió en el barrio de Palermo, hace dos horas aproximadamente. El chiquito, llamado Emanuel García, no sobrevivió. Fuentes policiales nos revelan que fue atropellado por un Ford Fiesta gris conducido por una mujer de unos cuarenta años aproximadamente, la cual bajó unos instantes del vehículo y, al ver al niño, se subió al auto y escapó, dejando el cuerpo de Emanuel tirado en medio de la calle. Algunos vecinos pudieron verla, en unos instantes pondremos en pantalla el identikit realizado por la policía.

Entra Julia con bolsas en la mano.

JULIA: ¡Qué tarde que se me hizo!. No sabés la cantidad de gente que había en el supermercado. Insoportable, parece que a todo el mundo se le haya ocurrido ir el mismo día que a mi. Voy a tener que limpiarme un poco porque me cargaron de energía negativa. Para colmo choqué, hoy no es mi día.

ANDRES: ¿Cómo que chocaste?

JULIA: Sí, choqué. Un choque insignificante.

ANDRES: Pero, ¿fue culpa tuya?

JULIA: ¡No sé, que se yo!

ANDRES: Cómo que no sabés Julia. ¿Le pediste los datos al otro auto?

JULIA: No.

ANDRES: ¿Cómo que no?

JULIAN II: Mirá viejo, la mujer del identikit es igual a mamá.

ANDRES: ¡Julia! ¿Vos me estás cargando?

JULIAN II: Mirá ma.

Julia se acerca a la televisión y mira.

JULIA ( sonríe ): Sí, tenés razón, es igual a mi.

ANDRES: Julia, ¿me podés contestar?

JULIA: Ay, Andrés, no me fastidies, ya bastante tuve con el mal momento del choque. No sé muy bien contra qué choque, creo que no era un auto.

ANDRES: ¿Cómo que no sabés? Vos me estás cargando.

JULIA: Bueno, pensá lo que quieras, hoy no tuve un buen día, y para colmo cuando llego me tengo que aguantar un cuestionamiento tuyo. Como si fuera un gran auto, es una porquería, ya es hora de cambiarlo, está pasado de moda.

Pausa

JULIA: Andrés, ¿vos no tendrías que estar trabajando?

ANDRES: Sí, pero no fui, pasé parte de enfermo.

JULIA: Y, ¿por qué?

ANDRES: Porque no tenía ganas.

JULIA: ¿No tenías ganas?

ANDRES: Por favor Julia, no empieces, no estoy con ánimo.

Andrés se sienta al lado del hijo y mira la televisión.

JULIA: ¡Ah! Porque yo sí estoy con ánimo. Yo también tengo mis problemas, no te creas que sos el único y sin embargo no dejo de hacer las cosas. Ahora entiendo porque te va como te va en el trabajo. Además el ánimo no es algo que se tiene sino que se obtiene. Asi que obtenelo.

JULIAN II: Dejen de quejarse, hay problemas mucho más graves en el mundo que los que tienen Uds. Justamente, en la facultad, estamos organizando una marcha de protesta contra la suba indiscriminada del costo al llamado por celular. Se le ocurrió a un compañero y a todos nos pareció que debíamos hacerlo, alguien tiene que luchar por nuestros derechos como ciudadanos y consumidores. ¿No les parece?

JULIA: ¡Muy bien hijo! Estoy orgullosa de vos.

VI – SILVINA Y JULIAN

Misma escenografía que Escena II. Silvina está sentada en un sillón, Julián II está sentado en el otro y Ernesta permanece parada.

ERNESTA: Así que estudiás Julián.

JULIAN II: Sí, para contador.

ERNESTA: Ah, que carrera interesante ¿no?

Ernesta la mira a Silvina. Pausa.

Muy, cómo decir, atrapante ¿no?

Silencio

Y decime, ¿tenés novia?

JULIAN II: Bueno, no creo que eso le interese.

ERNESTA: No, claro, por qué me va a interesar.

JULIAN II: Claro.

Silencio.

ERNESTA: Y decime, vos que estudiás y sos joven, ¿qué pensás de la globalización?

JULIAN II: ¿Qué pienso?

ERNESTA: Sí, tu opinión.

JULIAN II: ¿Mi opinión?

ERNESTA ( molesta ): Sí, tus pensamientos al respecto.

JULIAN II: ¿Pensamientos?, bueno, no sé qué decirle, ¿a qué se refiere exactamente con pensamientos?

ERNESTA: Ah, yo no tengo la menor idea, por eso te pregunto.

JULIAN II: ¡Ah! ( A Silvina ) ¿Y mis fotocopias?

Silvina lo mira aterrada.

ERNESTA: ¿Tenés familia?

JULIAN II: Claro, como todo el mundo.

ERNESTA: Bueno, no todo el mundo tiene familia querido.

JULIAN II: ¿No?

ERNESTA: No, vos tenés que estar agradecido.

JULIAN II: ¡Ah!

ERNESTA: ¿Y de qué trabaja tu papá?

JULIAN II: Trabaja en una empresa de cosmetología, es oficinista, el dice que es Jefe.

ERNESTA: ¡Ah! Mirá vos. Deben tener un buen pasar entonces, ¿no?

JULIAN II: Sí, no la pasamos mal.

ERNESTA: Y, ¿tenés hermanos?

JULIAN II: Uno, quiere ser actor.

ERNESTA: ¿Actor?

JULIAN II ( A Silvina ): ¿Y mis fotocopias?

