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Estudio de Brecht en la calle
Chausseestrasse de Berlín donde el poeta viviría hasta su muerte.

 

Brecht con el músico
Dimitri Chostakovitck
en el Consejo Mundial de la Paz

Bertolt Brecht
(Alemania, 1898-1956)

En la ciudad de Augsburgo, Alemania (región de Baviera), el 10 de febrero de 1898 nació Eugen Bertolt Friedrich Brecht, uno de los dramaturgos más destacados del siglo XX. Ensayista, poeta, pensador y filósofo que transformó el pensamiento contemporáneo teatral.
Proveniente de una familia burguesa, con un padre católico gerente de una fábrica de papel y una madre protestante hija de un funcionario, el joven Bertolt vivió fuera de la disciplina familiar atraído por la música y lo extravagante, orientando su pensamiento hacia el mejoramiento social de la época. Escribió cuentos y poemas desde muy joven, publicando trabajos sobre prostitutas y vagabundos en 1914. A los veinte años escribe su primera obra teatral con un personaje poeta y asesino bisexual, “Baal” se estrenó con gran éxito en 1923. A esa época pertenece “Tambores en la Noche”, originalmente titulada “Espartaco” y “La vida de Eduardo II de Inglaterra”, trabajos que ya marcan diferencia con las corrientes contemporáneas de vanguardia: el simbolismo y el expresionismo.
Asistió a las universidades de Munich y Berlín, iniciando su carrera de medicina, la que abandonó en 1921, después de hacer el servicio militar.
En el Berlin Deutsches Theater con dirección de Max Reinhardt aparecen sus primeras obras hasta que en 1928 nace su drama musical, sátira al capitalismo, "La Opera de Dos Centavos" con música del compositor alemán Kutt Weill, basada en The Beggar´s Opera del ingles John Gay. La obra fue el éxito mayor de Brecht y se estrenó en 1928 en Berlín. Desde hacía algunos años se había conectado con el marxismo y hasta la llegada de Hitler al poder se dedicó a realizar sus dramas didácticos musicales. "Ascensión y Caída de la Ciudad de Mahagonny" (1929), desde donde criticó al capitalismo reinante.
En 1933 un largo tiempo de exilio comienza después de la representación de la obra “La toma de Medidas” interrumpida por la fuerza pública, con acusaciones de alta traición. En la época de Hitler, es prohibido, se queman sus libros y se le retira su ciudadanía alemana, Brecht debió salir de Berlín y pasar cinco años en Dinamarca. Ya en Estocolmo escribe “La vida de Galileo” (estrenada en Zurich en 1943) , relato de su propia situación, pasa luego a Suiza y a Estados Unidos, donde intenta conectarse con la ndustria de Hollywood sin éxito con las mayores productoras, hasta que en 1947 debe regresar a Suiza, acusado de actividades antiestadounidenses. “Madre Coraje y sus hijos”,”El hombre bueno de Sezuan”, “El círculo de tiza caucasiano”, “El Sr. Puntilla y su servidor Matti” y otras, fueron obras escritas en un exilio que duro 15 años. En el año 1948 se radica finalmente en Berlín oriental, produciendo allí su “Pequeño Organum para el teatro” que junto con sus ensayos anteriores “Popularidad y realismo”, y “Observación del arte de la observación”, sostuvieron toda su obra desde lo teórico. Aquí es donde logra fundar su propia compañía teatral: el BERLINER ENSAMBLE, acompañado por un grupo de actores de alta calidad artística. Tanto sus libros teóricos, como sus trabajos teatrales, apuntaron a la realización de un arte democratizado, destinado a todos, sin discriminación de condición alguna, buscando la ampliación del círculo de “entendidos”, en oposición al pensamiento burgues. Brecht ligó su creación a la política, amalgamando estética y pensamiento y oponiéndose al mero entretenimiento, buscando representar todo aquello que la vida real tiene para poderla observar. Desde el teatro pensó mejorar al mundo. Con su Teatro Épico propone que el actor debe deshacer el texto, verlo desde una perspectiva, aislar los sentimientos, lograr el efecto de distanciamiento del propio yo, armarse contra el sentimentalismo. Sus actores fueron sus alumnos, a quienes les permitió crear desde su propia ingenuidad, para luego él, como director, deconstruir lo hecho para volverlo a crear. Nada pudo en el tiempo ensombrecer su figura como artista y pensador, sus apuntes sobre el teatro, las anotaciones de sus obras, las indicaciones para los actores y los esbozos de formas teatrales, forman una especie de columna de vertebral que sostiene hasta hoy al teatro moderno.

 

Fragmento de
“El compromiso en el arte y la literatura”

de Bertolt Brecht

En la literatura y en el teatro, es la crítica (y los editores de periódicos ilus-trados) lo que proporciona la gloria. El rol social de la actual crítica burguesa es el de publicitar las distracciones y los pla-ceres. Los teatros venden distracciones nocturnas y la crítica les envía público. A pesar de lo que se podría creer en un primer momento, en este uso la crítica no representa de ninguna manera al público, sino al teatro. (Y esta "creencia" men-cionada recién rinde grandes beneficios.) Pesca público para los teatros. En otra parte ya hemos estudiado por qué la crí-tica representa aquí los intereses de los teatros y no los del público. En resumen, la respuesta es la siguiente: porque los teatros son instituciones económicas que poseen una organización, un control, y en consecuencia, tienen ventajas sociales y la posibilidad de ejercer una influencia. Sin embargo la crítica es, por supuesto, bastante dependiente de su público: no se puede permitir el lujo de aconsejar continuamente representaciones que no gusten, porque de ese modo pierde con-tacto con su público y a partir de ahí, la crítica deja de tener valor para los tea-tros. Vemos que nos encontramos frente a una importante y compleja estructura económica, y allí, en el interior de esa estructura económica, es producida
la gloria.

Publicado en la revista argentina Crisis
Número 22 - Febrero de 1975
selección y traducción por Ricardo Piglia