ERNESTA: Ay, pobre Silvinita, está avergonzada, porque no sabés lo que le pasó. Recién, apenas corté con vos fue a buscar las copias para tenerlas preparadas, ¿no?. Y entonces... Ah, antes de seguir contándote te traigo algo para picar como te prometí ( sale ).

Julián II y Silvina se miran tímidamente. Entra Ernesta.

ERNESTA: Tomá, servite unos bocaditos, son deliciosos.

Julián toma uno y lo come

Los hace Silvinita, es tan habilidosa para la casa, cocina como los dioses. El otro día hizo un Lemon Pie que era para chuparse los dedos.

Pausa

¡Ay, qué lindo cabello que tenés! Disculpame, quizá quedo como una confianzuda, pero me encanta tocar el cabello de la gente, ¿puedo?

JULIAN II: Bueno, está bien, pero un poco.

Ernesta posa su mano en el cabello de Julián y lo frota.

ERNESTA: ¡Qué belleza!, ¡qué suavidad!

Ernesta frota más fuerza. Hace una maniobra y cae al suelo. Arranca un mechón de pelo de Julián y éste grita. Ernesta pone el mechón de pelos en un bolsillo y se levanta.

ERNESTA: Ay, disculpame querido, qué bruta que soy. Soy tan torpe, por favor disculpame.

Julián se toca la cabeza.

JULIAN II: Sí, está bien, la disculpo.

Silencio

JULIAN II ( a Silvina ): ¿Y mis fotocopias?

ERNESTA: Ay, qué poca paciencia que tienen los jóvenes hoy en día. Te sigo contando. Resulta que cuando Silvina estaba buscando las copias, yo le pedí que le pusiera leche al gato en el plato, porque tenemos un gato precioso. Y entonces, cuando sale al patio con la botella de leche en una mano y las hojas en otra, Silvina se agacha al ras de la medianera del vecino cuando éste, que justamente estaba subido a una escalera podando el sauce, cae fatalmente de la escalera sobre la espalda de Silvina, provocando que esta soltara tanto las hojas como la leche. Por supuesto, las hojas se vieron estropeadas por la leche, viéndonos forzadas a arrojar las hojas empapadas en el cesto de basura.

Silencio.

Está bien, no te pongas mal, el vecino por suerte está vivo y a Silvina la dejó un tanto jorobada como verás, pero ya hablé con el kinesiólogo que prometió enderezármela en poco tiempo. Por suerte todos salieron ilesos excepto tus pobres fotocopias, ¿no Silvina?

Silencio

Silvinita, ¿qué te pasa? ( a Julián ). Debe ser el golpe.

Silvina se levanta y se dirige a la puerta. Ernesta la sigue.

Silvina, ¿a dónde vas?

Julián II se levanta tras ellas. Ernesta toma a Silvina de un brazo y trata de detenerla.

¿Silvina qué te pasa?. ¿Estás loca?. Abandonar justo ahora...

Silvina y Ernesta forcejean. Julián se queda inmóvil y mira. Silvina se libra de Ernesta y sale. Ernesta la sigue y Julián II sale detrás de ellas.

SILVINA ( voz en off ): ¡Cuidado!

Ruido de choque de auto.

VII- EL CASTING

Sala de Casting, Ricardo está sentado en una silla. Escribe en un cuaderno.

RICARDO ( habla alto ): ¡Normita no hagas pasar a cualquiera!. Te pido, por favor, que tengas un poco de criterio, me estás haciendo perder el tiempo con cada monstruo, que no sé de dónde los sacaste. Hacé pasar al siguiente, si es una persona normal te lo agradecería.

Entra Julián I con una carpeta bajo el brazo.

RICARDO: Hola, ¿qué tal?. Pasá.

JULIAN I: Gracias.

RICARDO: Decime tu nombre, por favor.

JULIAN I: Julián

RICARDO: Nombre completo.

JULIAN I: ¡Ah! Julián Figueroa. Acá tiene mi currículum.

Le entrega el currículum a Ricardo. Lo hojea.

RICARDO: Así que sos un actor con mucha experiencia.

JULIAN I: Exactamente. Soy un actor experimentado, puedo hacer lo que Ud. pida.

RICARDO: Bueno, perfecto. Supongo que habrás traído algo preparado.

JULIAN I: Bueno, no, preparado no traje nada, es decir, pensé que Ud. preferiría que improvisara.

RICARDO: Bueno, está bien, improvisá.

JULIAN I: En realidad nunca tuve mucha práctica en improvisación, más bien trabajé con texto.

RICARDO: Bueno, hacé lo que quieras, lo que te salga, improvisá o no, hacé lo que mejor te parezca.

JULIAN I: Bueno.

Silencio

RICARDO: Cuando quieras, podés empezar.

JULIAN I: Es que se me presentó un dilema terrible, no sé si hacer el monólogo de Hamlet o algo más contemporáneo.

RICARDO: Bueno, hacé el de Hamlet primero, después vemos, pero por favor apurate porque no tengo todo el día para vos.

JULIAN I: Está bien.

Julián I cierra los ojos.

RICARDO: Por favor, querido, empezá de una vez.

JULIAN I: Es que no es fácil interpretar a Hamlet, es uno de los personajes más complejos del teatro universal, lo leí ayer en una revista, decía que requería de mucha concentración por parte del actor.

RICARDO: Bueno, pero esto es un casting, no podés tomarte tanto tiempo. ¿Alguna vez fuiste a un casting o es la primera vez?

JULIAN I: No, no, ya fui a muchos casting.

RICARDO: Y, ¿entonces?

JULIAN I: Es que los actores somos así, por más que nos hayamos subido muchas veces a un escenario siempre es como si fuera la primera vez. Se lo escuche decir a Al Pacino en la televisión.

RICARDO: Bueno querido, mirá, ya no tengo más tiempo para perder, volvé cuando tengas algo preparado o estés menos nervioso.

JULIAN I: No, por favor, no me eche, necesito este papel, no puedo volver a casa con otro fracaso sobre mis hombros.

RICARDO: Pero, cómo pretendés que te dé el papel si no te vi hacer nada.

JULIAN I: Sí, yo lo entiendo, de hecho si estaría en su lugar haría lo mismo, pero le pido que haga una excepción.

RICARDO: No, lo lamento. Si aunque sea hubieras hecho algo.

JULIAN I: Es que no me acuerdo los textos, sino le juro que lo haría. Como verá, no es falta de voluntad la mía.

RICARDO: Mirá nene, me agotaste, andá y volvé cuando tengas un poquito más de experiencia.

Julián I saca de su bolsillo una granada.

JULIAN I: No puedo soportar otro fracaso más. Si no me da el papel, me mato.

RICARDO: No seas ridículo pibe, largá eso, no es gracioso.

JULIAN I: Mi Mamá me dio todo. Una educación especial, un hermoso nombre y yo la decepciono nuevamente. Soy la oveja negra de la familia. No merezco vivir.

RICARDO: Esperá, no hagas una locura, soltá eso. Sos una persona joven, tenés toda una vida por delante.

JULIAN I: Y, ¿para qué quiero toda una vida por delante?, si nunca voy a lograr nada. Ni un mísero papel de teatro consigo. Ni para extra me toman.

RICARDO: Bueno, pero sos muy joven, todavía podés aprender.

JULIAN I: Entonces, ¿me da la oportunidad?

RICARDO: No, una cosa no tiene nada que ver con la otra.

JULIAN I: Entonces me mato.

Julián toma la perilla de la granada, dispuesto a sacarla.

RICARDO: Mirá pibe, yo no soy tu ángel de la guarda, no puedo andar repartiendo caridad por la calle, ¿entendés?. ( Pausa) Dame eso.

JULIAN I: Es una decisión tomada. (saca la perilla).

RICARDO: Todavía estás a tiempo. Soltá eso.

Ricardo se acerca y le saca la granda a Julián. Se da vuelta y la tira hacia fuera de la escena.

Normita, tirala a la calle. ¡Rápido!

Pausa. Se escucha una explosión. Ricardo suspira.

Normita, hacé pasar al que sigue.

JULIAN I: ¿Y va a dejarme sin el papel, a pesar de haber intentado suicidarme delante de sus narices?

RICARDO: Por favor, salí que no tengo más tiempo que perder. Agradecido tenés que estar porque te salvé la vida. No me dás lástima.

Julián I saca un revolver de su bolsillo.

JULIAN I: ¿Se cree que es mi único recurso? Los actores siempre tenemos un az bajo la manga.

RICARDO: No seas ridículo querido y guardá eso. Esto no es un juego.

JULIAN I: ¿Y quién le dijo que estoy jugando?

RICARDO: Nadie, así que si querés matate, así ahorramos tiempo.

JULIAN I: Valgo tan poco que ni con un intento de suicidio logro que me presten atención.

Julián I se pega un tiro en la sien y cae al suelo.

RICARDO: ¡La puta madre! Norma, tuve un problemita en la sala, ¿podés venir?

NORMA (voz en off): No, señora, no puede pasar, están en el medio del casting. El ruido debe haber sido un efecto especial. ¡Señora!

Entra en escena Julia, mira a Julián I en el suelo.

JULIA: ¿Qué le hicieron a mi Julián?

RICARDO: Lo lamento mucho... hice todo lo posible para evitarlo pero se suicidó.

Julia se acerca al cuerpo de Julián y lo abraza

JULIA : ¿Por qué hizo esto?

RICARDO: Creo que lo frustró un poco el no haber sido elegido.

JULIA: Era tan buen hijo...

RICARDO: Me imagino.

JULIA ( a Julián I ): El vacío que estas dejando es imposible de llenar. Pero no voy a adoptar otro hijo. Una después se encariña y pasan estas cosas... Mi bebe.

RICARDO: ¿Me hace un favor señora? No me lo saca de acá, tenemos que seguir con el casting y estamos muy atrasados.

JULIA: Sí, disculpe

Julia toma las piernas de Julián I y arrastra el cuerpo hacia la salida

Disculpe las molestias. Hasta luego.

RICARDO: ¡Ah! Señora, su hijo me pidió que le dijera que siempre la quiso.

Julia suelta bruscamente la piernas de Julián y va hacia Ricardo,

JULIA: ¿En serio? ¡Qué emoción! ¡muchas gracias!

RICARDO: Bueno, pero lléveselo que estoy atrasado.

JULIA: Si, disculpe, ya me lo llevo.

Julia toma a Julián I por las piernas y lo lleva hasta la salida. Salen.

VIII- SILVINA, LA ASESINA

Hay dos mujeres paradas mirando hacia el público, y atrás otra mujer sentada entre medio de ambas, tras un estribo. A un costado, sentado en una silla, se encuentra Julián II.

VECINDARIO (voz en off): ¡Asesina!, ¡asesina!, ¡asesina!.

JUEZA: Ante todo, ¿cómo se declara?

SILVINA: Inocente.

JUEZA: Bien. Cuéntenos cómo fue.

SILVINA: Bueno, yo había discutido con mi con mamá y decidí salir de la casa para despejarme un poco, ¿no? Entonces cuando estoy saliendo cruzo rápido la calle y me doy cuenta que mamá había salido atrás mío y estaba tratando de alcanzarme. Para cuando me doy vuelta y la veo venir cruzando la calle, me doy cuenta que viene un auto y que ella no lo había visto. Entonces le digo: ¡cuidado, mamá!, y es ahí cuando ella, al escucharme, se detiene y mira hacia el auto en lugar de seguir cruzando la calle.

Silencio.

JUEZA: ¿Entonces?

SILVINA: Entonces, es así como mamá no llega a cruzar a tiempo y la atropella el coche.

JUEZA: Bien, ahora le hago algunas preguntas: ¿Ud. la llamo con la intención de que ella no llegara a cruzar la calle y así muriera bajo las ruedas del auto?

SILVINA: ¡No!, ¿Cómo iba a hacer algo así? Yo le grite justamente para que se apurara y no la atropelle.

JUEZA: ¿Y Ud. no piensa que si no le hubiera dicho nada, quizá hubiera cruzado y ahora estaría viva?

SILVINA: Sí,... puede ser.

JUEZA: ¿Puede ser o seguramente estaría viva?

SILVINA: Eh... sí, bueno, probablemente estaría viva.

JUEZA: Entonces confiesa que Ud. tuvo gran parte de culpa en la muerte de su madre.

SILVINA: Pero esa no fue la intención.

JUEZA: Si fue o no la intención lo veremos más adelante, pero efectivamente podemos confirmar que si Ud. no hubiera intervenido su madre estaría hoy con vida ¿verdad?

Silencio

¡ Conteste!.

SILVINA: Verdad.

JUEZA: Bien.

Toma nota en un cuaderno

“la acusada acepta haber intervenido y ocasionado así la muerte de su madre”.

SILVINA: No, pero no es tan así como...

JUEZA: ¿Cómo?

Silencio

JUEZA: Sigamos entonces, vamos a hablar con la testigo número uno del caso. Eladia Menguido, 43 años, estaba presente en el momento en que Ernesta Siena, madre de la acusada, fue atropellada mortalmente por el Dodge 1500. Cuéntenos Eladia cómo fueron los hechos.

ELADIA: Bueno, yo venía de la verdulería, había comprado pocas cosas porque el verdulero, la verdad, tenía toda la verdura pasada, entonces compré unas papas y cebolla para hacer papas con cebolla y listo, este... bueno, entonces cuando estoy saliendo del negocio, veo que están por cruzar la calle la Sra. Ernesta y su hija. Dicho sea de paso Ernesta era una excelente vecina, la quería todo el barrio, la verdad, para qué mentir. En cambio su hija fue siempre muy reservada, cómo decirle, extraña, uno la saludaba, le preguntaba cómo andaba y siempre contestaba lo mismo: “Bien”, nada más, nunca un comentario sobre nada, y la verdad es que eso es extraño porque uno mal que mal algo comenta, sobre el día, la temperatura, cualquier cosa. Bue, entonces, cuando veo que Ernesta empieza a cruzar la calle, noto que viene un auto a gran velocidad y me percato de que ella no llega a darse cuenta, entonces pienso “que cruce rápido así no le pasa nada”, y ahí es cuando veo de que su hija Silvina, le pega un grito, y la hace retroceder unos pasos, ubicándola bien en el medio de la calle, dejando a la madre justo donde pasaría el Dodge. En seguida me di cuenta de que todo lo que había hecho la hija fue a propósito para librarse de su madre, sino de qué otra forma se explica semejante actitud.

JUEZA: ¿Qué dice Ud. de este testimonio Srta. Silvina?

SILVINA: Que sí, que fue como dijo la Sra., pero yo no tuve la intención...

JUEZA ( toma nota ): La acusada acepta los dichos del testimonio prestado por la testigo 1.

VECINDARIO (voz en off): ¡Asesina!, ¡asesina!, ¡asesina!

SILVINA: No, pero no fue a propósito, quiero decir, que no fue intencional, yo traté de apartarla y después tuve miedo de...

JUEZA: Está bien, le entendimos, no es necesario que siga aclarando. Otras preguntas al respecto Sra. Menguido. ¿Alguna vez notó algún indicio en la persona de Silvina que le hiciera sospechar de su personalidad asesina?

ELADIA: Bueno, a decir verdad, sí. Resulta que una vez cuando ella era chiquita aún, tendría unos 7 años más o menos, yo tenía un gato ¿no?, Romeo se llamaba, y un día desapareció. El siempre volvía para comer y ese día no apareció en toda la noche, y a mí me extrañó muchísimo. Entonces, al otro día, vino la madre de Silvina, la Sra. Ernesta, a pedirme disculpas porque su hija había asesinado a mi gato.

VECINDARIO (voz en off): ¡Asesina!, ¡asesina!, ¡asesina!.

SILVINA: No, no, yo no lo asesiné, él se metió dentro del lavarropas y mi mamá me mandó a encenderlo porque ya le había puesto la ropa, y bueno... el gato estaba adentro y murió. Cómo iba a saber yo que el gato se iba a meter dentro del lavarropas.

JUEZA: ¿Y por qué no revisó el lavarropas?

SILVINA: No sé, no se me ocurrió... no sé.

JUEZA: Es muy poco creíble su argumento Srta. Cualquier mujer que se precie de serlo sabe que antes de prender un lavarropas debe fijarse si no hay algún animal dentro.

SILVINA: Discúlpenme

Silvina llora.

Yo no quise, le juro que no quise matar al gato, una vez me pasó lo mismo con una tortuga pero tampoco fue intencional.

ELADIA: Otro caso ¿ve? Esta chica viene asesinando de pequeña.

VECINDARIO (voz en off): ¡Asesina!, ¡asesina!, ¡asesina!.

SILVINA: Yo no quise, les juro que nunca quise...

JUEZA: Sra. Menguido. Cuéntenos cómo era su relación con la Sra. Ernesta.

ELADIA: ¡Ah!, muy buena. Siempre nos llevamos bien, ella tenía muy buen carácter, y así con todo el barrio, fíjese que está todo el vecindario afuera pidiendo justicia por la Sra. Ernesta. Escuche.

VECINDARIO (voz en off): ¡Asesina!, ¡asesina!, ¡asesina!.

JUEZA: Bueno, muchas gracias, puede retirarse.

Eladia sale y Julián II toma el lugar de ésta.

JUEZA: Ahora se presenta a declarar el joven Julián Figueroa, el cual se encontraba en la cuadra en que se cometió el supuesto crimen. Sr. Figueroa ¿podría confirmarnos si los hechos relatados por la Sra. Menguido son exactamente ciertos?

JULIAN II: Bueno, yo estaba en la casa de la Sra. Ernesta porque su hija, Silvina, tenía que darme unas fotocopias de Matemáticas. En un momento Silvina decide salir de la casa y la madre se enoja, porque se nota que, por algún motivo, quería que se quedara allí. Entonces comienzan a forcejear hasta que Silvina logra desprenderse y sale a la calle seguida de Ernesta. Yo a su vez decido salir porque no me parecía apropiado quedarme sólo en una casa ajena, es entonces cuando escucho el grito de Silvina diciendo ¡Cuidado!, y al enfocar mi atención en esto veo como la Sra. Ernesta es atropellada por el auto.

JUEZA: Y ¿vos qué percibiste? ¿Viste alguna intención en Silvina por ocasionar la muerte de su madre?

JULIAN II: No, yo no creo que haya sido a propósito.

JUEZA (toma nota): Y ¿por qué piensa que no fue intencional?

JULIAN II: Porque, yo en su lugar no hubiera utilizado una táctica tan poco certera si hubiera tenido la intención de asesinarla. Es decir, había un 85% de probabilidades de error, mientas que si, por ejemplo, la empujaba del balcón mientras estaba regando las plantas, había un alto porcentaje de muerte certera o si confabulaba la pérdida de gas de alguna llave mientras la madre dormía, etc., etc., sí podría hablarse de un asesinato intencional, pero en este caso no lo creo.

JUEZA: El testigo niega haber visto intención alguna en la Srta. Silvina en querer asesinar a su madre. Por lo tanto, la jueza a cargo de este caso dictará sentencia, a saber.: “Siendo que los únicos dos testigos se contradicen en sus relatos y no teniendo pruebas suficientes para incriminar a la acusada, decimos que la Srta. Silvina Gómez, soltera, de 19 años de edad, es declarada (pausa): Inocente, por falta de méritos”.

Silvina sonríe y llora. La jueza y la vecina se retiran. Julián II se acerca a Silvina y la mira llorar.

IX – ALMUERZO FAMILIAR

Mesa al centro. Andrés, Julia y Julián II se encuentran alrededor de ésta, comen. Los tres tienen su atención puesta en la comida y en el televisor, sólo levantan la cabeza para buscar el salero o algún otro elemento que precisen. Los ruidos forman una musicalidad y sus movimientos coreográficos.

PERIODISTA ( voz en off ): El caso Emanuel sigue inconcluso, aunque fuentes oficiales de la Policía Federal indican que hay una sospechosa.

Julia se levanta abruptamente.

JULIA: Tengo que ir a buscar a Julián a un casting,.

Julia sale. Andrés y Julián II comen.

X - SOMBRAS

Misma escenografía que escena III. Andrés está sentado con la mirada perdida.

JULIA ( habla compulsivamente ): Por suerte lo estamos superando, sabemos que es algo difícil pero de a poco vamos a lograrlo. ¿Sábe qué me dijo el director del casting?, que Julián era un diamante en bruto para la actuación, que realmente el mundo artístico se había perdido de conocer a un excelente actor. Yo siempre lo supe, por eso lo incentivaba tanto para que estudiara actuación. Por otra parte estoy un poco preocupada por nuestro perro, Julio, no sé si antes le había hablado de él, desde que se nos fue Julián ya no quiere comer, está triste todo el día y tengo miedo que se enferme, ¿Ud. qué me dice que haga?

ANDRES: Julia me parece que el perro no es importante ahora...

JULIA: Para vos, que nunca lo quisiste al pobre Julio, pero para mí es como un hijo más. Es adoptivo, igual que los dos Julián, creo que ya le conté la historia de los nombres ¿no?

ANDRES: Sí, ya se lo contaste.

JULIA: Yo pensé que quizá podía buscar un psicólogo de perros, una vez ya lo llevé porque soñaba mucho de noche, y eran siempre pesadillas porque se despertaba sobresaltado. En esa oportunidad nos sirvió mucho la terapia, yo lo acompañaba siempre para que no se sintiera solo, pero ese psicólogo no está más. ¿Ud. no podría atenderlo?

ANDRES: Julia por favor es un perro.

JULIA: También le sugerí a Julián, el segundo, que iniciara terapia porque creo que le puede afectar mucho el suicidio de su hermano y como dicen que es hereditario prefiero evitar toda probabilidad, ¿no le parece?

ANDRES ( a la psicóloga ): Todavía ni se enteró de la muerte de su hermano, le ocultamos todo, el velorio, el entierro, para evitarle el sufrimiento. Y ahora no encontramos la manera de decírselo. ¿No le parece una locura?.

JULIA: Es que no va a ser fácil para él, primero quisiera que empezara terapia antes de decírselo, por ahora le dije que Julián estaba pasando unos días en lo de su tía Delia, le pareció extraño porque hace mucho que no la vemos, pero bueno... El otro día intenté decírselo en la cena y no pude.

ANDRES: Yo ya lo tengo decidido, en cuanto llegue a casa se lo digo, aunque a vos no te guste, tiene derecho, era el hermano ( a la psicóloga ), ¿no le parece?

JULIA: Mirá Andrés, las decisiones las tenemos que tomar entre los dos, así funcionó siempre nuestra pareja, así que por favor, no te tomes atribuciones que nunca tuviste. Las decisiones las tomo yo, que te quede claro.

ANDRES: Pero Julita...

Julia se levanta de la silla.

JULIA: ¡No me llamés Julita! O no sabés que odio los diminutivos. Claro que lo sabés, igual que cuando llamás a Julio “pichicho” ¿Por qué lo llamás pichicho?, si se llama Julio, lo disminuís constantemente y por eso Julio tiene todos esos complejos de inferioridad. ( a la psicóloga ) Mire, cuando lo saco a pasear y aparece algún otro perro del vecindario, Julio comienza a temblar y quiere volver a la casa, dígame ¿por qué? Yo le digo: Julio, es hora de que enfrentes tus miedos, vos valés tanto como cualquier otro perro, o más. Yo trato de incentivarlo, pero después viene este energúmeno y le dice “pichicho”, tratándolo como un estúpido, ¿cómo quiere que se sienta el perro?

ANDRES: Basta de tratarme como un estúpido. Ya me tenés cansado.

JULIA: Vos también me tenés cansada a mi y sin embargo te sigo aguantando, porque lo juré ante Dios.

ANDRES: ¿Y a Dios también no le juraste que ibas a dejar de chorearte todo lo que se te cruzaba?

JULIA: Yo no juro en vano, dejá de decir estupideces (a la psicóloga ) No sé qué le pasa.

ANDRES: Basta Julia

JULIA ( a la psicóloga ): ¡Ah! ¿sabe que me dijo el director del casting? Que Julián antes de morir le pidió que me dijera que siempre me amó, sólo se acordó de mí y ése fue su último deseo. Y también le dijo que si hubiera podido elegir una madre me hubiera elegido a mi una y mil veces. ¿Sábe qué pienso yo? Que a Julián me lo envió Dios para que me diera cuenta de las cosas buenas y malas que tiene la vida, y que ya era hora de llevárselo y lo hizo. (ríe)

ANDRES: Julia, basta, no sigas. (a la psicóloga) Está mirando algunos programas de televisión que le hacen mal.

JULIA ( fuera de sí ): ¡Soltáme! Alejate, no te acerques a mí. Ahora me doy cuenta de todo, yo soy igual a Julián. ( Julia saca un revolver ) Mirá lo que tengo.

ANDRES: Julia, soltá eso, estás desequilibrada. ( A la psicóloga ) ¡Por favor!, ¡haga algo!

JULIA: Dios tiene diferentes formas de manifestarse... Eso me decía el cura cuando yo me quejaba. Ahora entiendo...

ANDRES ( a la psicóloga ): Por favor, intervenga.

Se escucha el discado de un teléfono.

PSICOLOGA ( Voz en off ): Por favor, envíenme dos enfermeros de guardia, tengo que aplicar un sedante urgente. Gracias.

Sonido a corte del teléfono. Julia deja caer el revolver y cae al piso.

 

XI – ANDRES

Andrés en medio de la escena, sentado en una silla con la mirada perdida. Se levanta, se tira al piso boca abajo. Pausa. Se tiende boca arriba. Pausa. Se incorpora y se sienta en el piso. Saca una libreta, busca algo.

ANDRES ( sin teléfono ): ¡Hola!, ¿Ernesta?... Le habla Andrés, el que fue el otro día a su casa por el asunto de Rosario, ¿se acuerda?... La llamaba para ver si había recordado algo... Lo que sea, cualquier detalle me vendría muy bien... Entiendo... sí, yo comprendo y no quisiera molestarla, pero créame que es muy importante para mi...

Andrés se levanta y camina hacia un extremo del escenario. Por el otro extremo ingresa Ernesta. Come una banana.

ERNESTA: ¿Cómo me dijo que se llamaba?

ANDRES: Andrés

ERNESTA: Ahora me acuerdo ¿Sábe con quién lo confundí? Con mi peluquero, Anté se llama, es un divino.

ANDRES: Mire Ud. ¿Entonces? ¿Qué me dice?

ERNESTA: ¿De qué?

ANDRES: De la beba, si se acuerda algo.

ERNESTA: No entiendo por qué está tan empecinado, deje en paz a esa chica. Ud. pretende romper la paz de una familia y yo no voy a contribuir en esto.

ANDRES: Nada más lejos de mí que llevarle más tormentos a Silvina.

ERNESTA: ¡Ay! ¿Qué sabe si se llama Silvina?

ANDRES: Ud. me dijo que le habían dejado ese nombre.

ERNESTA: ¿Yo le dije eso? Se me habrá escapado.

Pausa

ERNESTA: Yo le diría que no pierda el tiempo, deje el pasado atrás y siga con su vida.

ANDRES: No puedo. Ud. sabe lo que es soñar todos las noches lo mismo.

ERNESTA: No, nunca me pasó.

ANDRES: Nunca se lo conté a nadie, bah sólo una vez a mi esposa pero creo que no me escuchó. ¿Le interesa que le cuente?

ERNESTA: Mirá, estoy un poco apurada...

ANDRES: En el sueño yo estoy esperando a mis hijos a que salgan del colegio, como hago habitualmente, ahí parado en la puerta y de repente sale una chica de unos 10 años, morocha, flaquita y con un lunar sobre el labio. Se me acerca y dice: “Hola papá, por fin me viniste a buscar, yo soy tu hija”.

Silencio

¿Y?

ERNESTA: Es un sueño como cualquier otro.

Silencio

ERNESTA: Y dígame, no probó con ir al psicólogo, seguro le resuelve el problema, ahora todo el mundo resuelve sus problemas yendo al psicólogo, ¿por qué no lo intenta?

ANDRES: No me gustan los psicólogos.

ERNESTA: No sea tan cerrado, hay que adaptarse a los nuevos tiempos.

ANDRES: ¿Los nuevos tiempos?

Silencio

ERNESTA: Bueno, tengo que dejarlo. Cualquier cosa que necesite me llama. Chau

Sale Ernesta por derecha. Andrés camina hacia la izquierda, tropieza y cae. Se levanta, mira hacia atrás y sale.

 

XII – JULIA

Suena un timbre.

JULIAN II ( voz en off ): ¡Hola!

POLICIA ( voz en off) : Buenas tardes. Policía Federal. ¿Se encuentra Julia Alvarez de Toledo?

JULIAN II ( voz en off ): No, está en el analista ahora.

POLICIA ( voz en off) : ¿A qué hora regresa?

JULIAN II ( voz en off ): No sé, supongo que en un rato.

POLICIA ( voz en off) : ¿Estás seguro que no está? Mirá que mentirle a la policía puede ser muy grave.

JULIAN II ( voz en off ): Sí, seguro, ¿por qué tendría que mentirle?

POLICIA ( voz en off) : Bueno, nos vamos a quedar acá afuera esperándola.

Luz. Julián II y Silvina están sentados en un sillón, tomando la leche y comiendo galletitas. Miran la televisión, en silencio. Ingresan Andrés y Julia. Julia camina despacio, con dificultad y apoyada en el hombro de Andrés. Andrés la ayuda a acomodarse en un sillón.

ANDRES: ¡Hola!

JULIAN II y SILVINA: ¡Hola!

Silencio.

ANDRES ( a Julián ): ¿No me preguntás por mamá?

JULIAN II: No, pero si querés te pregunto.

ANDRES: No, mejor así. Ella va a estar un tiempito así ¿sabés?

JULIAN II: Así, ¿cómo?

Andrés: En este estado. Es que tubo un problemita.

JULIAN II: ¿Qué tipo de problemita?

ANDRES: ¿Cómo explicarte? Vendría a ser un problema nervioso.

JULIAN II: ¡Ah! Sí, mamá siempre tuvo problemas nerviosos.

ANDRES: Sí, pero ahora un poco más.

JULIAN II: ¿Y se va curar?

ANDRES: Sí, seguramente, no es nada grave.

Silencio. Silvina y Julián II miran a Julia, que tiene la mirada perdida. Los brazos de Julia cuelgan del sillón.

JULIAN II: Ella es una amiga

Julián II la señala a Silvina

Puede quedarse por unos días, ¿no?

ANDRES: Sí, sí, no hay problemas.

Sonido a timbre.

JULIAN II: ¡Ah! Debe ser el policía que estaba buscando a mamá ¿No lo viste en la puerta?

ANDRES: No. ¿Y para qué buscaba a mamá?

JULIAN II: No sé.

Sonido a timbre. Andrés sale.

POLICIA ( voz en off ): Lo vimos entrar a su casa con una mujer en sus brazos que sospechamos debe ser Julia Alvarez de Toledo. Tenemos una orden de arresto, espere un segundito que ya se la muestro. Disculpe que esté un poco engrasada, es que tuvimos un problema mecánico. A propósito ¿No conoce alguno por la zona?

ANDRES: ¿Un mecánico? Si, como no. Dos cuadras para allá a la izquierda hay uno excelente. Realmente se lo recomiendo. Hoy no es fácil encontrar mecánicos de confianza. Vaya tranquilo y duerma sin frazada que no le va a fallar.

POLICIA: Le agradezco muchísimo el dato, nos viene bárbaro

P ausa

Bueno, tendríamos que arrestar a su señora, ¿es su señora?

ANDRES: Y, ¿de qué se la acusa?

POLICIA: De atropellar a un niño y huir.

ANDRES: ¡Ah! Espere un segundito, ya se la traigo. No se encuentra en muy buenas condiciones porque está bajo tratamiento psicológico.

POLICIA: De todas formas tengo que arrestarla.

Andrés entra, toma a Julia por los brazos y sale junto a ella. Ingresa Andrés, toma una silla y se sienta al lado de Julián II.

ANDRES: Hijo, tenés que saber que acaban de llevar presa a tu mamá, acusándola de algo que seguramente hizo.

JULIAN II: Sí papá, ya me di cuenta que la llevaron presa.

ANDRES: Esta vez no fue un robo insignificante como en tantas otras oportunidades, sino algo más grave que algún día te voy a contar.

JULIAN II: Sí, ya sé, atropelló a un chico, pasando el semáforo en rojo y escapó. Lo vi en el noticiero.

ANDRES: ¿En serio? ¿Salió en la tele? ¿Por qué no me dijiste?

JULIAN II: Si vos estabas mirando la tele conmigo.

ANDRES: ¿Si?

Julián II mira la televisión.

XIII – CUESTIONARIO

Julia se encuentra en el centro de la escena, sentada en el piso.

POLICIA ( Voz en off ): Le vamos a tomar los datos, según la norma de procedimiento correspondiente, a saber: Edad.

JULIA: Quince años.

POLICIA ( Voz en off ): Estado Civil.

JULIA: Soltera.

POLICIA ( Voz en off ): Hijos.

JULIA: No tengo.

POLICIA ( Voz en off ): Color preferido.

JULIA: Rosa.

POLICIA ( Voz en off ): Nacionalidad.

JULIA: Francesa.

POLICIA ( Voz en off ): Animales domésticos.

JULIA: No tengo, los odio.

POLICIA ( Voz en off ): Domicilio actual

JULIA: No tengo.

POLICIA ( Voz en off ): Afinidad política.

JULIA: Desconozco.

POLICIA ( Voz en off ): Libro preferido.

JULIA: Juan Salvador Gaviota.

POLICIA ( Voz en off ): Bueno, ya es suficiente. Gracias, puede descansar.

Julia reposa su cuerpo en el piso.

XIV – LA BUSQUEDA DE ANDRES

Andrés se encuentra en un extremo del escenario con un bolso en la mano y en el otro están Julián II y Silvina, sentados en un banco.

ANDRES: Hijo, tenemos que hablar.

JULIAN II: ¿Qué hacés pa?

Andrés se acerca hasta donde está Julián II.

ANDRES: Necesito hablar un minuto con vos.

Pausa.

Tenés que saber que tomé una decisión muy importante para mí. Pienso irme por un tiempo, viajar a Rosario a buscar a una persona.

Pausa

Voy a buscar a una persona que abandoné hace muchos años.

JULIAN II: ¡Ah!

ANDRES: Pero vos no te hagás problemas, porque en cuanto resuelva esto, vuelvo. Tenés que entender que es muy importante para mi, siento que si no lo resuelvo no voy a poder seguir con mi vida ¿entendés? Vos vas a estar bien, ya sos un chico grande.

JULIAN II: Y, ¿quién es esa persona?

ANDRES: Se llama Silvina.

JULIAN II: Como ella

Julián señala a Silvina

ANDRES: Fue la primer beba que adoptamos.

JULIAN II: Es mi hermana entonces.

ANDRES: No, en realidad no la llegamos a adoptar, porque la abandonamos.

JULIAN II: Como hizo mamá con Emanuel.

ANDRES: Y no sé cómo estará, si tiene padres, si se preocupan por ella. ¿Entendés? Me siento responsable. Entonces, decidí ir a Rosario que es donde nació, buscar a todas las Silvinas de Rosario y ver cuál es ella. Yo creo que apenas la vea la voy a reconocer, tengo su mirada clavada en mi mente, sólo tengo que mirarla a los ojos para saberlo.

Pausa

Hijo, quiero que sepas lo importante que es para mí poder darle a conocer a Silvina un poco de su identidad, una persona que no conoce su origen no puede construir un futuro.

JULIAN II: Y mis papás verdaderos, ¿quiénes son?

ANDRES: No sé, no sé. Bueno, se me hace tarde, espero que hayas podido entenderme.

JULIAN II: ¿Y el trabajo?

ANDRES: Renuncié hace una semana, ¿no te dije?

JULIAN II: No ¿Y mamá?

ANDRES: ¿Qué pasa con mamá?

JULIAN II: ¿Qué hago con ella?

ANDRES: ¡Ah! Tenés razón. Llamé a un abogado para que se ocupe.

Pausa

Realmente me preocupa.

JULIAN II: ¿Sí?

ANDRES: Sí, claro, es mi esposa.

JULIAN II: Claro.

ANDRES: Bueno, no quiero perder más tiempo.

JULIAN II: ¿Me dejás plata para el super?

ANDRES: Sí, sí, en mi cajón dejo todo, no es mucha la plata pero hasta que yo vuelva te va a alcanzar. De todas formas te voy a llamar seguido.

JULIAN II: Bueno.

ANDRES: Bueno Julián, ya me voy.

Andrés l e da un beso a Julián e ignora a Silvina

Tené cuidado y recordá siempre lo que te quieren tus padres.

JULIAN II: Bueno, chau papá.

Andrés sale. Silencio.

JULIAN II ( a Silvina ): Me gustaría conocer Rosario, debe ser lindo.

SILVINA: Yo nací en Rosario, porque mi mamá trabajaba de enfermera ahí

Silencio

JULIAN II: Vamos a tener que pensar qué hacer, porque tengo la impresión de que mi papá tampoco va a volver.

 

XV- ¿QUIÉN?

Andrés está parado en medio de la escena, con el bolso a su lado.

ANDRES: Es lindo Rosario. Una vez estuve acá, pero estaba oscuro y yo era tan joven. Todavía no sé a qué vine, creo que era algo importante, pero no recuerdo muy bien qué. No tengo que alarmarme, ya me voy a acordar. Mi nombre es Andrés. Sí, me llamo igual que tantos otros. Probablemente me confundan con otro que se llama igual que yo, pero no, no es el mismo.

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